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Policía: cuidado con el efecto bola de nieve

La actual capacidad del sistema de seguridad para prevenir y desalentar delitos es mínima o inexistente.
Foto: Alf Ponce/MDZ
Foto: Alf Ponce/MDZ

La situación de nuestra policía no ha hecho sino deteriorarse en el medio de la indiferencia de la partidocracia, instalada en el Ministerio de Seguridad repartiendo alegremente cargos, contratos y prebendas, mientras crece la inseguridad y se produce un récord de homicidios en cada uno de los últimos tres años.

La actual capacidad del sistema de seguridad para prevenir y desalentar delitos es mínima o inexistente. Si a ello se suman las dramáticas circunstancias socioeconómicas que estamos viviendo, en términos de pobreza, vulnerabilidad, exclusión, inequidad del ingreso, y las tasas de embarazo adolescente y jóvenes que no estudian ni trabajan disparadas, el cóctel no podría ser más explosivo. Literalmente hablando.

La incorporación masiva de auxiliares con escasísima formación teórico práctica, sumada al desinterés por avanzar efectivamente en los aspectos virtuosos de la reforma de 1998 –profesionalización con grado universitario de todos los policías; escalafón único; supresión de la categoría de agentes; formación de una policía criminalística de excelencia– hacen que hoy, frente a un justo reclamo salarial, la perplejidad del gobierno muestre que no sabe cómo manejar el problema. Si esto no se encauza por carriles de sensatez el efecto bola de nieve nos puede llevar a extremos ya vividos anteriormente.

Mendoza tiene alrededor de 9.500 policías, un número altísimo comparado con estándares internacionales. Sin embargo, su bajo profesionalismo no parece ser un problema para una Legislatura que año tras año viene bajando los requisitos para el progreso en la carrera.

Las bajas remuneraciones han sido una estrategia histórica de los últimos gobiernos radicales y peronistas que le guiñaban un ojo al policía diciéndole “no me molestés con reclamos por tu sueldo y sacá todos los servicios adicionales que quieras” generándose una policía sobrecargada laboralmente al extremo. Hace apenas dos años un policía que falleció en un accidente de tránsito dejó el doloroso testimonio de su último mensaje de texto “necesito descansar”.

La falta de profesionalismo tiene consecuencias más graves. En los últimos doce meses tuvimos cuatro casos de homicidios causados por policías con uso de su arma reglamentaria en situaciones que no eran represión de un delito. Recordemos: un joven de dieciocho años en Godoy Cruz, que estaba en una fiesta; un joven de dieciséis años en Las Heras, durante un allanamiento; un joven en un  almacén en Maipú y más recientemente una mujer policía muerta por su pareja, también policía. En este último caso, el cínico mensaje del representante demócrata en el Ministerio de Seguridad fue “-se trató de un hecho aislado”. ¿Es que no podemos ver lo que está pasando?

La policía no es un gueto ni está aislada del resto de la sociedad aunque para algunos políticos cargados de resentimiento y prejuicio sean un sector de la sociedad descartable o prescindible.

Para la inmensa mayoría de los ciudadanos y ciudadanas la policía debe ser efectiva, educada, profesional y presente. Debe evitar delitos, no aparecer en malón cada vez que se ha producido uno.

Para nosotros, también debe ser democrática, pero una policía democrática se define por su modo de actuar, no por el discurso. No hay nada específicamente radical, peroni sta, demócrata o socialista en una policía acorde con los tiempos. Es una cuestión técnica y científica obviamente traspasada por valores que son transversales. No es una cuestión de partidos.

La policía que tenemos es la que la partidocracia ha consentido, tolerado y promovido a lo largo de las últimas décadas. La responsabilidad por mejorarla es urgente. A ver si nos hacemos cargo.