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Opinión

Una elección más en la que perdemos todos

Una reflexión sobre las elecciones internas de la Unión Cívica Radical.

La Unión Cívica Radical recién termina de atravesar un nuevo proceso de elección interna de candidatos a cargos electivos y de autoridades partidarias en varios Departamentos de nuestra Provincia. En términos de cantidad de votos, unos ganaron y otros perdieron. Cada sector interno deberá ahora enfrentarse a sus propios desafíos: quienes ganaron deberán poner en práctica el proyecto con el cual se comprometieron y quienes perdieron deberán realizar una reflexión honesta que les permita analizar con claridad y seriedad los motivos que resultaron en esos resultados adversos. Todo esto ocurre siempre, es propio de la dinámica política: siempre, cuantitativamente, alguien gana y alguien pierde . Lo grave es cuando, cualitativamente, pierde la gente.

A título absolutamente personal y sin arrogarme la representatividad de ningún grupo ni sector, siento que es mi obligación como militante radical desde hace 27 años compartir una reflexión, sobre todo con mis correligionarios. Tal vez en estos días, en los que todavía está en la agenda y en el escenario político la elección interna radical, esta reflexión sea más oportuna.

Pienso que toda elección interna en la que se utiliza el sistema de preferencias uninominal para la elección de candidatos a concejales, nos hace a TODOS PERDEDORES. No me refiero sólo a esta última elección, si no a todas aquellas en las que se utiliza este sistema. Tampoco es ésta una crítica a ningún sector interno en particular, y quiero aclarar que en la actualidad ocupo una banca de concejal luego de haber tenido que atravesar dolorosamente por el mismo proceso del que estoy hablando, de lo cual por supuesto me hago cargo.

Hace años la carta orgánica de la UCR de Mendoza incorporó el sistema de preferencias para concejales como una herramienta para incrementar la transparencia de la elección interna, estimular la presentación de candidatos idóneos y conocidos por los vecinos, facilitar y promocionar el contacto de los candidatos con su comunidad, incrementar la representatividad de las listas y tender a fortalecer la participación de los ciudadanos independientes en la selección de candidatos. Fueron las mejores intenciones las que motivaron la implementación de esta metodología.

Pero los años han pasado, y con ellos, muchas cosas han cambiado, han mutado, algunas mejoraron y otras empeoraron. Y es signo de inteligencia y capacidad política reconocer esas transformaciones, asimilarles y abordar nuevos caminos. Hay ocasiones en las que la persistencia en lo que alguna vez funcionó y hoy ya no, trae aparejadas consecuencias totalmente opuestas a los motivos que dieron origen a lo que alguna vez se visualizó como un camino idóneo, correcto y oportuno.

Muchas cosas han ocurrido en la Argentina en los últimos años, y uno de los fenómenos más trascendentes es el cambio de la relación entre la política y la gente. Ya casi nada es lo que era, y es lógico que así sea. Pero la política debe dar cuenta de estos cambios y llevar la república, la libertad, el respeto por las personas y la vigencia de la ciudadanía plena a todas las fases de su práctica cotidiana. Sobre todo nosotros, los radicales, que siempre decimos que vemos nuestra razón de ser en la defensa de las instituciones, en la valorización de la Democracia como forma de vida, en la lucha por la causa de los desposeídos. Nacimos como una alternativa al fraude institucionalizado. Estos no son los principios fundacionales de todos los otros partidos políticos, y está bien que así sea, porque es la ideología en el más amplio y pertinente de sus sentidos, lo que diferencia a un Partido de otro. Pero para la UCR sí lo son. Por eso somos radicales y no de otro Partido.

En este marco, es claro que el sistema por preferencias uninominal ya no sólo ha dejado de cumplir los objetivos para los que fue creado, si no que los ha violentado y los ha vulnerado. Podría discutirse profundamente cuáles fueron las causas de que esto fuera así. Sería sano y oportuno un análisis en este sentido. Un análisis que no se agote en buscar ni víctimas ni culpables, porque se trata de un tema muy complejo, con aristas transversales que no aluden exclusivamente a la política. Sería un enorme paso adelante mirar hacia adentro y hacia afuera de nosotros mismos para saber qué paso en nuestra organización y afuera de ella para que esto ocurriera como ocurrió.

Pero ahora, hoy, es insoslayable el hecho de que ya no se puede volver atrás. Se ha llegado a un punto tal de que ya no es posible perfeccionar el sistema: hay que erradicarlo. Está tan enviciado, tan vaciado de contenido, tan alejado de lo más sano de la política, que ya es imposible depurarlo y mejorarlo. Se ha vuelto una práctica falaz, irrepresentativa y paradójica, un escenario fantasmal en los que tienen lugar las escenas más perversas y absurdas.

Hay una gran cantidad de instrumentos electorales alternativos que podrían ser utilizados. Las PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias), el voto electrónico, la boleta única, la mixtura entre éstos… las opciones son ilimitadas. Esto constituye una de las características más apasionantes de la política: todo es posible si lo que se quiere realmente es enaltecerla y practicarla honestamente. Pero también es cierto que los sistemas electorales son sólo instrumentos, el contenido se lo damos nosotros, los que hacemos política. Por eso sería muy enriquecedor que nuestro Partido se diera un debate intenso, valiente y serio acerca de la necesidad de modificar nuestra carta orgánica en éste y algunos otros aspectos. Algunos estarán de acuerdo, otros no, pero es necesario discutirlo, hablarlo, asumir lo que viene pasando, no mirar hacia otro lado. La experiencia nos ha proporcionado un aprendizaje que tenemos la obligación de capitalizar para superarnos y estar a la altura de los nuevos tiempos. Sobre todo ESTOS nuevos tiempos, en los que la palabra ya no vale nada, las instituciones se están convirtiendo en cáscaras vacías, se ha instalado el imperio de la falacia y el clientelismo, la pobreza es utilizada como botín político. Ya hemos naturalizado situaciones que no son naturales, que nos traicionan a nosotros mismos, que nos enfrentan rudamente a una faceta nuestra que no quisiéramos ver.

Pero estamos a tiempo. A tiempo de debatir, de escucharnos, de reconocer las transformaciones que nos dejaron atrás y de atrevernos al cambio, de mirar con una mirada mejor, más amplia, más blanca, más parecida a lo que deberíamos ser. Creo fervientemente que si queremos realmente constituir una alternativa política seria y creíble para nuestra Provincia debemos comenzar por ser honestos con nosotros mismos.