Opinión
A Mendoza le hace falta una rebelión urgente
Los estudiantes repetidores de las escuelas no pueden ser abanderados. Podrán serlo solo quienes demuestren la pulcritud de una carrera sin fracasos, condenados al éxito, jóvenes y niños sin angustias, bien peinados y planchados, con una estructura familiar contenedora, afirmados, con los pies en la tierra y nunca en el barro.
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El modelo, el tipo ideal, el perfil de alumno estrella jamás estrellado. Pibes 10 que demuestren todas la habilidades aprehendidas en el sistema escolar. Alumnos para exponer y pavonear en una Mendoza de excelencia que no permite la respiración boca a boca. Los otros, repetidores, vagos, sin padres o con padres, con problemas o sin problemas, repetidores, no. Ellos no pueden acceder al cetro.
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Gordos, feos, sucios y malos. Si repitieron, castigo, condena, estigmatización propia de una sociedad y un sistema escolar que ejercen el “racismo de la inteligencia”. No importa que un niño o un joven hayan tenido un traspié por múltiples motivos, que hayan cargado con la angustia de volver a re-encauzarse. Con otros compañeros, con las mismas maestras y profesores, recorriendo el mismo camino. No sirve de nada si esos pibes y pibas logran superar (luego de aceptar) ese “fracaso escolar” de la repitencia. No. Están condenados.
Ahí están en los recreos revoloteando entre iguales pero no tanto. “Vos NO podes recibir la bandera por más que tu promedio sea de 11, sos repetidor”. Bullying institucional. Meritocracia de pabellón monástico. Ellos no van al cielo. La bandera no se mancha.
Muchos de esos jóvenes mendocinos, tampoco podrán deambular por la ciudad haciendo piruetas. Ni tampoco tocar música en las veredas, ni limpiar vidrios, ni vender comida o fruta. Son repetidores. Repetidores de la vida. Pero son los más fuertes. Los que ante la adversidad, como los peces koi japoneses, resisten a las altas y bajas temperaturas. Sobrevivientes del sistema expulsivo disfrazado de inclusivo.
Los repetidores no son suizos, no tienen Ciudadanía Suiza. Son solo repetidores por naturaleza. Y encima no aceptan los códigos de convivencia. Rebeldes sin premios. De allí saldrán los artistas, o deberían salir de tanta repitencia, de tanto joder, de tanto deambular para aplacar el dolor y el ansia de estar vivos y ser jóvenes paranormales.
Y el esfuerzo...es vivir, sostener la vida.
A Mendoza le hace falta una rebelión urgente.