Opinión
San Juan, la provincia impura
En una provincia como Mendoza, con su diversidad política y una sociedad exigente y quejosa -casi insatisfecha- se tiende a mirar a San Juan como el patio sucio que no se usa pero se lo critica como si aquí hubiéramos forjado un vergel benefactor. La sociedad local es, en relación a la de San Juan, un proyecto imaginario permanente. Gobernada por gansos de sangre, representada por radicales, que de vez en cuando se equivoca y vota al peronismo toda vez que éste presente candidatos a la medida de su ADN cultural: gansos de sangre.
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El tema diferencial, entre otros, es la Minería, que en nuestra vecina provincia junto a otras políticas públicas encaradas por Gioja, desde que está a cargo del gobierno, ha permitido una serie de beneficios indirectos. Sumemos: una relación estrecha con la Nación que permite la transferencia de fondos para obras públicas inéditas y políticas sociales sostenidas. Sumemos también la hegemonía lograda por el peronismo sanjuanino en la última década, gracias en parte a la posibilidad constitucional de reelegir al gobernador.
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Construir hegemonía es clave para avanzar en un proyecto político. La calidad institucional tiene que ver en todo caso con las políticas de estado en la cual se comprometen los tres poderes y no el recambio esnobista que supone el equilibrio de la balanza; 250 gramos de quesos y 250 gramos de salames.
Toda hegemonía es un proceso donde las clases populares participan de su construcción. Nunca es unidireccional. Y participan activamente toda vez que les conviene más allá de las resistencias y contradicciones que caracterizan a todo proceso hegemónico.
Es cierto que el porcentaje de las regalías de la Barrick y de otras voraces empresas extractivas y contaminantes son escasas en el toma y daca. Pero lo que no se puede negar, al menos desde una perspectiva analítica que pondere costos y beneficios para el pueblo, es el desarrollo con crecimiento que ha mejorado las condiciones de vida del sanjuanino de a pie.
Se sabe, Gioja es mala palabra para los paladares finos, tanto para el kirchnerismo purista como para los opositores defensores del agua y del cielo (especialmente mendocinos). Pero esto es capitalismo periférico y se negocia en las condiciones que la correlación de fuerzas sociales, productivas y políticas lo permite. San Juan asiste desde hace más de una década a un proceso de “Populismo de provincia”, conservador pero transformador. Adaptado al modelo nacional desde un rol de complementariedad sin ambiciones de “suización” cultural como Mendoza.
Dejemos que los sanjuaninos construyan su destino colectivo. No seamos “mendocentristas”. Yo me quedo con los retazos de felicidad de un pueblo sufrido que se ha levantado de varios terremotos y que por estos años vive su propio paraíso pagano. Adhiero a las críticas que le apuntan en términos estratégicos. Sin embargo San Juan ha cambiado y mucho. La impronta de Gioja quedará en la historia.

