Un odio histórico al peronismo
Sé que la ironía y cierto cinismo son armas que uso para mis columnas. Es cierto y lo acepto. Es más, me gusta usarlas y me identifico con ese estilo, que no inventé, por supuesto, sino que tiene una larga tradición intelectual en el pensamiento nacional y popular argentino (Jauretche, Scalabrini Ortiz, Discépolo, Abelardo Ramos, Norberto Galasso por nombrar algunos de los “malditos” olvidados por la superestructura cultural, a los cuales rindo siempre tributo). Y en Mendoza, a mi querido maestro Mario Franco, con quien compartí muchos años de amistad, asados y discusiones, pero sobre todo cultivé la educación de escuchar y reír hasta las horas previas a su suicidio, 12 horas antes nos estábamos cagando de risa con la goleada de Arsenal a Boca por 4 a 1 en Sarandí, comiéndonos una caja de alfajores de chocolate, especial para depresivos. Después el tipo se tiró de un quinto piso, solo, a las 9 de la mañana, con un antifaz de esos que se usan para dormir.
Te puede interesar
¿La autonomía municipal le puede mejorar la vida a los mendocinos?
A veces me caliento y mucho y me dan ganas de mandar a muchos foristas, no irónicos sino con ira, a la puta madre que los parió. Esa es la verdad. Pero no se trata de eso, claro. No estoy aquí para putear a nadie, aunque sí puedan muchos, vía online, hacerlo contra mi persona.
Bajo mi rol, soy consciente de que no puedo prenderme en ese “toma y daca”. No es políticamente correcto ni aporta a ningún debate, como tampoco a mi situación laboral en el medio, sea periodístico o profesional.
-
Te puede interesar
La Corte Suprema enciende una luz de esperanza en la selección de jueces
Son las doce de la noche y no me puedo dormir. ¡Qué sé yo! La cabeza me da muchísimas vueltas y siento que decir lo que no queda bien decir a veces me juega muy en contra. Amigos, familia, relaciones, parentescos. Pero estimados lectores, ¿así se dice no?: así escribo y pienso ya con 45 años a cuestas. A veces fundamento mejor o peor mis columnas, pero trato de ser sincero, a pesar de mis autocensuras emotivas. Por eso les propongo pensar en lo siguiente: ¿por qué no proscribir definitivamente al peronismo? Sí, así como lo leen. ¡Proscribirlo ya! De por vida. ¿Por qué no se organizan todos los partidos políticos e instituciones sociales, académicas, económicas y políticas y proponen juntar tres millones de firmas y llevarlas al propio Congreso nacional y desterrar para siempre al peronismo? ¿Saben por qué les planteo esto? Porque las anteriores proscripciones (1956-1973) más los siete años de proceso militar, es decir, 23 años sin el peronismo como partido legal, en 63 años de historia, con decenas de miles de muertos y fusilados, permanentemente hostigado por intelectuales, periodistas y hasta artistas, ni qué hablar de los grupos de poder cuando el peronismo los intervino, no sirvieron de nada. Ya sé, me dirán los interesados en la idea: “Es que en este país hay muchos peronistas y se hizo difícil sostener tanto más en el tiempo esas proscripciones”. Pero yo les digo, ¡anímense por más muchachos! ¿Qué les cuesta definir un proyecto de unidad bien amplia, desde la extrema izquierda, pasando por todos los partidos del sistema político, hasta la derecha extrema, que tenga como único objetivo común eliminar al peronismo de la faz de la tierra, y luego de extirpar el mal, el cáncer, empezar de nuevo? Algo así como si se fundara otro país, digo. Tipo genocidio cuando se elimina a una etnia. ¿Cuántos peronistas puede haber en Argentina hoy? Cuatro millones, cinco millones, ¿un poquito más? Bueno, ¿por qué no matar peronistas por las calles, entrar a las casas y fusilarlos en familia? ¿Aprovechar una movilización de los gremios, rociarlos con nafta y quemarlos a todos vivos? ¿Es que no es el peronismo “el mal” de este bendito país? ¿No es el que vino a cagar los