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Opinión

Despedidas

La despedida es un auto que se va y se va porque lo miramos perderse. En la despedida no hay esperanza.
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Se achicharra el año. Se va. Lo echamos. La rutina del ciclo, el tedio. Lo vivido no vuelve porque ha sido, y siendo, en algún momento se ha querido. Despedidas. Nos despedimos de nosotros mismos. Seremos otros. Con la piel más ajada, más curtidos o convalecientes. Una mujer espera el alta definitiva para girar y transformarse en recuerdos, en fotos, en plantas y árboles. En brisa fresca de noche de verano. Un niño despide su niñez y su escuela primaria, cientos de inocencias para entrar a un túnel en tránsito. Se despide a los muertos y sus chirimbolos. Se despiden casas que dejamos. Se despide el amor que fue parido y agotado, trago de angustia amargo, beso final, abrazo. El suicida se despide a puño y letra. Quedan los que están mirando en agonía las estrellas por las noches tórridas. Bravo año. Movido año. El odio, el rencor, el desencanto, la furia y la ira. Todas en fila pero juntas. La despedida es un auto que se va y se va porque lo miramos perderse. En la despedida no hay esperanza. En la despedida no se puede hablar. La despedida es silencio abismal. Pasaje. Corredor de seda para quemados. Estamos en cualquier vagón y saludamos con las manos a todos los desconocidos del andén. Siempre es tarde. Vivir en las condiciones que tenemos, tan capitalistas ellas. Siempre en deuda. Somos deudores, morosos, crónicos. Culposos. Todo lo que no hicimos. Somos todo lo que no hicimos y no dijimos y no cambiamos. Somos el silencio, la omisión, la tardanza, el error, el desajuste. Somos los que queremos llegar a lugares donde no podemos. La hora perdida, el llanto de madrugada con rabia. Somos el currículum no escrito, lo que piensan de lo que no quisimos decir. Lo que hicimos sin querer. Somos el accidente. La contingencia. El acontecimiento. Somos fallas irrepetiblemente iguales. Se despide también a los seres no queridos. No deseados. A veces, espejos donde no nos gusta mirarnos. Somos la triza. Somos una despedida continua obligada por el cronograma. Cerrar los años y perderlos. Contenedores de maleficios. Coleccionistas de fantasmas. Un gran museo del otro yo que forjamos en paralelo. Somos una incertidumbre, maquinita de inventar certezas por el miedo al precipicio. Literatura presentada. Poesía derramada.