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Opinión

Más educación pública, menos dinero a "empresas de la educación"

"¿Quién se prende a esta campaña?", dice la autora de esta columna. Escritora, De Monte, defiende la educación pública y reniega del dinero que el Estado otorga a las escuelas privadas. Una idea suya, prendió en muchos a través de Facebook.
Sonnia De Monte. Foto: Gentileza Sonnia De Monte.
Sonnia De Monte. Foto: Gentileza Sonnia De Monte.
Recuerdo con nostalgia y, como cuando eran raros los días de lluvia allá en el sur, con melancolía, a mi escuela primaria.

Es una escuela que allí está, en mi pueblo, a la que asistió mi madre, mis hermanos, mis primos, mis amigos. También mi padre (nos contaba), recién bajado del barco y luego del tren, con la timidez del que no sabía hablar el castellano pero, ¡era un niño!; se comunicó rápido y más rápido aprendió.

¿La verdad? Todos aprendimos. Hasta el más moroso con las letras y los números, aprendió y mucho más que solo letras y números.

Descubrimos, supimos y aprendimos de la vida y de la sociedad. Porque como buena escuela pública, todos asistíamos ahí. Los que tenían más y los que tenían menos; los hijos de obreros de la viña y los hijos de los propietarios de las viñas. Los hijos del delegado municipal y los hijos del encargado del cementerio. Los niños de las maestras y los niños de los analfabetos, que los había también.

No hubo ni habrá, tengo para mí, mejor educación que esa.

Ahora no sucede (y no hablo de “mi” amada escuela en particular), una enseñanza tan amplia, apropiada y comprometida con el ser humano, como lo es la pública, gratuita y laica. Ahora sucede que los padres ni piensan en la escuela pública; primeramente, hacen cuentas sobre las empresas privadas de educación; si no les da el bolsillo y solo a regañadientes, envían a sus chicos a esas escuelas, fundantes de cultura y propiciatorias de la necesidad de igualdad.

Se habla y se programa demasiado sin ir al fondo de la cuestión. Nos desesperamos y nos vemos en un pozo sin fin, absolutamente “desnortados”, como decía don Juan Draghi Lucero, ante la avalancha de noticias sobre violencia en las escuelas, sobre la preparación de los chicos cuando salen a la vida laboral o a la facultad. Cuando comprobamos que sus conocimientos son deficientes como el castellano de mi papá cuando se bajó del barco.

Porque por más que se pretenda incluir y proyectar, si no se asume una política franca, desenmascarada, solidaria, certera y realista al respecto, esto irá cada vez peor,  ya que el desprecio ciudadano por la escuela pública y la igualdad, y su desprestigio, nos hace cada vez menos ciudadanos. Y, cada vez, menos humanos.

Probé subir esta “locura” al Face:

“¿Quién se prende a esta campaña? Argumento: mejoramiento de la educación pública; norma e intervención de los padres en casos de  violencia en las escuelas, formación igualitaria y óptima de los niños; nivel de enseñanza aprendizaje equilibrados y responsables; entendimiento sobre la discriminación.

Esto podría aportar o, aún siendo optimista, suceder,  si logramos una ley que ordene que tanto los hijos de funcionarios como los de legisladores, en tanto duren sus mandatos, deban asistir a escuelas públicas, sí o sí. Que compartan todos los niños y entiendan y discutan "las clases" por experiencia (y no me refiero a lecciones); que funcionarios y legisladores sufran como cualquier padre las necesidades de la escuela pública y respeten un logro más que centenario y glorioso de este país: la educación pública, laica y gratuita. Invito a promoverlo y juntar firmas.

¡Basta de subsidios a empresas de la educación!

¡Atención, respeto y optimización de la escuela pública, tal como lo manda la Constitución, el sentido común, las carencias de la sociedad y “la buena voluntad de todos los habitantes del pueblo argentino”. 

Pues bien; ahí van algunas y solo algunas respuestas. Piénsenlo; teman, si les parece: pero pelearemos por esto:

“A Silvia Eliana y otras 20 personas más les gusta esto.

Marcos: me sumo, por supuesto!!!!!!! tengo a mis dos hijos en jardines maternales estatales y tuve que bancarme que el "regalito" del día del niño que le dieran a Manu y hecho por sus propias maestras y que estuviera firmado por el intendente: que se lo banque la oposición también, ja!!.

Laura- ¡Comparto!!

Rubén: Sonnia, adhiero!!! Es muy complicado que los funcionarios promulguen y apoyen esa ley... eso es pensar en una UTOPÍA... pero, a esta altura de mi vida, debo ser consecuente: VIVAN LAS UTOPÍAS!!! y te firmo los pergaminos cuando estén listos. COMPARTO TU PROPUESTA EN MI MURO. Abrazos!!

Sonnia De Monte Seguro que es complicadísimo... El libre mercado y la diferencia (y la indiferencia) se pondrán los cascos y las armaduras... Pero ¡¡¡¡¡VIVAN LAS UTOPÍAS!!!!!!

Rubén: Amiga, tengo como diez personas que les gusta tu propuesta!!!! VAMOS POR LAS UTOPÍAS!!!”

¡Y vamos, pues!


Sonnia De Monte
Cerca del día del estudiante, 2012.