Opinión
El papa y los pulgones del todopoderoso
Comentario va, comentario viene, se le ocurrió cierta vez a mi padre (esas noches de verano en la finca, los cinco de la flia y algunos más, luego del buen vino y el jamón). Dejó la armónica al lado de la copa y dijo: “Si pensamos en la edad del universo, Cristo podría considerarse como un contemporáneo nuestro. Lo que no sé es cómo se las arreglaron antes sin usarlo a él”.
Pasados ya muchos años desde esta frase, que en ese momento nos pareció hilarante, la recordé leyendo y releyendo notas y artículos esquizoides. Viendo día a día fotos y más fotos, lágrimas, emociones y etcéteras, mientras trato de entender algo de todo esto que se ha producido por la asunción de un papa (o Papa, disculpas) que, si bien tiene trascendencia, por tal no es jubilosa ni de buen augurio, por lo menos si atentos a la historia estamos. La historia vieja y la que se viene, quiero decir.
Es claro que tantos se van a encargar de hacer hincapié (a los Incas también los destruyó en parte la Iglesia) en que el señor Bergoglio no ha estado involucrado en distintos horrores durante la Dictadura (el silencio también es horror, en todo caso, si más no vemos); que tratarán de ocultar las declaraciones de algunas personas que dan fe de su complicidad, que cerrarán la capacidad de análisis y ocultarán la duda, aunque más no sea, como antes se han cerrado y ocultado archivos. Porque, se dice vulgarmente: “Entre bomberos no nos vamos a pisar la manguera”, supongo. Como todos responden al mismo jefe, Dios o el Papa o el poder, por más oscuridades que haya, se hace ver que hay luz.
Leí, por ejemplo, esta declaración de José Pablo Feinmann: "Cristina marca una línea: este Papa tiene que ser nuestro, el que se gane este Papa va a ganar mucho, así que, muchachos, no jodan más con el pasado de Bergoglio, porque de aquí en adelante Bergoglio es Francisco y la derecha no nos lo puede sacar'", interpretó el filósofo que la Presidenta le dijo a sus funcionarios”. (Los Andes, 21 de marzo de 2013) ¿De qué derecha o izquierda hablaba el filósofo?... ¡Ta’ bien, ya sé, ya sé! Me van a decir que ese diario, como otros… Bué, pero pregunto: ¿creen que no lo dijo Feinmann? Yo sí. No soy nadie, está bien, pero sí lo creo.
Y lo creo por todo lo que he leído y he visto en todos los medios: lágrimas de emoción o conmoción de parte de presidentes latinoamericanos. Triunfalismo comparable a un mundial de fútbol en los ciudadanos. Besos y abrazos en lugar de reclamos. Fiesta, en lugar de solidaridad con quienes sí se sienten afectados y preocupados por este nuevo cargo del señor Bergoglio y lo que tiene reservado de silencio.
Aunque Feinmann lo haya dicho hipotéticamente, eso de “no jodan más con el pasado de Bergoglio, porque de aquí en adelante Bergoglio es Francisco”, el desagrado es grande. Si el señor Bergoglio ya no es Bergoglio, ¿quién es? Ha decidido llamarse como el santo de Asís, es tradición eso, pero no deja de ser quien es, quien fue y quien será.
Por ejemplo, en el primer juicio a genocidas, en la provincia, en la ciudad de San Rafael, Mendoza, entre los imputados se hallaba José Martín Mússere. No llegó a ser condenado, pues falleció durante el proceso. Pero fue reconocido por testigos, fue acusado, fue.
Cuando murió, durante un juicio justo y con todas las prerrogativas de la ley, supimos que José Martín Mússere ya no era tal, sino que era “Hermano Guardián José”, y que de allí, en donde trabajaba, oraban por él: “El Servicio Sacerdotal Nocturno ruega por el alma de su Hermano Guardián José y por la paz de su familia” (En Avisos fúnebres).
Por lo visto, cambiarse el nombre lo dejó sin pasado, sin oscuridades, sin cuentas por saldar, sin verdades por develar, sin compromisos con la sociedad que él contribuyó a dañar tras golpear y hacer un silencio cómplice, cruel y deshumanizado.
Por otro lado, si una vez asumido el cargo por el señor Bergoglio, los genocidas que se hallaban en juicio en ese momento aparecieron ostentando la escarapela (o como se llame) papal, ¿no da que pensar? ¿No se nos pone la piel de pollo un poquito, aunque más no sea? ¿No percibimos que “algo huele mal en Dinamarca”?
Me cacho…
Una tardecita, mi padre volvía de revisar los montes frutales de la finca, bastante enojado por la invasión de pulgones en las hojas. Agarró una birome y descargó su bronca: “Día llegará en que el todopoderoso pedirá rendición de cuentas al pulgón que succiona la savia de la alfalfa de tu cerebro”.
También nos reímos mucho. Mucho más que hoy.