Opinión
Marcelo Padilla abre el debate: "¿Qué democracia?"
La democracia es un universo imaginario donde se libran luchas simbólicas entre distintos sectores sociales, grupos políticos, movimientos culturales; conjunto de actores que pugnan por ampliar o restringir, conservar o transformar el status quo existente. Pero además tiene un carácter material que se asienta en las disputas concretas económicas entre aquellos sectores o grupos por redistribuir la riqueza nacional o ajustarla a la medida de los intereses de una franja privilegiada.
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En definitiva la democracia es un terreno permanente de lucha simbólica y social, cultural y material donde se libran batallas. Como sistema de gobierno liberal bajo condiciones capitalistas periféricas (el caso de nuestro país) la democracia no siempre ha sido la que hoy conocemos. “Votar” es uno de los aspectos de la democracia. “Elegir” a un candidato o a varios en elecciones generales es una coyuntura (de suma importancia) pero no la esencia del sistema político.
Siempre se la ha asociado al voto, a la elección, a un día en particular en el cual los ciudadanos acuden a las urnas a decidir “el destino del país”. Y esto no es tan cierto, solo en parte podría serlo si tomamos en cuenta su dimensión cotidiana y su desarrollo en el tiempo. La decisión en todo caso, por parte de los ciudadanos, implica la cotidiana apuesta por la pugna. El pleito, la petición, el deseo libertario de conquista de nuevos espacios (económicos, políticos, sociales, culturales.) La pugna y la puja.
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Hoy se celebra el día en que asume el primer presidente (Raúl Alfonsín) luego de la dictadura militar, el 10 de diciembre de 1983. Y se celebra este día porque desde aquel ha sido la ciudadanía la que ha sostenido el sistema de representación política, ininterrumpidamente. Las crisis sociales y económicas, la devastación productiva, el desencanto y la recuperación de derechos, la formación de movimientos sociales y políticos, la reaparición de la juventud a la escena participativa de la política, la discusión y el debate, la pluralidad de voces, los corrimientos ideológicos, la emergencia de nuevos discursos, de nuevas voces, de nuevas demandas, de nuevos colectivos; hacen de la democracia un sistema flexible para cultivar la diversidad de maneras de entender el mundo. De decirlo, de contarlo. De revisarlo y de darlo vuelta.
La democracia en definitiva no es una, paradigmática e ideal, excluyente y de manual. La democracia es todas las formas de mirarla y usarla. Mientras haya posibilidad de disputa, que siga el baile.
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