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Opinión

En debate: A tiempo de evitar la decadencia

En muchas cosas Mendoza parece haber perdido la cabeza. Hace falta un manotazo sobre la mesa.
Foto: Alf Ponce / MDZ
Foto: Alf Ponce / MDZ

 Un amigo me llama desde Buenos Aires y me pregunta: “Che, ¿qué les está pasando a los mendocinos?”. Le pregunto por qué y me responde que las únicas noticias que escucha últimamente sobre nosotros son polémicas: que no queremos minería; que los repetidores pueden ser abanderados (ahí fui piadoso con nosotros mismos y no le aclaré que se había vuelto atrás y que ningún funcionario había sido sancionado); que no dejamos que corrieran una maratón en la montaña; que a los presos quieren subirle los sueldos y que los policías tienen que pagar para capacitarse.

Para colmo, Infobae publica un título que golpea: “Mendoza del revés: fiscales piden soltar presos y la autoridad carcelaria subirles sueldos”.

Es un poco abrumador que, de pronto, empecemos a proyectar esa imagen, después de unos lustros en que nos caracterizamos por las buenas noticias. En estos últimos años nuestra imagen como provincia creció notablemente gracias al vino, a la gastronomía, al turismo, a una percepción de provincia seria y ordenada armonizada con empresarios pujantes en sus actividades.

Pero de pronto, la sensación es que los buenos momentos se están agotando –o están llegando a su límite- y el desorden y la incertidumbre se nos acercan peligrosamente.

Este año, por ejemplo, la provincia estuvo varios meses sin presupuesto por una pelea entre los dos partidos principales. Los números de la provincia, además, no cierran para pagar sueldos y aguinaldos en diciembre. Los bonos que emite el gobierno no alcanzan para lo que pretende y el gasto público crece y crece como si eso fuera la solución de todos los problemas (ya es de casi 4.500 millones de dólares).

Para colmo, desde el propio gobierno emana una percepción de que hay varios cabos sueltos que no se controlan desde lo más alto y de que algunas dependencias actúan primero y consultan después, con lo cual las frenadas y las contradicciones se tornan inevitables.

Parece que es un buen momento para que el gobernador pegue unos manotazos sobre la mesa y ordene a la tropa. Y para que, ya que estamos por entrar a un año electoral, los pretendientes a gobernador de todos los partidos definan una visión, unos programas y unos equipos de ejecutores que sirvan para sacudirnos esta fea sensación de que lo mejor quizás esté pasando. La decadencia empieza de manera suave y, por suerte, estamos bien a tiempo de darnos cuenta de que podemos evitarla con un poco de ideas y otro poco de coraje.