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Opinión

Todo silencio es político

Dice el columnista: "El país vive un momento de silencio. Sobran las palabras y los discursos porque de lo que se habla es de consenso que divide".
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Ha llegado ya el momento de plantearnos hacia dónde ir. Individual y colectivamente, complementándonos en esa contingencia que genera el abismo, el vacío de las palabras, la cotidianeidad llena de silencios.

Todo silencio es político, y de esos silencios, -para algunos desesperantes- haremos que el hiato existencial genere el salto. Salir por arriba del laberinto es un legado marechaliano.

El país vive un momento de silencio. A ver si se entiende. Sobran las palabras y los discursos porque de lo que se habla por entonces no es más que de consenso que divide. Todo consenso divide, todo intento de unidad general de los contrarios inevitablemente, dialécticamente, nos debe llevar al choque que produzca el salto cualitativo.

Porque no hay mayor posibilidad de superación de las contradicciones a las que está expuesto el modelo económico que decidirse. O firmamos la paz con los que dominan en serio el país o los combatimos en serio para firmar la paz luego de la victoria.

El socialismo ya no es esa imagen opaca del incendio del Palacio de las Tullerías. Tampoco las películas de los países del Este ni de la ex URSS. Ya decantó el desencanto y es hora de tomar luna en los charcos por las noches junto a la jauría maldita.

No hay otra salida que no sea socialista luego de este periodo de reparación que produjo el proceso kirchnerista desde el 2003. Es hora de discutir señores y señoras, muchachos y muchachas. No debemos permitir que todo quede en remeras y banderas. Se defiende una utopía cuando vivamos la utopía en el cuerpo.

El socialismo es un camino, un tránsito por este mundo, una forma de andar, una construcción cotidiana; despertar socialmente hablando con otros. No tiene fecha de concreción ni de vencimiento. Anda, flota, pivotea por entre las gentes de los pueblos.

Y son las palabras las que traban muchas veces una construcción. El monopolio de la palabra hace circular una versión de la vida que contamina. Y la abundancia de palabras conforma, genera la inacción. La palabra consenso es el arma ideológica de los que quieren que la eliminación del otro. Si sobre la superficie del agua posa la primera hoja que anticipa el otoño es señal que debemos bucear para romper la insoportable quietud del lago.



Marcelo Padilla.