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Opinión

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Lorenzetti

Desatando la madeja

Por momentos en Argentina pareciera que todo está en juego. Las rebeliones de la Corte (la real y la operada) y el dictamen de la AFSCA sobre el grupo Vila-Manzano que no aparece.
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Son días en los que se juega mucho, sino todo, en la Argentina. Después del escándalo en el recinto, la reforma de la Justicia atravesaba sin demasiados contratiempos la vía parlamentaria cuando uno de los cambios alteró los nervios de los miembros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Lo que la semana pasada fue denunciado como un “pacto espurio” por la diputada Elisa Carrió entre la presidente Cristina Kirchner y el titular del máximo tribunal del país y cabeza del Poder Judicial, Ricardo Lorenzetti, podría no haber sido tal, al menos no completamente: este martes trascendió que los integrantes de la Corte resistirán un eventual canje por bonos del ahorro presupuestario del Poder Judicial, calculado en unos cinco mil millones de pesos. Lo hicieron ante un cambio introducido en el proyecto de reforma del Consejo de la Magistratura que unifica presupuestos con el Poder Ejecutivo que, si se aprueba, podría tomar dinero del Judicial y canjearlo por bonos.

Para advertir del estado de ánimo, fuentes cortesanas revelaron que Lorenzetti advirtió: “Mientras yo esté en el tribunal, eso no va a pasar y si pasa, yo no me voy a quedar para consentirlo”.

La versión sucede a otra más radical que aseguró que los siete integrantes del Tribunal habrían amenazado con renunciar si no se aceptaban los cambios finalmente introducidos a las iniciativas del Ejecutivo, en particular a la que le garantizaba a la Corte el manejo del presupuesto del Poder Judicial, el foco de la denuncia de Carrió.

Las operaciones y contraoperaciones están a la orden del día. La puja es violenta y exhibe de manera cruda la manera en la que se desenvuelve la lucha por el poder en la Argentina. Nadie se queda quieto y todos juegan fuerte.

Hasta el cierre de esta columna, la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (AFSCA) que dirige el diputado (en uso de licencia) Martín Sabbatella no había resuelto si aprueba o no el plan de adecuación presentado por el grupo Vila-Manzano, que no pasó el filtro hace dos semanas por el rechazo del representante de la oposición, el diputado radical (MC) Marcelo Stubrin. Con la operación de “farandulización” de las denuncias de lavado de dinero que involucran al empresario K Lázaro Báez, Vila y Manzano pusieron a disposición del Ejecutivo sus medios capitalinos con el desembozado objetivo de conseguir que la adecuación se apruebe y asegurarse, así, que no deberán vender ninguno de los medios importantes del grupo. Sería una burla al proceso profundamente democrático que derivó en la sanción de la llamada Ley de Medios, destinado a destrabar los monopolios en el sector, el más grotesco de todos, el del Grupo Clarín, pero de ningún modo el único.

Cuanto más se cuele la “realpolitik” en este asunto, menos autoridad moral tendrá el Gobierno, si la quiere y la necesita, para diferenciarse de todos los anteriores desde la restauración democrática.

Por otra parte, el avance del “marchismo” amenaza con diluir las demandas democráticas -y de las otras- que han venido siendo canalizadas desde mediados del año pasado con el 8N y, más recientemente, el 18A. La gimnasia en las calles no ha garantizado que avancen ni siquiera unos módicos acuerdos entre diversos sectores de la oposición.

La clave política de cara al futuro tiene que ver con hacia dónde irán los sectores del peronismo bonaerense en los próximos comicios legislativos. Un ejemplo que sirve para nombrar a algunas de estas incógnitas es el del diputado (casi mandato cumplido) Felipe Solá. Quienes lo siguen podrían ser llamados “solistas” y el adjetivo cumpliría al menos dos fines: el de identificarlos (son los que siguen a Solá) y el de definirlos: su líder, el ex promisorio gobernador bonaerense, se encontraba tan solo que cayó en el único lugar donde podía, detrás de Sergio Massa, quien apenas le dijo, cuando se vieron para acordar, hace un par de meses, “andá y caminá la provincia”.

