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La derecha anónima

No dan la cara y actúan bajo el anonimato. Ellos saben que no hay retorno y por eso no dan la cara.

Tienen rostro, nombre y apellido, un DNI, domicilio fijo, hijos, auto y casa, un perro y un gato. Son gente como cualquiera de nosotros. Sin embargo, hay una diferencia fundamental: no dan la cara y actúan bajo el anonimato.

Es la derecha anónima en Mendoza que, como siempre, procede desde el odio, el rencor y la pretendida venganza. No se la aguantan y hacen de sus prácticas una vida de intimidaciones. Los juicios a responsables y cómplices de crímenes y vejaciones a los derechos humanos en la última dictadura militar han calado hondo.

Ellos saben que no hay retorno y por eso actúan así, bajo la oscuridad, clandestinamente. Son cobardes. Viven cerca de tu casa y de la mía. Algunos tienen guaridas institucionales. Otros son marginales al poder político o policial y están desbordados porque en la Argentina de los últimos diez años se está haciendo justicia. En muchos aspectos, pero sobre todo en materia de derechos humanos.

Y saben que todavía esto no termina, que se va  a por ellos, civiles que participaron y que, como activos borregos, ofrecieron su mano de obra barata o calificada al servicio de la crueldad y el silencio que repicaba en ecos de los gritos de los torturados.

Por más pintadas contra quienes los denuncian, por más llamadas telefónicas que hagan amenazando, por más cartas debajo de las puertas, ahora, iremos por sus identidades. Pero no como ellos lo hacen, sino con la justicia y la verdad. Con un Estado que les brindará derecho a defensa, situación que no se dio con los presos detenidos y desaparecidos allá, en el paraíso bastardo de la época infame que regó de sangre el país.

Y a todos estos actos cobardes -hay que decirlo- contribuyen esas marchas de una porción de la sociedad y de la mayoría de los partidos políticos de la oposición que jamás salieron a denunciar las consignas destituyentes, creando un clima propicio para el accionar de la derecha anónima. Hay una relación simbiótica entre la hostilidad opositora y las amenazas y los atentados anónimos a quienes le devuelven a la sociedad la dignidad y la justicia.