Opinión
¿De qué nos quejamos? (Parte 2): ¿forma o fondo?
En la primera parte de esta nota hablábamos sobre la existencia de un creciente mal humor social y de una caída en la imagen de gestión nacional.
Citábamos tres posibles causas, no excluyentes de otras: el voto resignado por falta de opciones de parte de la población y su vuelta a su posición inicial de oposición, el efecto diario y visible que la inflación tiene sobre todos nosotros, a lo que se suma el temor a los coletazos de la crisis internacional y un tercer factor que si bien no produce mal humor, lo “recalienta”: la ausencia de una alternativa política opositora con la que el opositor de la calle pueda identificarse.
En esta segunda parte vamos a reflexionar un poco sobre si las críticas que proferimos y escuchamos son de “forma” o de “fondo”, es decir; en qué medida estamos criticando la “estética” de una situación y en qué medida sus raíces. Vamos a ver que hay parte de ambas y que están confusamente mezcladas. Veamos…
¿Qué es forma y qué es fondo?
Hacer una definición algo abstracta de este tema es fácil: la forma es lo que envuelve la esencia del hecho o suceso. Así un buen vino puede estar mal presentado –o viceversa-, o podemos estar de acuerdo con lo que alguien nos dijo, pero no con la forma en que nos lo dijo, ¿de acuerdo? Llevarlo a la distinción de la política diaria es bastante más difícil, porque la mayoría de los actores cuidan bastante la forma, pero hoy no me interesa tanto lo que dicen los grandes actores, sino lo que decimos nosotros, la gente de a pie.
Algunos ejemplos rápidos
Para entendernos mejor: a mi juicio la eliminación de los costos por transferencias bancarias y de la absurda demora de 48 horas a que nos sometían los bancos son medidas positivas para todos nosotros, pero son sólo “retoques” que no hacen a la esencia del problema.
Siempre a mi juicio, el problema de fondo es que seguimos manteniendo la ley de entidades financieras del ’77 (la dictadura, sí), que entre otras cosas impidió que las entidades cooperativas pudieran hacer operaciones financieras si no se convertían en bancos. Así perdimos el “Banquito Ferroviario” y nacieron muchos bancos cooperativos que, por su esencia, fueron paulatinamente absorbido por la gran banca: Suquía, Mayo, BUCI y una lista interminable. Hoy sólo subsiste UN banco Cooperativo y lo ha hecho a costo de perder buena parte de su identidad cooperativa y asimilarse demasiado a los bancos comerciales.
Este tema puede no importarle al lector, porque no se ve o no se percibe afectado directamente, pero podemos plantear otro que seguramente le va a molestar bastante: los bancos comerciales no prestan SU plata, sino que le piden prestado al Central a una tasa baja y “nos lo prestan” a una tasa bastante más alta. Sí, se entendió bien: El Central (el estado; Ud. y yo) le prestamos al “Thunder Bank” al 10% para que ellos nos presten al 37%.
Las cifras no son exactas pero el procedimiento sí y cualquier economista nos puede explicar con mayor exactitud como funciona este mecanismo perverso.
ESE es el fondo de este problema –siempre a mi juicio- y sobre eso no escucho quejarse a nadie, exceptuando a Heller, Roitman y algunos pocos más, sin demasiadas audiencias.
Otro ejemplo: el sistema impositivo nos lo heredó Cavallo. Lo empezó a construir como ministro de Economía del proceso, lo continuó con el mismo cargo en la gestión de Menem y lo redondeó con el mismo cargo en la gestión De la Rúa.
Este sistema es precioso: la mayor recaudación estatal es vía IVA (Impuesto al Valor Agregado). Al IVA lo pagamos todos con cualquier compra que realizamos y si la pensamos un poco, la situación es bastante perversa porque, por ejemplo, un paquete de fideos y un perfume francés o una 4x4 pagan el mismo porcentaje de IVA, cuando unos son productos de primera necesidad y otros son directamente suntuosos.
Supongamos un hogar muy humilde que esté recibiendo unos $1.000 mensuales: no es difícil imaginar que se comen todo, toda la plata va a consumo básico. Eso implica cerca de $846 de productos y $154 de IVA.
Una familia que ganara $10.000 seguiría en la misma proporción, ¿de acuerdo? $8.460 de productos y $1.540 de IVA.
