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Opinión
Más importante que las respuestas, es saber hacer las preguntas correctas
Tengo 42 años y milito en la UCR desde los 16. Toda mi vida cruzada y protagonizada por la política, no sólo como actividad, si no como preocupación, ocupación, pasión y vocación. A lo largo de estos años algunas veces he estado orgullosa tanto de mi Partido como de mi País , otras me he enojado y otras tantas me he reconciliado. Lo digo aquí, al principio, porque creo que es honesto expresar el lugar ideológico desde el que se habla.
Los recuerdos más importantes de mi vida, además de los estrictamente personales, tienen una relación directa con el escenario político de cada momento. La militancia, la militancia siempre: en la Franja Morada Secundaria, en el 86, cuando rearmábamos los centros de estudiantes después de la negrísima dictadura; el paso a la Franja Morada en la Facultad de Ciencias Políticas, cuando trabajaba de moza de noche y estudiaba y militaba de día y junto con mis compañeros dábamos la vida por pegar el cartel mas grande. Y luego, la militancia y la participación directa en el Partido y en los espacios públicos que tuve el honor de ocupar.
Después de tantos años, puedo decir que nunca vi un escenario tan intencionalmente confuso como éste: veo a Estela Carlotto (con todo el enorme respeto y la admiración que me merece) compartiendo el mismo espacio político con De Vido y el ex SIDE Gererado Martínez; veo a la Presidenta, líder del gobierno “nacional y popular” sentada junto a los secretarios generales de la CGT más representativos de la década menemista; veo las declaraciones juradas de los funcionarios nacionales cuyas partes declaradas bastan para convertirlos en millonarios con una envidiable capacidad de ahorro; veo a una mujer luchadora y dueña de un dolor inconmensurable como Hebe de Bonafini sospechada de malversar fondos para construir casas, esparciendo una mancha sobre una organización tan cara a los argentinos como las Madres de Plaza de Mayo. Veo un país maniqueo, inmerso en una dicotomía inexistente. Pienso, y pasan frente a mis ojos, como una película, todos estos años:
- los multitudinarios actos de Alfonsín, sus brazos cruzados hacia un costado, la luz de la democracia recuperada refulgiendo en sus ojos y en los nuestros, niños, jóvenes, adultos y ancianos. Una luz de esperanza, de incredulidad de que fuera posible el fin de tanta humillación, tanto dolor, tanta tortura. Los afiches en las calles, “Más que una salida electoral, una entrada a la vida”. Recuerdo, como si fuera hoy (tenía 13 años, pero jamás me he olvidado de esa frase), su definición de liberalismo: “el liberalismo es la libertad del zorro libre para comerse libremente a las gallinas libres del gallinero libre”. Recuerdo también la tristeza del punto final y la obediencia debida, los militantes de la Franja tratando de entender lo que no entendíamos. Grinspun y el tratamiento político de la deuda externa, el juicio a las Juntas, el Plan de Democratización de la Cultura. Y la hiperinflación como un flagelo, los grupos económicos conspirando, la incertidumbre sin límites….La entrega anticipada del poder: cuánta pena, cuánta decepción, cuántas ilusiones perdidas.
- Menem, con su salariazo y la revolución productiva. Pero la realidad más dura: las privatizaciones indignantes, el desguace del Estado, la enajenación de la dignidad de nuestra identidad. El querer parecernos todo el tiempo a otros, con lo frustrante que eso era, porque era imposible, no nos parecíamos ni a Bush, ni al primer mundo. Nos parecíamos a nosotros mismos, pero teníamos que disfrazarnos, para ser modernos, para estar a la altura de los “nuevos tiempos”. Esa década tan triste, que impuso un sistema de valores tan vacuo, tan frívolo, que dejó tantos marginados. Esa cultura del éxito tan superficial: María Julia con sus tapados de piel, Adelina de Viola como abanderada privatizadora del Banco Hipotecario, Cavallo instaurando la falacia de que un peso era igual a un dólar; el Pacto de Olivos y la relección de Menem, la corrupción sin límites, el desempleo que azotaba como un látigo de terror en aquellos de más de 40 años, la precarización aboral, las computadoras en las escuelas sin electricidad. El fenómeno importantísimo y preocupante: la ultra derecha como tercera fuerza electoral nacional. El lugar que antes había ocupado el Partido Intransigente de Oscar Alende, ahora lo ocupaban cómplices y protagonistas del genocidio. Rico, Patti, Bussi, se presentaban a elecciones libres y democráticas, y ganaban…
La ilusión que terminó cuando se hizo difícil seguir pagando en cuotas….y laconvertibilidad que se agotaba.
