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Opinión

Para discutir al peronismo hay que explicar el kirchnerismo

Para el columnista de MDZ Marcelo Padilla hay dos palabras que van juntas: "Peronismo" y "Kirchnerismo". ¿Coincidís con él?

Permítanme escandir dos palabras que considero van juntas, una tras otra, como hormigas en su faena, al menos hasta ahora, desde hace más de una década. Dos palabras, en toda su dimensión significativa, ancladas -a la vez que errabundas en sus tiempos históricos-, que se unieron en un desvío político, de esos que el ajedrez de la historia sabe (sin dar aviso) hilvanar en un par de jugadas exactas, sorprendentes, como un jab y un golpe directo de nocaut al mentón de la estructura.

Dos palabras que representan momentos de recuperación de una parte de la sociedad, en sus inicios respiradores artificiales de la industria nacional que, por la contingencia histórica, como las hebras de los ríos, terminaron uniéndose, complementándose necesarias. “Peronismo”, “Kirchnerismo”. Dos palabras espesas.

Juntas, ademán de haiku inconcluso. O haiku abierto esperando la tercera palabra para que el poema cobre su sentido clásico y raigal.

No pretendo distraer al lector sobre la tercera. Solo diré que la tercera palabra del haiku abierto, la que no se nombra, la que genera torbellinos, la que aturde y termina dividiendo, instalando fronteras, es, ni más ni menos que Socialismo. Esa tríada: “peronismo/kirchnerismo/socialismo”, no se nombra. Y por eso me detengo ahí, nombrándola para no rodear más esta literatura política de fin de año.

Volvamos a las dos palabras, al inicio de este permiso.

Peronismo/kirchnerismo: dos inevitables símbolos. El segundo nació de la necesidad del primero, de los olvidos y cansancios del primero, de un intersticio histórico impredecible, de una fisura que generó la opacidad del primero en su etapa neoliberal y ruinosa. El primero se embarazó del segundo a mediados de los 90 para incubarlo y parirlo hacia 2003. El segundo no tiene explicación sin el primero. Jamás al revés. Por eso, dos palabras que definen. Siempre abiertas, aunque para muchos sean convocatorias cerradas, abarrotadas de requisitos.

Pertenecer a una es pertenecer a la otra. Poseen la misma sangre. Algunos se sienten más confortables bajo el paraguas de una. Otros prefierenfundirlas en un ethos epocal. Conviven. El peronismo es para el kirchnerismo su inconsciente enemigo íntimo. Su lado A, su máscara, su “otro yo”. El padre, el amo. El kirchnerismo serpentea, se desmarca sin salir del ruedo, coquetea, pavonea su adolescencia, tiene deseo errático, va en busca de la tercera palabra sin saberlo. El peronismo lo cobija, tienehábito, le da soga pero no lo suelta, lo necesita aunque con temor, porque sabe: el kirchnerismo es una posibilidad de transmutación. No lo libera del todo para que no descubra, por fin, la tercera. Porque el peronismo le tiene temor a la tercera palabra.

Peronismo/Kirchnerismo son dos palabras con independencia relativa, se mueven en territorios pactados, vías construidas para no chocar de frente. El kirchnerismo sabe utilizar la construcción mítica del peronismo “para sí”, algo que no tiene, porque adolece. Las causas del kirchnerismo son los tropiezos del peronismo. Esto implica. Incluye al primero en un performático movimiento interno, disléxico por momentos.

De ello deriva que el kirchnerismo es peronismo en estado pequeño-burgués. Una mónadaen movilidad social ascendente en términos ideológicos. Un equilibrio en el deseo de mejoramiento en conciencia. El kirchnerismo es el hijo doctor del obrero padre. Tal contradicción se sostiene en la hipérbole del movimiento histórico, en su fastuosa mística austera y pagana que vincula por sangre la descendencia purificada.

2015. Año territorio. Año espacio de guerra de guerrillas al interior desplazada suavemente al exterior de las ciudades y los pueblos. Parece que no, solo parece, pero siempre hay lucha de clases al interior de familia.