Opinión
El apuro le restó brillo
Tenemos nuevo Código Civil y Comercial. Luego de 143 años de vigencia de la egregia obra de Vélez Sarsfield para su tiempo, fue aprobado ayer sin ningún representante de la oposición el nuevo Código Civil y Comercial argentino que regirá a partir del 2016. Se aprobó sin la presencia de 122 diputados. Que lástima! ¿Por qué no supimos construir consensos? ¿Por qué aprobar en soledad una de las normas más importantes de nuestra República?
Sabíamos que el anteproyecto original -redactado por notables juristas- había recibido, desde un principio, modificaciones del propio Poder Ejecutivo. Ya convertido en proyecto, también tuvo reformas del Senado. Y últimamente también las tuvo en Diputados. La oposición argumentó que la sanción del Senado no se giró a Comisiones, y por ello no se habían estudiado las modificaciones que introdujo aquél. También ayer se adujo en el recinto que el Proyecto no pasó ni siquiera por la Comisión de Legislación General y que no tuvo labor parlamentaria. Y hasta hay denuncias judiciales de la oposición alegando la nulidad del tratamiento. Una paradoja: en lugar de un eventual festejo somos sorprendidos por un impesado escándalo parlamentario.
El nuevo Código, que se propone reflejar una nueva cultura propia de la época, a pesar de los debates en centros especializados por los actores del derecho, no consigue, lamentablemente, en la parte esencial de su tratamiento como ley de la Nación, que la clase política debata sus modificaciones con pluralidad, respeto y tolerancia.
Por ello, nos quedan algunos interrogantes en esta hora. Si el nuevo texto legal va a entrar en vigencia recién a partir de 2016, ¿por qué no dimos los argentinos el debate público en el recinto adecuado de la Casa de las Leyes? ¿Por qué no nos tomamos algún tiempo más de ese año de plazo que aún quedaba -para ponerlo en práctica- para escuchar a todas las voces que querían analizar y debatir las modificaciones y supresiones? ¿Por qué este trámite acelerado, “express”, como suele decirse ahora con el anglicismo de moda? ¡Qué lastima! Nos queda por ello una sensación de sabor agridulce. Creo que el apuro le restó brillo…
No obstante, como universitarios que somos, tendremos la obligación de dar en nuestro ámbito el debate que faltó. La Universidad, formadora de jueces, abogados, políticos y actores del Derecho, entre otras vocaciones, seguramente estará a la altura de esta circunstancia para cobijar en su seno a todas las voces que ahora deberán interpretar el nuevo Código Civil y Comercial sancionado.
Y seguramente, con el tiempo y la sabia interpretación de nuestros jueces, encontraremos las respuestas, aclaraciones e interpretaciones que, por cierto, no brindan los soliloquios.
