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Opinión

Los chicos piensan por sí mismos, no necesitan que pensemos por ellos

La licenciada en Psicología, Nancy Caballero, es profesora de orientación vocacional- ocupacional de la Universidad Católica Argentina y, en esta oportunidad, se sumó al debate por el tratamiento de la reforma que permita votar optativamente a los 16 años. Una radiografía del adolescente de hoy.
Licenciada Nancy Caballero.
Licenciada Nancy Caballero.
Los adultos tenemos la costumbre de "pensar" por los jóvenes y no para los jóvenes. Pensamos, quizá con la necesidad de compensar nuestras propias carencias o frustraciones cuando fuimos adolescentes. El nuevo proyecto de ley, del cual no pude aún ver su fundamentación, puede ser excelente, o no, pero lo que me queda claro es que no ha considerado las características de los jóvenes de hoy.

¿Son capaces a los 16 años? Absolutamente. ¿Quieren elegir? No sé, no tengo encuestas realizadas a los jóvenes, pero quisiera hacer una reflexión de otras áreas, su actitud y traspolarlo a la elección política.

Como profesora de Orientación Vocacional-Ocupacional de la UCA comentábamos con los alumnos la semana pasada que hace unos años si la pre-entrevista (pedido de atención, acordar horario, lugar de atención y honorarios) era realizada por los padres inferíamos de forma inmediata que había inmadurez o desinterés por parte del futuro orientado. Hoy no es así, ya que el período de la adolescencia se ha extendido, hacia arriba y hacia abajo. Es por eso que los chicos deciden elegir más tarde: la carrera, el noviazgo, finalizar la carrera universitaria, independizarse económicamente.

Hace treinta años los jóvenes salían a los 18 años al proyecto que se desarrollaría el resto de la vida, quien estudiaba comenzaba una carrera sabiendo que en cinco años sería un profesional, quien no estudiaba (hubiese dejado antes o terminara el secundario) buscaba un trabajo, que probablemente sería su trabajo hasta la jubilación. Los noviazgos comenzaban a los 15 o 16 años y casi nadie se casaba después de los 24 años. Es decir a los 18 años se dejaba atrás la adolescencia y se enfrentaba un mundo adulto (inmediatamente o el primer estadio del mismo). Es decir, se esperaba la autonomía económica como pasaporte a la emancipación completa del proyecto de vida: ser adulto.

Hoy los chicos de 18 años no tiene apuro por ser adultos, ni por ser autónomos, ni hacerse responsable de una familia, lo que no implica que no lo haga si aparece un embarazo, pero no es un proyecto ansiado, sino enfrentar lo ocurrido.

Los adolescentes retrasan el ingreso a la universidad (año sabático), a veces cristalizan su elección vocacional luego de haber intentado distintas carreras, demoran el cierre de la misma, la presentación de la tesis, etc. Luego piensan, pos título, si viajará, buscará una beca u otro objetivo antes de buscar el trabajo específico.

Hasta entonces tienen trabajos temporarios. No se van de la casa a los 20 porque se casan, se van después de los 30 a un departamento con novios o amigos. Dejando su cuarto muchas veces aún armado en la casa de los padres, o llevando la ropa a lavar o pasando por las alacenas de la casa paterna de vez en cuando para surtir las propias.

Alrededor a los 30 comienzan realmente su proyecto a futuro, con la misma ilusión que antes, con más capacidades, y más opciones, pero eligen hacer sus elecciones con tiempos diferentes.

La descripción previa no es un juicio de valor, sino una realidad que vemos quienes trabajamos con adolescentes. Por lo tanto, no es que no sean capaces de elegir, es que, en general, en su vida han decidido no tener que enfrentar la elección (tomar algo, dejar
algo) hasta más adelante, y si la situación es pre-dilemática (es decir aún no lo ve como un dilema a resolver) no es algo que sientan como una necesidad inmediata.

¿No deben votar?

Sí, pero el mejor entrenamiento es la elección de lo más cercano: su centro de estudiantes, los concejales de su zona, su intendente. Con la cercanía de la persona, puede interpelar, cuestionar, reclamar, y hacerse cargo de haberlo votado. Es decir es real participación (según del concepto de Marizta Montero).

Una experiencia: en Godoy Cruz los chicos de escuelas secundarias participan de un campamento (creo que de los departamentos de Derechos humanos y Juventud del Municipio) se ejercitan y reflexionan sobre temas de la necesidad de los centros de estudiantes, participación, etc. Rodrigo, un alumno de polimodal, ante mi pregunta de qué se trataba me dijo: entendí para que sirve y cómo se organizan los alumnos.

Es un alumno con dificultades, poco motivado, y sobre quién se había trabajado mucho en su motivación (con avances, pero sin mayores cambios) por primera vez lo ví entusiasmado al relatar esta experiencia, y solicitar permiso (que transmitimos a las autoridades) para participar activamente del Centro de Estudiante. Es un ejemplo de la
resonancia afectiva que se logra con proyectos cercanos a su realidad.

Respetemos los tiempos de los adolescentes de hoy

No los atosiguemos con que decidan una carrera hoy, con “el trabajo con futuro”, relaciones con compromisos, si ellos elijen esperar para tomar todas esas decisiones es porque sus tiempos no son los nuestros.

Si pido respeto para elegir carrera, pareja, trabajo, ¿Por qué los apuraría en una decisión que debe tener más que ver con intereses coyunturales de adultos que con sus propias necesidades?. Los jóvenes pueden pensar por sí mismos no nos arroguemos el derecho a decidir por ellos. No sé si quieren votar. Sé que deciden elegir a mayor edad acciones que definirán su proyecto de vida, ergo, salvo los que militan en un partido político, parecería que tienden a postergar sus elecciones, no por falta de capacidad sino por decisión propia. No legislemos según nuestros tiempos sino los de ellos.

Licenciada Nancy Caballero