Francisco Pérez, frente a una horrible verdad
Cuando un político aspira a ocupar un alto cargo en la administración pública como, por el ejemplo, el de gobernador, sabe que afrontará –en caso de acceder- momentos de soledad. En esos instantes íntimos deberá tomar decisiones cruciales en medio de una surgente de adrenalina que genera sensaciones encontradas, pero que termina siendo el combustible de una gestión.
Pero si hay algo que todo gobernante desea eludir desde el Día Uno (porque resulta autodestructivo, persecutorio, deprimente o desbordante), eso es el vacío de poder.
Bajo esas circunstancias, la falta de acompañamiento desde "afuera" no carcome tanto la capacidad de decidir e incidir como sí la indiferencia interna, que puede volverse un carcinoma en metástasis.
El gobernador de Mendoza, Francisco Pérez, eligió siempre tenerle respeto, sino temor, a la recta final del mandato.
El mandatario intentó espantar a ese fantasma callando sobre el asunto, lo que implicó, por ejemplo, no avanzar con el cronograma electoral de la sucesión, algo que ya no es una reacción admisible en el carácter individual de la "persona gobernador" sino un problema institucional originado en la "persona gobernate".
Esa verdad horrible de "no mandar" o de que se hagan cosas a las espaldas, e inclusive, de dar órdenes que no se cumplen o que otro puede revocar desde las sombras, es la peor noticia que le puede tocar a un gobernante que, además, tiene que lidiar con la imposibilidad de aspirar a un nuevo período de gobierno, porque la Constitución lo prohíbe, un condicionamiento que quiso y no pudo cambiar.
Algo así pasa ahora. Un caso que resulta una “muestra gratis” fue el de la resolución tomada por la Dirección General de Escuelas para permitirle a los alumnos con problemas de conducta que accedieran a portar la Bandera. Probablemente hubo argumentos que nadie supo explicar bien y entonces se alardeó con una prepotencia propia de los inicios de gestión, sin tener en cuenta que los días que siguen están contados.
Pérez sufrió el divertimento de la prensa de todo el país en torno a su medida. Fue interpretada como una "chantada" que afecta a la educación de nuestros hijos. Peor –por cercana, latente- fue la reacción en las escuelas mendocinas, en donde padres y maestros, aunque también muchos de sus alumnos, encontraron un nuevo argumento para la pelea en un contexto de conflicto en el que muchas veces se recurre a la violencia.
Pérez el jueves desautorizó a la directora general de Escuela, María Inés Abrille de Vollmer. La funcionaria educativa dijo entonces a MDZ Radio: "La vamos a escribir de nuevo, en forma más clara, porque parece que no se entendió". A primera mano se creyó que le estaba respondiendo al propio gobernador, de mala manera. Luego, desde las usinas del mandatario, se bajó el nivel a esa interpretación.
Algo era cierto: el gobernador no sabía qué habían decidido sobre un tema, el debate le explotó en la cara y eso lo llevó a tomar una determinación en caliente.
Se salió a proteger, a pesar de todo, a quien fuera la viceministra de Educación de la Nación en la Era Kirchner, “repatriada” a Mendoza por Pérez y "decana" del Gabinete. De inmediato, al pegársele al chancho, saltó el dueño. Se apuntó desde la mismísima aorta del Gobierno al subsecretario de Educación, alguien escasamente conocido en ese cargo porque accedió no hace mucho, escalando desde la estructura de esa cartera: Walter Berenguel.
Pero a pesar del ruido de fondo, queda claro que la resolución de la polémica tenía la firma de Vollmer: no se hizo a espaldas de nadie, salvo que la funcionaria se lo haya escondido al propio gobernador Pérez, con lo cual debería en este momento estar ingresando a esta hora–si es que Pérez conserva poder- al Primer Piso de la Casa de Gobierno con cajitas para juntar sus cosas y los portarretratos del escritorio.
Como la funcionaria es “inamovible”, se espera que salte un fusible, ese que generó el cortocircuito en el seno del Gobierno, cuyo chisporroteo dejó quemados a varios y su hiriente luminosidad se vio en todo el país. Si nadie cae, aquella verdad horrible de la que hablábamos antes será una sombra del fin de ciclo que avanza y se agranda.
El gobernador Pérez viene insistiendo con que lo dejan “solo”, diez días después de que fuera consagrado presidente del Partido Justicialista en un acto con unas 8 mil personas vivándolo.
Ayer se mostró sólido, fuerte. Apareció avanzando sobre una decisión cuestionada y su planteo hizo creer que estábamos frente a un momento de triunfo de la gestión por sobre la militancia temática de algún funcionario.
O no fue verdad. O resulta ser que pasa algo tan grave como que otros le estén manejando su gobierno.
