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Opinión

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PASO

Errores propios y el voto odio

Algo se quebró en la relación con la gente que no votó al kirchnerismo y antes sí lo había votado.
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ
Foto: Nacho Gaffuri / MDZ

Empiezo por lo que se ve a primera vista, el resultado electoral del domingo pasado en las primarias abiertas simultáneas y obligatorias. Datos duros, incuestionables. Y lo diré sin tanto rodeo. Fue una verdadera paliza electoral de la oposición al proyecto gobernante. Cuatro millones de votos se perdieron en relación a las presidenciales del 2011, y en Mendoza Cobos sacó 18 puntos de diferencia por arriba del FPV. Un impacto fortísimo como un choque de frente en plena ruta contra un camión.

Un shock político que no era de esperar al menos con tanta diferencia. Eso es innegable y no se puede más que aceptar cabeza gacha, rumiando bronca y sintiendo decepción, sentimientos de tristeza y dolor. Nos la pusieron, mal. Chau, una semana negra y compleja de llevar para quienes creemos en el proyecto de un gobierno que como nunca antes le había dado miles de satisfacciones a su pueblo.

Algo pasó en las PASO. Algo se quebró en la relación con la gente que no votó al kirchnerismo y antes sí lo había votado. Por tanto es hora de analizar, de pensar y reflexionar sin mezquindades ni especulaciones. Es hora que en Mendoza el peronismo se mire al espejo y baje el triunfalismo de otras épocas. Se debe aprender, debemos aprender como en la vida de las derrotas. No queda otra. Negar la realidad de tamaña paliza sería de necios. Pues veamos entonces.

Creo que hay factores internos y externos que deben diseccionarse, porque la realidad no se presenta tan clara nunca, más bien la realidad se nos muestra caótica y necesitamos de instrumentos de análisis para ordenarla y poder entenderla y comprenderla.

Los factores externos tienen que ver con la ola mediática desatada hace más de un año, con el fogoneo de los cacerolazos y las denuncias de corrupción diarias donde el programa del gordo Lanata ejerció un papel por demás importante (el mejor empleado de Clarín, el empleado del mes). Los medios tomaron esas postas y les salió bien. Convengamos que al complejo mediático nacional más concentrado no le convenía un triunfo del gobierno. Por eso militaron día a día para contribuir a la derrota del mismo.

Pero por otro lado hay factores internos, errores. No puede ser que la campaña comandada por los intendentes más fuertes no haya movido el territorio. Después del acto en Talleres de la Corriente el año pasado, donde metieron 20 lucas, era de esperar que toda esa masa militara. ¿Qué pasó? ¿Se confiaron? ¿Creyeron que con guita para la pauta en los medios y una campaña comunicacional (mediocre) se podía ganar o perder con dignidad? Se perdió indignamente. Se sentaron a mirar todo por tv y muchos se hicieron los pelotudos.

Algunos dirigentes se atrevieron hasta echarle la culpa a Cristina. Ojo. Que no sea un desmarque para empezar a apuntalarse con los presidenciables (Scioli o Massa) y dejar que se vaya todo al carajo. Es muchísimo lo que hay por perder, miles de conquistas y derechos. El retroceso sería tremendo en todos los planos. Claro está que la función de gobernar te lleva siempre a cometer errores y aciertos, de eso se trata la voluntad política, de ponerse objetivos y darle pa’delante con todos los riesgos. Pero se colgaron más de los aciertos de los últimos años y se subestimó la capacidad que tiene el enemigo en la guerra de maniobras.

Desde la oposición ya se prueban los trajes neoliberales y a muchos eso los seduce para no quedar fuera de pista. Esto se sostiene con discusión hacia abajo, con la militancia reflexionando y criticando. Dejar que se diga lo que no se quiere oír. Hay que bajar a las fuentes. Que hablen los nadies del proyecto, los que no tienen voz sino brazos para hacer pintadas y pegar carteles. Aquí nadie tiene la posta ni la verdad por más poder político que se haya acumulado.

No queda otra que redoblar esfuerzos. Se ha perdido una batalla pero no la guerra. Y hay quienes no tienen memoria cuando votan, sobre todo la clase media que es la más veleta. Por eso no diría que hubo solo un voto castigo, un voto bronca. Yo le agrego el voto odio. Ese es el voto que se cabalgó en las marchas antigobierno. Donde se plegó la oposición y militó la oposición con sus aliados: los medios concentrados.

Nadie reparó que la acumulación de ese odio se desplegaría a tantos sectores de la población. Y el menú para el voto odio era “a la carta” en cada provincia. Cobos, Massa, Michetti, etc. Ahora el poder real de los medios y los empresarios fuertes formadores de precios tienen para elegir quién los representará luego de las elecciones de octubre. Me refiero a las presidenciales del 2015. Si Massa o Cobos o Macri. A ellos les conviene que todos se alíen y salga un Capriles que defienda sus intereses.

No les importan las políticas públicas para los que tienen menos, en todo caso prefieren que de los pobres se ocupe la Iglesia y las fundaciones o las ONG. El libreto del mercado que todo lo soluciona según oferta y demanda y ordena lo social. El modelo chileno, una nueva relación con el FMI, despegarse de Venezuela y mantener mejores relaciones con EEUU y los europeos. Olvidar el pasado. Reconciliar a la sociedad y dejar de joder con los juicios por delitos de lesa humanidad. Que la gente siga teniendo al dólar como moneda colonial, que el que quiera una notebook se la compre y no se la regalen. Que el que no trabajó no tenga ni siquiera una pensión. Que vuelva el fútbol para pocos. Constituir un Estado Gendarme como otrora. En fin, la vuelta del discurso de la antipolítica para desmovilizar a la sociedad y tenerla cautiva del mercado. Que la inseguridad se resuelva a los tiros y que nadie pueda tener una oportunidad más en la vida.

El 2015 será definitorio para todos los argentinos y está a la vuelta de la esquina. A muchos les ha ido muy bien con este modelo, pero se quejan, y por eso se van a relajar del estrés cuatro veces por año de vacaciones más los fines de semana largos. Brillan los autos en las autopistas, pululan los emprendimientos de barrios cerrados pero van por más, por todo, con esa insaciable actitud de ascenso social que justifica pisar cabezas por el futuro de sus hijos.

La venganza será terrible.