- De la Rúa, como una brisa nueva, decente. Las manos juntas con Fenández Meijide y Chacho Alvarez. Un proyecto de país que trascendía a los partidos políticos, Una Alianza que nos hizo pensar que era posible un cambio real, que nos cobijó a muchos, deseosos de una esperanza. Una vuelta a lo real, a nosotros mismos a lo que era importante, no las fiestas, no los lujos- El grupo “Sushi”, con sus aires de renovación, lo serio contra lo fatuo. Pero no, sobrevino el imperio de la desorientación, del país sin rumbo. El riesgo país como termómetro cotidiano, como si entendiéramos de que se trataba, pero igual estábamos pendientes cada día de ese número fantasma. Cavallo otra vez. La banelco, la renuncia del Vicepresidente. Y el golpe final, el corralito a los ahorros de la clase media. Eso que fue realmente intolerable, entonces, el que se vayan todos, los cacerolazos, la renuncia del Presidente, el trueque, las asambleas barriales. Parecía que venía el caos. Pero no, sólo vinieron varios presidentes nuevos en menos de un mes. Uno de ellos, Eduardo Duhalde, cuya frase más lograda y esperada fue “el que depositó dólares recibirá dólares, el que depositó pesos recibirá pesos”, llamó a elecciones dando lugar a una nueva etapa en la historia argentina. Fuimos a votar, tranquila, mansamente, con el lomo sólo un poco más encorvado y la mirada sólo un poco más vidriosa.
- Después, elecciones muy particulares: el candidato del hasta entonces Presidente Duhalde, Néstor Kirchner, quedó segundo con el 22% de los votos. Superado por quien ganó una contienda para la Presidencia por tercera vez consecutiva: Carlos Menem. Menem no se presentó a la segunda vuelta, y Kirchner asumió la Presidencia. Yo, radical que no había votado a Kirchner, recuerdo aquel discurso del 2003 en la asamblea legislativa con emoción. No podía creer lo que escuchaba. El Estado de nuevo, la política, la ideología, otra vez en el escenario y en la agenda pública. Hubiera sido posible 5 meses antes pensar que se podía discutir, si quiera, si el correo debía ser privado o no?. La sola pregunta parecía fuera de lugar. No sólo se preguntó, se respondió con la estatización del correo, y más. Sobrevino un cambio de paradigma profundo, total, horizontal. Los derechos humanos otra vez ocupando el lugar que nunca debieron haber dejado de ocupar. El jefe del Ejército descolgando el cuadro de Videla de la ESMA (aunque se olvidaron de evocar Alfonsín). El Estado promotor y protagonista. La elección de adversarios que la mayoría de nosotros hubiéramos compartido. Muchos radicales, entre los que me encuentro, hubiéramos estado orgullosos si algún gobierno radical hubiera tomado medidas similares a ésas. También aparecieron la transversalidad, el desguace y la personalidad difusa de muchos partidos políticos. Una oposición desarticulada, que no alanzó a superarse a sí misma para pararse frente al nuevo escenario, asombrada porque les quitaban sus banderas, como si se pudiera quitar lo que se defiende con fuerza y convicción. En el medio, la muerte de Alfonsín, y las mismas multitudes que sonrieron felices cuando se fue del gobierno, fueron a despedir sus restos masivamente cuando se fue para siempre. Esa cosa tan argentina, tan desmemoriada, tan volátil, como si fuéramos impunes, como si todo nos pudiera ser perdonado.
