La Feria del Libro y el oficio de escribir
La Feria del Libro sirve (debería). Es un espacio propicio para el encuentro de lectores y escritores (locales y regionales). Se realiza una vez al año en una agradable época del año (si el tiempo acompaña)Constituye una política cultural estatal que se sostiene en el tiempo, tras los años –esto implica destinar un presupuesto importante en el gasto público, programarla y pensarla junto a los escritores y editores (mendocinos) para nutrirla y mejorarla año a año-.
Representa una inversión para la educación y la cultura de una sociedad. Es además una oportunidad para difundir la lectura (el objeto/libro) en una era tecnológica karmática que de a poco se come al libro y al papel. Es una celebración por el papel y la imprenta (y por los estoicos editores locales) Por la espesura de la palabra. Por las tradiciones y las novedades, por lo viejo y lo nuevo. Incluyo: los usos sociales del espacio público gratuito donde se monta la Feria.
Si uno se aleja de lo coyuntural, puede pensar a la Feria del libro como el último refugio de la fantasía, la ficción, la imaginación, la búsqueda de nuevos sentidos. El sitio donde se encuentran los mejores argumentos para sostener las posiciones en este mundo. Un espacio para el viaje. Un viaje que empieza antes de ir a la Feria y que no concluye en la Feria. Que se extiende tras ella.
La Feria como puerto de paso. Donde los que bajan de los barcos beben libros y se enamoran o se desenamoran. Descargan su ira, dan vuelta el orden silencioso de un pueblo por unos días. Un sitio simbólico para perder horas, días. Y seguir la marcha, levantar anclas y partir hacia nuevos puertos.
La Feria del Libro como punto de contacto, de acuerdo, de desencuentro, para perderse, para citarse, para discutir y discutirnos. Una microsociedad. Con sus reglas. Activa. Un espejo que nos devuelve la imagen para vivenciar un estado de cosas. Un espacio para incluir. Donde se muestre la diversidad de estilos, de puntos de vista. Un espacio de lucha y confrontación, sin miedo a la crítica (constructiva y destructiva)De choque.
Pero como todo lo dicho no representa a la actual Feria del libro es mejor estar en los márgenes, en la periferia. Comer abundante en el Larry y salir caminando por la Mitre bordeando la cancha del boli. Es una decisión política no participar y perseguir la sombra en las murallas de la cancha del boli, (excluirse y ser excluido). Hay que asumirlo como tal. Seguir escribiendo en cuadernos horas y horas en un café o en bares hediondos. Total, escribir es boxear con uno mismo. Seguir en el anonimato y bucear allí, con la máxima capacidad de retención de oxígeno. Asumir el oficio de escribir como un “espacio vital”. Y que en la Feria ganen los que ya habían ganado de antemano. Eso ya no importa. No siempre ganar es “ganar”. Que disfruten los que puedan. No es la muerte ni el nacimiento de nada. Pero bien podría serlo. O no. No sé. Igual, la Feria del libro sirve (debería).
