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Opinión

Apunte sobre el aburrimiento

El aburrimiento tiene su menú a la carta a través del consumo de bienes (culturales, simbólicos, económicos) y muchos hacen del él una virtud.

Sobre el aburrimiento sé que han escrito algunos textos, ensayos y mucho más artículos. Es un tema. Un tema que inevitablemente está cohabitado por otros tópicos como hacinados en pieza chica: el uso del tiempo libre (constitutivo, del cual se desprende el aburrimiento) el tedio, el hastío y la abulia (ésta podría ser una consecuencia de aquél, sin dudas) la insatisfacción en las sociedades, para generalizar.

En fin, El malestar de la cultura en Freud. O La insoportable levedad del ser en Milan Kundera. El ocio es uno más que cohabita, reitero, con las formas del aburrimiento. Pero más allá de las conceptualizaciones hay una dimensión de la existencia, experiencial, vívida del aburrimiento que nos atraviesa a todos. Los que reconocen y hacen consciente su aburrimiento y a los que lo niegan llenando el balde con 178 actividades por día.

Para ello, pienso, el consumo ha sido placebo disponible en el mercado espiritual. El aburrimiento tiene su menú a la carta a través del consumo de bienes (culturales, simbólicos, económicos) y muchos hacen del aburrimiento una virtud y se tiran a muerto sin más culpa –a decir de Roberto Artl-.

Lo insoportable no es sinónimo de aburrimiento toda vez que la experiencia sintomática del mismo no sea negativa per se y lleve al tedio o al hastío. Aburridos. El que tiene menos tiempo libre de sus obligaciones laborales a veces aprovecha como oportunidad el aburrimiento para hacer cosas que tienen que ver con inversiones para el alma. Las relaciones sociales –no las relacionadas con las clases sociales necesariamente- son un paliativo transitorio para perder el tiempo. La conciencia del tiempo finito de los mortales nos hace ansiosos por naturaleza socio-cultural. “Hay que hacer algo” es uno de los lemas.

Y no todo es patología psiquiátrica en el aburrido en tanto rechacemos esa visión que psicologiza la vida cotidiana y lleva al consumo de ansiolíticos para hacer del aburrimiento y el tedio -su consecuencia- un estado mejor para transcurrir. El aburrimiento es un desprendimiento de la vida urbana sin más. En el campo hay cosas que hacer ligadas a la supervivencia (hablo de los puesteros por ejemplo) y el ocio generalmente es condenado por su descarnada im-productividad. Ser productivo es el mensaje.

En cualquier charla cae mejor decir “no paré en todo el día y me merezco estas seis cervezas antes de acostarme”. La existencia humana de por sí viene de una ausencia, una falta que nos lleva a activar el chip del deseo desde edades tempranas. El deseo es dispositivo de acción y de socialidad, por ende de transformación.

Ahora bien, el aburrimiento es una manera del estar siendo sin deseo. Y eso se lo juzga patológico por una moral psiquiatrizada que domina la ideología en el capitalismo. El aburrimiento, arriesgo a plantear, es la sensación más anticapitalista toda vez que se viva en serio. Con ganas de aburrirse y sin sentir culpa. El que no baila no es aburrido. El aburrimiento también puede ser un estar poético.