- El fin del mandato de Kirchner y las elecciones ganadas por su esposa Cristina Fernández con un vicepresidente radical y con un capital político pocas veces visto en la historia política argentina. Cinco meses después la crisis del campo, la dilapidación de ese capital y la aparición de un sinfín de paradojas capaces de dibujarnos en la cara una sonrisa parecida a la de los payasos: esa boca tragicómica en la que se mezclan la risa y el llanto. La Sociedad Rural junto a la Federación Agraria, una enorme cantidad de gente en las calles junto a los terratenientes más importantes de la economía argentina, defendiendo cada uno lo suyo, sin entender ni compartir lo que defendía el otro, pero juntos. Un gobierno de millonarios abanderado en la lucha contra la oligarquía terrateniente. Una presidenta traicionada por su vicepresidente, un expresidente-esposo crispado, enojado, que pierde las elecciones legislativas en la Provincia de Buenos Aires, frente a un empresario multimillonario devenido en político peronista aliado con el mayor exponente de la derecha “no política- eficientista” de la Argentina. Un momento difícil, confuso. El ex presidente y su esposa Presidenta se encuentran en su peor momento en relación a la aceptación popular. Su imagen positiva es cada vez menor, y entonces muere Néstor Kirchner. Y su muerte lo santifica, y santifica a su viuda, la Presidenta, y la convierte en líder de una cruzada guerrera contra los “otros”, todos los otros. Otra vez la oposición anonadada, paralizada.
- Luego se reelige democrática y limpiamente a Cristina Fernández, con una abrumadora mayoría de votos que la legitima y fortalece. Con un candidato radical que hace una alianza electoral con De Narváez, dejándonos a nosotros, los que habíamos llorado de emoción con su discurso progresista y valiente, sorprendidos y perplejos. Desde su primer mandato hasta aquí llega la asignación universal por hijo, el matrimonio igualitario, los juicios a los genocidas, las computadoras para todos, la nacionalización de Aerolíneas y de YPF, la desaparición de las AFJP, los aumentos a los jubilados. Todo eso junto a las valijas de Antonini Wilson, de los negocios de De Vido (antes con Moyano, después sin Moyano), Cristóbal López y el juego, las tierras del Calafate, la Campora y sus militantes rentados, Boudou como vicepresidente leal pero sospechado por la justicia, la nacionalización de una empresa de quien se desconocen los dueños, Shoklender contra su ex madre adoptiva Hebe de Bonafini, todo junto, como en un triste rompecabezas burlezco.
Viendo esto, rápida y simplificadamente, la pregunta es: habiendo pasado y sobrevivido a tanto, a tanta locura, tanta contradicción, tanto espasmo, es lógico y sano que hoy nos pase lo que nos pasa, no será el momento de hacer consciente lo que deberíamos haber aprendido? ¿Cómo llegamos a esto? ¿Cómo es posible que, todavía, se burlen de nosotros diciéndonos por ejemplo que todos los periodistas de Clarín tienen las” manos manchadas se sangre”?, ¿Cómo pretenden hacernos creer que se puede vivir con 6 pesos diarios y que no hay inflación? ¿Por qué creen que no vamos a desconfiar si el Presidente de la AFIP ha incrementado su patrimonio 48 veces? ¿Qué es lo que ha permitido que alguien crea que se puede engañar tanto?. Alguien dijo alguna vez que más importante que las respuestas era saber hacerse las preguntas correctas. Tal vez no sean éstas, pero podría ser el momento oportuno para comenzar a preguntarnos algo en este sentido.
Después de tantos años, hoy estamos un poco distintos, un poco iguales. Lo distinto nos debe preocupar, lo igual nos debe avergonzar.
