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Opinión

La clase media, espejitos de colores y un modelo de país

El kirsherismo actúa permanentemente un modelo político de país que responde a un proyecto. Oponerse a este modelo debería traer como contrapartida la propuesta de otro modelo, pero la oposición carece de modelo.
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Entre los tantos éxitos colaterales que logró la dictadura militar en Argentina fue el de instruir erróneamente a la ciudadanía sobre el concepto de democracia. La dictadura en tanto represora e impotente llevó a la sociedad al reclamo de democracia. Democracia en aquellos tiempos tenía sinónimo de libertad y en cierto sentido se justifica esa condensación. Sin embargo algo no se supo transmitir en materias como “Construcción de la vida democrática y ciudadana” o “educación cívica” a la ciudadanía, particularmente a la clase media o para ser justos a cierta clase media.

Democracia no es sinónimo de libertad. Democracia es un sistema de gobierno que se rige de acuerdo a Derecho y en consecuencia, el ciudadano en un sistema democrático es libre de acuerdo a la ley, comenzando por la carta magna, siguiendo con los acuerdos internacionales a los que adhiere el país y culminando con los diferentes códigos que inscriben las leyes que nos marca a su modo un contrato social.

De modo tal que vivir en democracia es vivir relativamente “libre”. O sea, se es libre a condición del respeto a las leyes y como éstas en general son interdictoras, el ciudadano se ve privado de muchos deseos individuales que, en tanto afecten el bien común, no puede ejercerlos, salvo en algunos casos en privacidad.

Por lo tanto, la democracia entre las tantas “libertades” que ofrece es un sistema donde por ejemplo en Argentina, al modo de un oximorón, se es obligatoriamente libre de elegir un partido político para que nos gobierne.

Cuando hay elecciones, lamentablemente en Argentina se presentan partidos políticos que venden candidatos al modo de un producto comercial, los candidatos son instruidos para decir palabras que, previamente estudiadas, tienen resonancia en el público al que va dirigido su deseo de cooptación del voto. Decir por ejemplo “queremos un país con libertad,  un país donde cualquiera pueda viajar libremente donde lo desee” es vender espejitos de colores. La consigna no explica el cómo. El cómo es el proyecto de un modelo de país. Un modelo de país donde el dólar flote implica explicar cómo se evita la fuga de capitales, un país donde el dólar flote implica explicar cómo se detiene el deterioro de los salarios o cuál es el plan que permite la fluctuación del dólar y el mantenimiento del salario o cómo se pelea la crisis del capitalismo occidental.

Veamos a la izquierda marxista; “nacionalizar la banca, no al pago de la deuda externa, expropiar las fábricas”. Son espejitos de colores que no explican el proyecto ni el modelo. Si no se paga la deuda ¿cómo se vive con el mundo? Si se nacionaliza la banca, ¿cómo se evita la fuga de capitales? ¿cómo se palea la desocupación?

El kirshnerismo ha instalado el discurso del modelo. El kirsherismo actúa permanentemente un modelo político de país que responde a un proyecto. Oponerse a este modelo debería traer como contrapartida la propuesta de otro modelo. La oposición al kirshnerismo  carece de modelo o desconoce la lógica política que impone el kirshnerismo y entonces más que oposición crítica es dar la contra vendiendo espejitos de colores.

Discurso de la clase media
¿Cómo habla cierta clase media? Habla desde el bolsillo. Quiere dólares, quiere viajar al extranjero, quiere que no le saquen dinero para “mantener vagos”, quiere que no haya inflación, etcétera. Se puede pensar en reclamos legítimos, el punto es cómo satisfacer estos reclamos desde un modelo integral. Es extraña la clase media puesto que es quien más sabe de modelo porque es quien mejor la ejerce. Esta clase social sabe planificar en familia. Una familia con un ingreso x de pesos,  que tiene tres hijos, el mayor en la universidad privada, el segundo en la secundaria, el tercero en la primaria, comen relativamente bien, pagan los impuestos y servicios, se pueden dar el gustito de vacaciones anuales precarias o confortables, suelen tener empleada de servicio doméstico y cada tanto (mucho) cambiar el auto o pintar la casa o comprar muebles.  Los ingresos le alcanzan justo y carecen de la capacidad de ahorro.


A esta familia le ocurre un acontecimiento, uno de sus miembros padece de una enfermedad crónica, curable pero que demandará gastos extras por tres años. ¿Qué posibilidades tiene esta familia? Una pedir un préstamo que equivale a tener deuda externa lo que ayuda en la inmediatez pero empeora la situación en lo mediato. Otra comenzar a suprimir gastos. Cualesquiera que elija significa la queja inmediata del sector afectado. Si deciden que el estudiante universitario pase a estudiar de la privada a la estatal, éste se quejará de tener que rendir equivalencias, si deciden no tomar vacaciones o no cambiar el auto, las quejas serán recurrentes de quienes se sientan afectados. Esto que hace una familia común de clase media se llama modelo en este caso familiar, y responde a un proyecto.

¿Qué es un proyecto? Es la planificación de algo a futuro. Ningún proyecto es para el aquí y ahora. El gobierno kirshnerista tiene un modelo que responde a un proyecto. Votar en democracia a un modelo es votar para el futuro. Cierta clase media vive quejándose de su situación actual sin tener la capacidad de leer que el modelo que lo afecta es un modelo que se trasluce en el futuro. El futuro se llama hijos o nietos. Querer comprar dólares ya sin contemplar la crisis europea, el permanente boicot de los sectores multinacionales (recuérdese aerolíneas y  el petróleo en manos privadas) es reclamar algo que en sí puede tener validez pero que debe ser medido en el proceso todo.

Ahora bien, la queja de cierta clase media hace resonancia en medios de comunicación que de manera permanente vende la carencia de los espejitos de colores. Aquí es donde cierta clase media peca de ingenua y con vehemencia de ignorante. Se puede hacer que el dólar fluctúe de acuerdo a la oferta y la demanda, sí. Se puede detener la inflación, sí. Se puede construir un país donde la gente viaje al extranjero sin dificultad; sí. Claro que se puede, pero para implementar esas demandas se necesita de otro modelo de país. Ese modelo ya lo tuvimos y es el liberalismo. No hay emparche al reclamo por el reclamo mismo, modificar una medida implica al modelo en su conjunto. No existe la libertad sin más, incluso el liberalismo implica un modelo y en tanto tal ya hay restricción. Saquemos todos los planes sociales del modelo kirshnerista, volvamos a privatizar todo, bajemos el poder adquisitivo a la mitad, retomemos el uno a uno o la tablita de Martinez de Hoz y mucha gente se sentirá beneficiada, pero la experiencia nos enseñó, supongo que fue así, que muchas más gentes se sentirán perjudicadas: 25% de desocupación, 35% de subocupación, quiebre de la industria nacional, etcétera.

Transformar la política en un tema de mesa es cultura del modelo, tener sectores en puja es cultura del modelo y el modelo cultural kirshnerista responde a la originaria idea de Néstor de transversalidad. No como el la pensó pero sí como se está produciendo porque proponer un modelo exigirá que alguna vez alguien proponga otro y cuando ello ocurra no se tratará de personalismos sino de ideas de proyectos, de pensar en el otro prójimo, pero también futuro. El kirshnerismo nos trae la lógica del modelo de país, algo tan viejo como la democracia, palabra ésta que significa que el pueblo gobierna a través de sus representantes que no ofrezcan espejitos de colores para vender.