intereses oligárquicos en los años 40 y 50? ¿No es el que les fumigó la cabeza a los obreros, quienes tendrían que ser hoy todos anarquistas, comunistas y socialistas? Además, ¿no es el movimiento que, encima, se creyó religión, enfrentó a la iglesia y les quemó los templos hacia el 54-55, ya cerca de su caída? Si a ello le sumamos que parió a la Triple A y a Montoneros, así como a otras formaciones especiales de guerrilla, ¿no es hora de confinarlos sin más? Encima ganan elecciones en 1973 y controlan el país. Cuando llega y asume Perón, lo descontrolan, y tras su muerte y la asunción de Isabelita, lo queman. ¿No son estos motivos suficientes para eliminarlos del mapa político y social de la Argentina? ¿Es que no terminó siendo el peronismo un movimiento de vagos y atorrantes que lo único que quieren es no trabajar, tener más feriados, que les aumenten el sueldo y les regalen todo desde el Estado? ¿No es eso el peronismo para ustedes, lectores atentos, racionales y civilizados? ¿No son unos negros de mierda señora, señor, pibe? ¿Unos borrachos y ladrones que cuando llegan al gobierno sólo afanan, llenan de parientes los escritorios y de ñoquis la Legislatura? ¿No es eso lo que piensan realmente? ¡¡¡Díganlo por favor!!! ¿No es eso lo que desearían si un mago les diera a elegir entre esta realidad histórica y esa opción? ¡No me digan que no les gustaría que desapareciera ese “mito diabólico” de Evita!, una puta holgazana que, llena de joyas, inventó la demagogia y la vagancia, el asistencialismo y la caridad hacia a los muertos de hambre, en lugar de enseñarles a producir riqueza. En el fondo del corazón, ¿no piensan eso, queridos y estimadísimos lectores?
¿Acaso a este país, que venía tan bien, no lo pudrió el peronismo, o mejor dicho, ese milico facho admirador de Mussolini que se cogía pendejitas de la UES y se encontró un 17 de octubre del 45 con una plaza llena de animales como un gran zoológico que le gritaban desde la barbarie "La vida por Perón"?
Les propongo este ejercicio terapéutico para que se saquen de adentro todo, anónimamente, como lo permiten estas nuevas tecnologías. Vamos gente, que viene pronto la primavera y con ella el florecer de la patria chica, que parece grande como sus campos pero que tiene dueños y peones infelices que aceptarán la paga en sobre, en negro y sin chistar, casi como cuando no existía el peronismo ni la ley del peón de campo. Así, fundaríamos la nueva nación, sin peronistas, ni de derecha ni de izquierda, ni de los buenos ni de los malos, ni con los Menem ni los Duhalde, ni los Kirchner, sino con los argentinos auténticos, apolíticos e independientes que aman el trabajo y el esfuerzo individual para producir más riqueza. Una patria como las grandes patrias, como EEUU, como España, como Inglaterra, rica y próspera, aunque sin colonias, porque nos tocó la periferia del capitalismo, que no admitió ni admitirá la extensión de nuestros países. A lo sumo nos dejarán integrarnos un poquito, siempre y cuando bajemos los aranceles a la importación, profundicemos el modelo agroexportador y no nos volvamos locos con la industria nacional y la producción de manufacturas propias. ¿Para qué?, si se las podemos comprar a ellos, que tienen a mejores obreros que los nuestros, o a los chinos, que por haber entrado al justo capitalismo tan esperado por el mundo sus esclavos nos proveen de los juguetes y de la electrónica. Y así ya no habrá más mitos irracionales como el “juguete peronista”, la “marcha y el bombo” y toda esa resaca populachera y ladina propia de la barbarie inferior. El nuevo mito será “el juguete chino”, las muñecas inflables chinas, la comida china y la misma China, que tanto interesó a Borges. Seamos, en definitiva, complementarios con China, a pesar del mito de Mao, quien dijo que “si fuera argentino, sería peronista”. Piénsenlo, porque seguro que ya lo sienten.