Lo que es distinto es este nuevo clima de enfrentamiento, esta intolerancia incipiente que está apareciendo y que se difunde entre nosotros. Antes unos estábamos de acuerdo y otros no. Pero conviviríamos. Podíamos discutir, podíamos pensar distinto, pero no nos convertíamos en enemigos del otro, no pasábamos a formar automáticamente un “otro grupo” Ahora no, ahora el país se ha dividido en “buenos” y en “malos”. Hay amigos que ya no lo son más, familiares que ya no se hablan, relaciones que se rompen. Después de lo que este país ha sufrido, es justo y serio que caigamos en una falacia tan irreal como premeditada y perfectamente articulada?. Yo no soy de las que piensan que hay que tolerar todo. No me sentaría a tomar un café con un defensor de Hitler, y tampoco saludaría a algún pariente torturador. Pero es una falta de respeto a tantos miles que dieron su vida por una lucha colectiva elevar estas discrepancias a la categoría de antinomias ideológicas fundamentales. Muchos culpan al Gobierno por haber instalado esta división, esta dicotomía. Pero por más que la Presidenta haga todo lo que está a su alcance para lograr construir este escenario, los argentinos podemos pensar. Entonces, cuánto hay de responsabilidad nuestra, de rasgos de nuestra personalidad? Esa personalidad que se movilizó el 30 de marzo de 1982 contra la Dictadura y que tres días después vitoreó a Galtieri por la recuperación de Malvinas. Esa personalidad que miró para el costado cuando desaparecían nuestros vecinos, la que echó e insultó a Alfonsín y que cuando murió lo acompañó apabullantemente, la que nunca votó a Menem. Esa personalidad tan poco personal, que hace que sea tan fácil que nos lleven por delante. Esa costumbre de no ahondar, de no reflexionar demasiado, de dejarnos seducir por los títulos sin analizar los contenidos.
Lo peor, lo más peligroso, es que este falso maniqueísmo oculta lo que siempre sigue igual, lo que no cambia nunca, lo que debería avergonzarnos. Me avergüenza a mí, con mi vida entera dedicada a la política. No ha cambiado la pobreza, la mirada triste de los niños pobres. Los ojos tímidos de los adolescentes que no estudian porque tienen que llevar un plato de comida a sus casas. Las manos callosas de los ancianos desprotegidos en las casas que se llueven. Las bocas sin dientes de las mujeres cansadas de tanta carencia. Las calles de tierra y basura en la que aprenden a gatear los bebés, la injusticia como dada, como imposible de modificar. La humillación permanente del que no tiene qué comer, la vulneración cotidiana de los derechos más básicos de los que no saben ni pueden defenderse. A ellos no les importa el cepo al dólar, ni si Clarín miente, ni quién debe hacerse cargo de los subtes, ni quien imprime los billetes de 100 pesos, ni estos nuevos “relatos” llenos de un discurso simbólico perfectamente estructurado pero totalmente contradicho por las bofetadas que llenan la vida real de millones de argentinos. Esta pobreza, ni hablar de la indigencia, es estructural. Estos pobres de hoy van a tener hijos y nietos pobres mañana. Ese es el verdadero escándalo, y nadie habla de eso. Esa es la verdadera disyuntiva: un país con pobreza o un país sin pobreza.
¿No será, también y al mismo tiempo que la oposición, sector en el que políticamente me ubico, no logra entender lo que está ocurriendo y no alcanza a dar el salto cualitativo necesario para enfrentar un escenario nuevo con herramientas nuevas?
Los que nos aún nos conmovemos con la inequidad , los que recordamos los motivos por los cuales un día comenzamos a militar, los que creemos en la acción política como herramienta de transformación honesta, debemos tomar conciencia de que estamos frente a un gran peligro: estamos permitiendo que se vacíe de contenido la lucha contra la desigualdad y la injusticia. Estamos inmersos en una pelea falaz, estéril y mentirosa. Con nuestras viejas prácticas, con nuestra timidez para diferenciarnos ideológicamente, no sólo del gobierno si no también de otros sectores opositores, estamos permitiendo que se desvirtúen todas las luchas de tantos años. Estamos permitiendo que tome forma real una enorme paradoja: frente a lo implacable de la simbología y del discurso oficial nosotros, los que creemos que no se puede ser progresista y deshonesto al mismo tiempo, permitimos, como acomplejados, entrampados, que se nos coloque en el mismo lugar de los que critican a este gobierno desde el antiperonismo “gorila”. Nosotros no pensamos así, no somos eso. Es un lugar en el que debemos prohibir que se nos coloque, porque no estamos allí, nunca lo estuvimos, y no debemos estarlo jamás.
