Presenta:

Opinión

|

Trapitos

Matemos a todos los trapitos

Es increíble cómo los prejuicios y el desconocimiento generan imaginarios que discriminan.
475595.jpg

- 5.800.

- ¿5.800? Es una bocha, culiao.

- Sí, culiao, pero está buenísimo. Además, juntamos mucha guita en los semáforos.

- ¿Cuánto juntaron?

- No sé, pero es un montón. Un día juntamos como 400 pesos.

- ¿400 pesos? ¡Qué culiao! Imaginate lo que ganan los guachis que están todo el día haciendo güevadas, culiao.

- Y sí, y encima les dan guita del Gobierno. Yo me voy a poner a chotear con pelotitas en la esquina, culiao, ganás más plata que trabajando.

(Diálogo escuchado en un micro a propósito del financiamiento del viaje de egresados de alumnos secundarios.)

 

  Personalmente, me molesta mucho cuando escucho expresiones despectivas y discriminatorias de cualquier tipo, porque la mayoría (si no todas) no son más que producto del desconocimiento y del prejuicio, de la clasificación por portación de cara.

Pero más me molesta cuando escucho frases similares a las que se usan como epígrafe de este texto, porque pareciera que ya no alcanza con marginar, con prejuzgar, con discriminar, sino que hay que darles a esos marginados, prejuzgados, discriminados una situación por la que también puedan pasar a ser perversos.

Detengámonos un segundo en esto que refleja el epígrafe y que no es la primera vez que escucho. Al contrario, es como una suerte de mito urbano: los que trabajan (sí, uso la palabra trabajan con pleno uso de razón) haciendo malabares en una esquina o limpiando parabrisas levantan a paladas la guita.

Me ha tocado escuchar hasta improbables cálculos al respecto. Cosas como “si pueden reunir hasta 150 pesos por día, entonces hacen unos 4.500 pesos al mes”. ¿En serio alguien puede creer en semejante cálculo?

Pero usemos esta improbable suma como ejemplo. Suponiendo que, en el mejor de los casos, uno de los pibes que trabajan en las esquinas juntan cuatro lucas y media al mes trabajando en una esquina, también habría que tener en cuenta: que, en todo caso, esa suma se logra trabajando los 30 días del mes, es decir, sin francos, sin feriados; que 4.500 pesos no representan un monto como para vivir cómodamente un mes, porque no se come con menos de siete pesos por día; que no se trata de un sueldo neto, sino del bruto, es decir, quien se dedica a ganar dinero en una esquina no hace aportes para obra social ni se le descuenta para la jubilación, así que no cuenta con protección médica y no contará con jubilación, y un último punto en esta enumeración absolutamente incompleta tiene que ver con que es muy probable que nadie nunca le haya enseñado a ahorrar y mucho menos a gastar a ese laburante de la esquina.

Después de esto, ¿alguien puede seguir pensando que es muy conveniente trabajar en una esquina haciendo malabares? ¡Por favor! Hay que ser verdaderamente perverso para sostener algo así.

Pero ahí está el prejuicio, sigue presente, y en esta semana hemos sido testigos de una avanzada contra los trapitos, que, según el imaginario que prima, son todos ladrones, todos vendedores de merca, todos delincuentes. Habría que matarlos a todos.

Paremos un segundo y hagamos una aclaración: no se sostiene desde aquí una visión romántica de la pobreza ni de quienes trabajan en las calles; no se puede negar que entre los trapitos hay quienes delinquen, pero quién puede decir que no los hay en todas las clases sociales, ¿o acaso es exclusividad de los trapitos relacionarse con el delito?

Seguramente hay entre los trapitos algunos que aprovechan su situación para cometer algún delito, ¿pero esto quiere decir que hay que sacar a los trapitos de la calle? No. Por favor. Lo que hay que hacer, en todo caso, es generar sistemas de prevención para que esto no suceda, porque esos mismos que en esta semana han estado reclamando que se saque a los trapitos de la calle son los que no piensan en que eso generaría que hubiera más de ellos que se inclinen hacia el delito, justamente, por no tener un trabajo.

La solución no pasa por restringir la posibilidad de trabajo.

Ni tampoco pasa por prejuzgar y meter a todos en la misma bolsa.