A Solá le ocurre lo que a muchos, encuentra en Massa lo único que lo puede ligar a un futuro, por más incierto que sea. El intendente de Tigre se encuentra jugando un juego que, en varios sentidos, lo supera, pero no tiene alternativa. Más allá de los intendentes, la característica de quienes adhieren a Massa es su condición de “MC”, como en el caso de Solá. Es decir, se trata de dirigentes con un pasado de poder, como alcaldes o legisladores, pero cuyos mandatos ya están cumplidos o en vías de serlo.

Podría decirse que están allí por su exclusiva necesidad. El hecho de que la gran mayoría presione para que Massa “juegue” en los próximos comicios de octubre, para que “rompa” con el kirchnerismo, se debe a que no tienen opciones más allá del 2015. Ocurre con muchos de los dirigentes del ex peronismo federal pero también con algunos que se quedaron fuera del esquema del kirchnerismo, por decisión propia o ajena.

En la primera lista se encuadra la “golpeadora” diputada nacional Graciela Camaño, esposa del inefable dirigente sindical Luis Barrionuevo, que acaba de inaugurar en Ituzaingó su primer local partidario dedicado a Massa. En el segundo listado puede ubicarse el intendente de Pilar, Humberto Zuccaro, quien de manera simultánea salió a tomar partido por el “lord” tigrense. En la misma línea de Hugo Moyano (que, dicho sea de paso, se tomó con humor el hecho de que ahora coincida en un mismo espacio político con Patricia Bullrich), Zuccaro se quejó de que el kirchnerismo lo hubiera dejado de lado. “Acá en Pilar, Néstor nos trajo todas las obras públicas. Desde que llegaron ellos (los “cristinistas”) no nos mandaron nada”.

Podrá decirse que es una lógica elemental, pero es una lógica. Y es la que, conociendo el paño, aplica desde siempre pero con mucha más enjundia desde hace un año el ministro de Planificación, Julio de Vido, por orden de la Presidente. En la última semana De Vido continuó con su “raid” de “ordenamiento” con la caja y anunció obras por casi 500 millones de pesos en un tercio de las intendencias de la provincia de Buenos Aires. Como en 2009, los “barones” del Conurbano, pero también otros de otros distritos importantes de la provincia electoralmente más significativa, serán claves en las elecciones de mitad de mandato. En aquella oportunidad, hace cuatro años, ni la transversalidad ni las candidaturas testimoniales sirvieron para evitar la derrota de Néstor Kirchner a manos de Francisco de Narváez. Pero los intendentes que apostaron entonces a la oposición y quienes lo hicieron en 2011 a favor de Eduardo Duhalde cosecharon muy poco.

En 2013, el panorama es bastante diferente. Todos parecen depender de una decisión de Massa, quien sigue sin darse por aludido. Algunos comienzan a preguntarse qué ocurriría si el “mandamás” del Club Atlético Tigre decide bajarse de la próxima estación electoral. Qué pasaría con los “MC”, los necesitados de la política. No quedarían muy bien parados, por cierto. Es el riesgo que corren pero deben hacerlo hasta el final, para sostener lo poco que tienen deben insistir en que algo los ata a Massa. “La posibilidad de que rompa 'paga' 5 por uno, pero la posibilidad de que se quede en su casa o que juegue con nosotros, paga 15 por uno”, graficó un dirigente oficialista en territorio bonaerense. El mismo dirigente, no obstante, se pregunta por qué Massa no hizo aún lo obvio, romper. “¿Por qué va a esperar hasta último momento? Cada día que pasa juega a nuestro favor”, se ilusiona el bonaerense.

Quizás (es una respuesta), porque necesita seguir jugando este juego para que no se sepa cuánto tiene realmente. O porque sus opciones se abren recién después de octubre de este año. Mucho antes sabremos cómo se dasata la madeja. O, mejor incluso, de qué madeja estamos hablando.