Somos muchos los que pensamos así: militantes o simpatizantes de la UCR, del socialismo, de sectores progresista del peronismo, de Libres del Sur, de la CTA, etc. Tal vez sea la hora de conversar, de imaginar algo nuevo, algo distinto, algo mejor, para trabajar juntos, o para oxigenar a nuestros propios partidos. Tenemos que dejar de culpar a los otros como única explicación. Mirarnos hacia adentro, aprender, estudiar y hablar de los temas que mejoren la vida cotidiana de la gente, estructural, seriamente Si no tomamos conciencia de la particularidad de estos tiempos, lo que viene después, es la derecha, enmascarada de eficiencia y de sentido común. Y lo que hasta ahora es igual que antes, va a seguir igual, o peor.
Natacha Eisenchlas
Concejal U.C.R.
Ciudad de Mendoza
La ilusión que terminó cuando se hizo difícil seguir pagando en cuotas….y laconvertibilidad que se agotaba.
- De la Rúa, como una brisa nueva, decente. Las manos juntas con Fenández Meijide y Chacho Alvarez. Un proyecto de país que trascendía a los partidos políticos, Una Alianza que nos hizo pensar que era posible un cambio real, que nos cobijó a muchos, deseosos de una esperanza. Una vuelta a lo real, a nosotros mismos a lo que era importante, no las fiestas, no los lujos- El grupo “Sushi”, con sus aires de renovación, lo serio contra lo fatuo. Pero no, sobrevino el imperio de la desorientación, del país sin rumbo. El riesgo país como termómetro cotidiano, como si entendiéramos de que se trataba, pero igual estábamos pendientes cada día de ese número fantasma. Cavallo otra vez. La banelco, la renuncia del Vicepresidente. Y el golpe final, el corralito a los ahorros de la clase media. Eso que fue realmente intolerable, entonces, el que se vayan todos, los cacerolazos, la renuncia del Presidente, el trueque, las asambleas barriales. Parecía que venía el caos. Pero no, sólo vinieron varios presidentes nuevos en menos de un mes. Uno de ellos, Eduardo Duhalde, cuya frase más lograda y esperada fue “el que depositó dólares recibirá dólares, el que depositó pesos recibirá pesos”, llamó a elecciones dando lugar a una nueva etapa en la historia argentina. Fuimos a votar, tranquila, mansamente, con el lomo sólo un poco más encorvado y la mirada sólo un poco más vidriosa.
- Después, elecciones muy particulares: el candidato del hasta entonces Presidente Duhalde, Néstor Kirchner, quedó segundo con el 22% de los votos. Superado por quien ganó una contienda para la Presidencia por tercera vez consecutiva: Carlos Menem. Menem no se presentó a la segunda vuelta, y Kirchner asumió la Presidencia. Yo, radical que no había votado a Kirchner, recuerdo aquel discurso del 2003 en la asamblea legislativa con emoción. No podía creer lo que escuchaba. El Estado de nuevo, la política, la ideología, otra vez en el escenario y en la agenda pública. Hubiera sido posible 5 meses antes pensar que se podía discutir, si quiera, si el correo debía ser privado o no?. La sola pregunta parecía fuera de lugar. No sólo se preguntó, se respondió con la estatización del correo, y más. Sobrevino un cambio de paradigma profundo, total, horizontal. Los derechos humanos otra vez ocupando el lugar que nunca debieron haber dejado de ocupar. El jefe del Ejército descolgando el cuadro de Videla de la ESMA (aunque se olvidaron de evocar Alfonsín). El Estado promotor y protagonista. La elección de adversarios que la mayoría de nosotros hubiéramos compartido. Muchos radicales, entre los que me encuentro, hubiéramos estado orgullosos si algún gobierno radical hubiera tomado medidas similares a ésas. También aparecieron la transversalidad, el desguace y la personalidad difusa de muchos partidos políticos. Una oposición desarticulada, que no alanzó a superarse a sí misma para pararse frente al nuevo escenario, asombrada porque les quitaban sus banderas, como si se pudiera quitar lo que se defiende con fuerza y convicción. En el medio, la muerte de Alfonsín, y las mismas multitudes que sonrieron felices cuando se fue del gobierno, fueron a despedir sus restos masivamente cuando se fue para siempre. Esa cosa tan argentina, tan desmemoriada, tan volátil, como si fuéramos impunes, como si todo nos pudiera ser perdonado.
