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Opinión

Mendoza, entre las tenazas de los populismos de izquierda y derecha en seguridad

"El falso debate sobre las excarcelaciones a los presos es una muestra gratis de un panorama más amplio y más grave", sostiene Gabriel Conte, director de MDZ.
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No hay un eje racional sobre el cual discutir la seguridad en Mendoza. Lejos quedó la firma de aquel Acuerdo por la Seguridad Democrática, transversal y prometedor, al que el ministro del área no fue por reunirse con policías antireformistas del sistema.

Se pensó que ese podría ser un buen punto en el que todas las carreteras por las que circulan los análisis sobre la seguridad/inseguridad convergieran. Se soñó con un desarrollo de la materia similar al alcanzado por los temas económicos, de modo tal de poder pelear, claro, pero utilizando índices tangibles y homologados, hacer pronósticos a futuro y monitorear el presente bajo parámetros sólidos.

Pero está claro que no ha sido posible. Los partidos políticos (tanto del gobierno como de la oposición) pasaron de aquella tristemente célebre "sensación de inseguridad" a  actuar y proponer en torno al asunto basándose ellos mismos en sus personalísimas sensaciones, cuando no, coincidiendo con el factor común de una sociedad malinformada al respecto, en lugar de orientarla asentándose en bases académicas y científicas.

El falso debate sobre las excarcelaciones a los presos es una muestra gratis de un panorama más amplio y más grave.

Populismos (en la acepción más pedestre del término y con perdón de Follari y Laclau) de derecha y de izquierda están haciéndose la América con un tema que sigue dejandovíctimas fatales y toneladas de denuncias sin hacer o bien, sin investigarse a fondo.

Desde un lado de la demagogía, la derecha prefiere mostrarse frunciendo el ceño, como ordenando el caos y, para ello, prefieren recortar libertades, exagerar situaciones, prometer que tronará el escarmiento...

Desde el otro, la alegría sin límites se atropella con los derechos del que, por los golpes de esa inseguridad que sí existe y que golpea, que no es una entelequia inventada por destituyentes, no puede reir.

La política mendocina ha quedado entrampada en una campaña proselitista permanente que no permite abordar la problemática con la seriedad que requiere para ser afrontada. Así, desde el Gobierno acumulan diversas corrientes, muchas veces contrapuestas, pero que abrevan en el mismo Gobernador: la que se alinea con las políticas de protección y ampliación de derechos, hasta los que justifican investigar a las víctimas, con tal de que nadie les quite su lugar en la conducción de los temas de Seguridad; desde los sectores más alineados con la política nacional, inclusive, los abolicionistas en materia penal, hasta los que acompañan a mostrar el rostro de los sospechosos, esos mismos que en cuestión de horas recuperan su dignidad, averiada, tras haber pasado por la insólita experiencia de ser perejiles.

Desde la oposición, el radicalismo ha decidido lanzarse a la conquista de un electorado que reacciona con simpleza frente a un hecho aberrante. Renunciando a su rol de promover "otra seguridad", la premisa pasa por agradar al oído del quejoso, y poco más que eso. Poco puede decirse de los demócratas, que la vez que tuvieron la oportunidad de demostrar cómo trabajaban, como su único capital, pusieron como jefe de la Policía a un ex comisario altamente cuestionado por su participación en el gobierno de la dictadura, especializado, precisamente, en la violación de los derechos constitucionales.

En estas antípodas más cercanas al cotillón que a la discusión de las políticas públicas se anotan los que hacen los informes nacionales sobre derechos humanos olvidándose de una buena cantidad de cosas que ocurren; los que se venden como "la alternativa" pero que cuando tuvieron la oportunidad, vendieron sus días de trabajo a los que ahora critican; los que se dicen defensores de las libertades civiles y buscan que las luces los enfoquen cercenándolas; los que esperan su turno agazapados para volver al pasado y los que disfrutan de los cargos públicos dejando que la inercia lo haga todo por ellos.

Mendoza está atrapada en un debate retórico que no conduce a nada. Está en cada mendocino averiguar cuál es la verdad, una vez más. Pero para ello es necesario estar atentos y no actuar como público, sino como parte.  Ni Vatayón Militante, ni candado a las cárceles: lo que corresponde, ni más ni menos.

Lo grave es que si la política no es la encargada de esclarecer la situación, si renuncia a ese rol en el marco de la democracia, lo que estará haciendo es cederle un lugar que le es propio a otros factores de poder.