¿Es equitativo, verdad? No, no lo es. Si subimos un poco más en la escala nos vamos a encontrar que los sectores que tienen un mayor ingreso que esos $10.000, ya no se “comen” la plata, sino que la ahorran. Muchos de ellos, lo hacen en activos f¡nancieros. Pues bien, esos activos financieros NO están gravados, de modo que, proporcionalmente, Ud. y la familia de los $1.000 pagan MÁS impuestos que la que gana $50.000.
No es necesario aclarar que esos grupos tienen contadores que les explican como pagar menos impuestos (a veces, como evadirlos), mientras que Ud, yo, y la familia de los $1.000 ponemos ese 21% cada vez que hacemos una compra, y para colmo… ¡no siempre llega! ¿Cuántas veces NO le dan factura por lo que compra? Y en esas oportunidades, ¿le descontaron el IVA o parte de él? NO, ¿verdad?
Todas las medidas que ha tomado el actual gobierno nacional en este sentido tienden a evitar la evasión fiscal, lo que está bien, pero ninguna medida ha tocado el FONDO de esta perversidad.
Y escucho a mucha gente quejarse de las medidas de control de evasión -como si pagar los impuestos fuera pecado-, pero a nadie (salvo raras excepciones) criticar al SISTEMA impositivo tal como está planteado.
Una más: escucho permanentemente críticas a la Asignación Universal por Hijo, que no es más que pagarle a los que están en negro el mismo salario familiar que EL ESTADO (y NO el empleador) le paga a los que están en blanco. Eso sí, con más exigencias.
Si Ud. tiene la suerte de estar en blanco, sólo presenta la partida de nacimiento de los pibes y cobra. Si Ud. tiene la desgracia de estar en negro, tiene que “justificar” permanentemente que se ocupa de los pibes: llevar los controles del Centro de Salud, la planilla de asistencia a la escuela, etc. ¿Qué? ¿Nunca supieron de padres que cobran el salario familiar (en blanco) y se lo “patinan”? ¿Quién los controla, quien defiende a los pibes?
Pero no he escuchado a nadie quejarse de que los monotributistas de las categorías más bajas (menos de $5.000 de facturación mensual) tengan el MISMO derecho a percibir el salario familiar que los que están en blanco o en negro, cuando sabemos a ciencia cierta que cerca de la mitad de esos monotributistas son trabajos “negreados”.
El mismo Estado hace contratos de “locación de obra” (SIC) a monotributistas que, si miramos un poquito, están en una clara relación de dependencia. Y no sólo el estado; el “negreo” en áreas como agricultura, comercio y servicios turísticos llega a proporciones alarmantes.
¿Y de qué nos quejamos? De que “los negros” se van a gastar la plata de la AUH en “birra y paco” (Sánz dixit) o de que como ahora les pagan a las embarazadas, las “negras” van a empezar a tener hijos como chorizos para juntar “toda esa plata”. He escuchado a muchas mujeres decir esto, que implica decir que las mujeres de niveles socioeconómicos más bajos son menos mujeres o menos dignas que las de sectores más altos. ¡Madres diciendo esas barbaridades sobre otras madres!
Aparte, y para el que no lo sepa, la AUH cubre sólo hasta cinco (5) hijos, no es sin límite como el salario familiar, de modo que lo que EL ESTADO me pague por los pibes depende de si estoy en blanco o en negro; si dos madres tienen 16 hijos, la que está en blanco cobra por los 16, la que está en negro sólo por 5… No he escuchado quejas sobre ese tema.
Una última: a pesar de que la diferencia parece algo abstrusa, no es lo mismo re distribución del ingreso que re distribución de la riqueza, y les dejo como dato un excelente artículo de Eduardo Levy Yeyati en La Nación (https://www.lanacion.com.ar/1506025-ingreso-pobreza-y-riqueza).
Para hacerla fácil; la riqueza se mide en ahorro, cuánto tengo “amarrocado”, mientras que el ingreso es la plata que me entra. Si aumentan mis ingresos, como ha pasado en esta década, pero por imposibilidad de acceso a crédito hipotecario, por ejemplo, o estar fuera de los circuitos bursátiles, no puedo “amarrocar” nada, me gasto en consumo ese mayor ingreso y eso termina aumentando la riqueza… ¡de los sectores más altos! Y, en este sentido, el dólar en el colchón NO es una opción de ahorro, pero eso merece otra discusión y que la explique un economista, no un sociólogo. ¿Roitman, Papi, andan por ahí?
Claro que si no hay re distribución de ingreso no puede haber re distribución de riqueza, pero si no tomamos medidas que nos permitan a los de a pie que “amarroquemos” algo, ese mayor ingreso tarde o temprano se diluye: el LCD se rompe, el juego de living se gasta, la cena en el restaurant nos aportó algo de calorías extra que a veces cuesta hacer desaparecer pero que concretamente no es algo que podamos dejar a nuestros hijos, ¿se entiende?
Resumiendo provisoriamente
NUNCA dije que no tengamos de qué quejarnos, lo que digo es que nos fijemos DE QUÉ nos quejamos. Y claro que esta breve enumeración no agota de ningún modo el rosario de temas.
¿Corrupción? ¡Uf! La guita que se nos va en corrupción es monstruosa, pero lo peor del caso es que muchas veces la que se nos va en torpezas de gestión es muchísima más.
¿Información “arreglada”? Sí, claro, no seamos ingenuos: nunca escuché de ningún gobierno que no “retocara” un poco los datos, unos más y otros menos, pero para eso tenemos una cabeza para pensar si lo que nos están diciendo es cierto o es sanata y lo que es más: hasta qué punto nos afecta. Y una oposición que tiene la OBLIGACIÓN de remarcar los puntos ESENCIALES, y no los decorativos.
Por ejemplo, Moreno dice que la inflación anual es del 10% y ni siquiera se ríe mientras lo dice, (¡increíble!). Pero las paritarias rondan el 25%, que es la percepción que en general tenemos, así que… No digo que no esté mal, ¡claro que no me gusta!, pero la participación de salarios en el PBI ha crecido, con o sin IPC, entonces, ¿es este un tema CENTRAL, realmente central? Digo: en lo periodos en que el IPC se tocaba EN CONTRA nuestro –Cavallo en las distintas versiones-¿Alguien se quejaba de que se tocaba el IPC? ¿Qué, no sabían que el IPC SIEMPRE estuvo tocado, pero para beneficiar a los contratistas del estado mientras los sueldos estaban “congelados”?
¿No deberíamos -el gobierno, la oposición- centrarnos sobre el proceso de formación de precios y poner la lupa en los verdaderos responsables de la inflación, que no son tantos, a ver si de una vez por todas nos sacamos ese garrón de encima?
¿Autocracia, autoritarismo? La autocracia es un desviaciónn que sólo es posible cuando la oposición política lo permite, por eso insisto en que si no armamos una oposición “en serio”, nos estamos metiendo en un problema serio, muy serio. Y no tanto por lo que hay hoy, sino por lo que puede haber mañana. Por aquello de “Ahora están golpeando en mi puerta, pero ya es tarde”.
Y sostengo, entonces, que quienes tienen la obligación política de señalar estas cosas, en tanto que oposición, tienden a no hablar de “estas cosas”. ¿O no, o los han escuchado hablar de esto?
Los que siguen la prensa atentamente van a haber escuchado a cuadros del FAP o al Pino hablar algo de esto, pero “allá”, en el “otro país”, porque acá el FAP sigue pensando que juega en FEMEFA y no se han dado cuenta que el próximo partido es contra los All Blacks… Pero, ¿escucharon a Ricardito, a Mauricio, a Duhalde, a Lilita, et al?
Ahora bien, y repasando un poco la historia: San Martín, Juana Azurduy, Rosas, Emilio Civit, Irigoyen, Lencinas, Palacios, Evita, Perón… Pareciera que ninguno de los hombres y mujeres que forjaron los grandes cambios de este país y esta provincia fue demasiado “asambleísta” o democrático, ¿no es así? Si no, pregúntenle a nuestras “Patricias Mendocinas” que donaban joyas a punta de bayoneta… Y pienso: ¿no será un problema NUESTRO, esto de que si no tenemos un papá o una mamá que nos den de chicotazos no somos capaces de mover el tujes?
Dejo para la próxima (y última, espero) la tercera dimensión del problema: a veces parece que nos quejamos para pedir menos, en vez de pedir más…