- El fin del mandato de Kirchner y las elecciones ganadas por su esposa Cristina Fernández con un vicepresidente radical y con un capital político pocas veces visto en la historia política argentina. Cinco meses después la crisis del campo, la dilapidación de ese capital y la aparición de un sinfín de paradojas capaces de dibujarnos en la cara una sonrisa parecida a la de los payasos: esa boca tragicómica en la que se mezclan la risa y el llanto. La Sociedad Rural junto a la Federación Agraria, una enorme cantidad de gente en las calles junto a los terratenientes más importantes de la economía argentina, defendiendo cada uno lo suyo, sin entender ni compartir lo que defendía el otro, pero juntos. Un gobierno de millonarios abanderado en la lucha contra la oligarquía terrateniente. Una presidenta traicionada por su vicepresidente, un expresidente-esposo crispado, enojado, que pierde las elecciones legislativas en la Provincia de Buenos Aires, frente a un empresario multimillonario devenido en político peronista aliado con el mayor exponente de la derecha “no política- eficientista” de la Argentina. Un momento difícil, confuso. El ex presidente y su esposa Presidenta se encuentran en su peor momento en relación a la aceptación popular. Su imagen positiva es cada vez menor, y entonces muere Néstor Kirchner. Y su muerte lo santifica, y santifica a su viuda, la Presidenta, y la convierte en líder de una cruzada guerrera contra los “otros”, todos los otros. Otra vez la oposición anonadada, paralizada.
- Luego se reelige democrática y limpiamente a Cristina Fernández, con una abrumadora mayoría de votos que la legitima y fortalece. Con un candidato radical que hace una alianza electoral con De Narváez, dejándonos a nosotros, los que habíamos llorado de emoción con su discurso progresista y valiente, sorprendidos y perplejos. Desde su primer mandato hasta aquí llega la asignación universal por hijo, el matrimonio igualitario, los juicios a los genocidas, las computadoras para todos, la nacionalización de Aerolíneas y de YPF, la desaparición de las AFJP, los aumentos a los jubilados. Todo eso junto a las valijas de Antonini Wilson, de los negocios de De Vido (antes con Moyano, después sin Moyano), Cristóbal López y el juego, las tierras del Calafate, la Campora y sus militantes rentados, Boudou como vicepresidente leal pero sospechado por la justicia, la nacionalización de una empresa de quien se desconocen los dueños, Shoklender contra su ex madre adoptiva Hebe de Bonafini, todo junto, como en un triste rompecabezas burlezco.
Viendo esto, rápida y simplificadamente, la pregunta es: habiendo pasado y sobrevivido a tanto, a tanta locura, tanta contradicción, tanto espasmo, es lógico y sano que hoy nos pase lo que nos pasa, no será el momento de hacer consciente lo que deberíamos haber aprendido? ¿Cómo llegamos a esto? ¿Cómo es posible que, todavía, se burlen de nosotros diciéndonos por ejemplo que todos los periodistas de Clarín tienen las” manos manchadas se sangre”?, ¿Cómo pretenden hacernos creer que se puede vivir con 6 pesos diarios y que no hay inflación? ¿Por qué creen que no vamos a desconfiar si el Presidente de la AFIP ha incrementado su patrimonio 48 veces? ¿Qué es lo que ha permitido que alguien crea que se puede engañar tanto?. Alguien dijo alguna vez que más importante que las respuestas era saber hacerse las preguntas correctas. Tal vez no sean éstas, pero podría ser el momento oportuno para comenzar a preguntarnos algo en este sentido.
Después de tantos años, hoy estamos un poco distintos, un poco iguales. Lo distinto nos debe preocupar, lo igual nos debe avergonzar.
Lo que es distinto es este nuevo clima de enfrentamiento, esta intolerancia incipiente que está apareciendo y que se difunde entre nosotros. