Opinión
Presos y countries: ¿algunos somos más iguales que otros?
Ley “Petri” e iniciativa de apertura de los countries, dos temas aparentemente alejados entre sí, pero que guardan una relación más estrecha de lo que aparentan.
George Orwell, más conocido por su “Gran Hermano” de “1984” que por su brillante “Rebelión en la Granja”, daba a esta imperdible narración el argumento de una revolución socialista en una granja (a imagen de la Rusia del ’17) y una posterior instalación stalinista con restricción de derechos para la inmensa mayoría. Para el que se la haya perdido: cuando todos los animales hacen la “revolución” la consigna, expresada en las pintadas de paredes es “Todos somos iguales”. Luego, cuando los cerdos stalinistas toman el control agregan a esa frase una más significativa: “pero algunos somos más iguales que otros”. Todos somos iguales, pero algunos somos más iguales que otros; ¿qué tal?
¿A qué viene esto? Creo sinceramente que si hay algo que inadvertidamente ha pasado a tomar el centro mismo de la discusión cotidiana en Argentina desde fines de la década pasada es el concepto de igualdad, y reconozco mi deuda con Adrián Buzzaqui por haberme hecho notarlo.
¿Igualdad? ¿Quién cornos discute de igualdad? Discutimos de inflación, de si Kristina es o no autoritaria, de cómo salir a la calle y no perecer en el intento, de los controles cambiarios, de la restricción a las importaciones, de bondis que no pasan cuando deben, de… No. Parece, pero no es así. A la larga siempre terminamos discutiendo de igualdad, siempre caemos a lo mismo y creo que es bueno que lo pongamos sobre la mesa de una vez por todas.
Veamos; hay amigos entrañables con los que casi no me junto porque hoy un café supondría una discusión áspera y no quiero tener una discusión fea con gente con la que hemos pasado por tantas. Desde hace un tiempo evito las reuniones familiares y, si voy, sobrevuela la consigna de no hablar de política, porque supondría una discusión áspera y no estamos dispuestos, etc.
Pero con mis amigos siempre hemos hablado de política por más que no acordáramos, en mi familia siempre se ha discutido de política por más que no acordáramos; ¿qué nos pasa, por qué semejante emotividad, y hasta violencia en las discusiones, cuando ninguno es, en principio, partidario “ciego” de ninguna posición?
¿Cuántos de los lectores se ven reflejados en esta descripción? ¿A cuántos les pasa que ya no pueden hablar con Pedro o con Pablo de política, porque “es imposible”?
Arriesgo una respuesta; tiro el guante y, por favor, recójanlo. Creo que sin darnos cuenta hemos caído en una situación que implica algo que no estamos exteriorizando, que no ponemos sobre la mesa: qué es lo que entendemos por igualdad, cuánta creemos que tiene que haber, quienes creemos que la “merecen” y quienes no.
Y volvamos al principio; Ley “Petri”. Yo soy sociólogo, no abogado, de modo que puedo tener alguna confusión en esto pero ¿no se está legislando provincialmente sobre un tema de jurisdicción nacional? En otras palabras; si se promulga la Ley, ¿cuánto tiempo va a pasar para que se la recurra por inconstitucional? Y de ser así, ¿para qué aprobar una ley inaplicable, para qué gastar tantas energías en discusiones que se sabe desde el principio que no nos llevan a ningún lado? ¡Ah, porque la sociedad lo demanda!
Mentira, eso es un engañapichanga, en buen romance, porque la sociedad NO demanda una ley inaplicable, sino que demanda (demandamos) mayor seguridad, salir a la calle con menos riesgo, vivir nuestra vida con menos riesgo. Pero no sabemos bien cómo, de modo que tomamos el camino que nos parece más fácil sin darnos cuenta de su contrasentido: restricción de derechos. A esos tipos les negamos el derecho a la educación, al trabajo, a la convivencia familiar y a quejarse a Magolla. ¿En serio alguien cree que esto pueda ayudar a solucionar la situación en vez de agudizar la contradicción? ¿Quiénes somos para negarle a otro argentino el derecho a la educación? ¿Algunos somos más iguales que otros?
Vamos a la otra: cualquiera puede pasearse por mi vereda en la 4ª, transitar mi calle, pasear por el barrio, venderme rifas o ajo, etc. ¿Por qué, entonces, la gran mayoría no podemos pasear por ciertas calles, caminar por ciertas veredas, etc.? ¿Algunos somos más iguales que otros?
Personalmente no me interesan los countries: si alguien quiere vivir en un bunker es problema suyo, no mío, pero no entiendo por qué si yo, la policía, los bomberos o una ambulancia tienen que pasar de La Estanzuela a Flor de Cuyo tiene que rodear “cierta” zona, porque no pueden atravesar “ciertas” calles. ¿Qué pasa si los vecinos de la 4ª decidimos que de Santiago del Estero hasta Pescadores es zona “cerrada”? Carpiendo nos sacan… ¿Algunos somos más iguales que otros?
Otra: hace unos días un grupo de comerciantes, sintiéndose amenazados por la posible instalación de “La Salada” en Mendoza pidieron una ley que les prohíba instalarse. ¿Una ley que LIMITE la libertad de comercio? ¿Qué limite el derecho constitucional al comercio, al trabajo? No pidieron un buen control fiscal, PIDIERON QUE SE LES NIEGUE UN DERECHO, porque tienen miedo. ¿Unos podemos comerciar (y evadir impuestos) y otros no? ¿Es que algunos somos más iguales que otros?
La última, aunque podríamos agregar dos mil ejemplos más: mucha gente (laburantes, incluso) se oponen a la Asignación Universal por Hijo porque consideran que es “alimentar vagos”. Cuando les explicás que la AUH no es más que el salario familiar que el estado nacional le paga al que trabaja en blanco, que ahora se le paga al que trabaja en negro o al desocupado, lo pueden admitir a regañadientes, pero exigen que “se los controle”, para ver que esa plata la gasten en los pibes y no en birra y faso (Ernesto Sánz dixit).
Y a vos, que trabajás en blanco, ¿también te tenemos que controlar qué hacés con el salario familiar? ¡NO, de ningún modo, eso sería un atropello a mis derechos! ¿Pero cómo, es que algunos somos más iguales que otros?
“… para nosotros, para nuestra posteridad y para cualquier hombre del mundo que quiera habitar en el suelo argentino…”
PARECE que estuviéramos de acuerdo con esta magna declaración, pero ¿hasta dónde realmente nos la bancamos? ¿En serio creemos que somos todos iguales, que tenemos los mismos derechos y obligaciones?
¿O es que algunos somos más iguales que otros?
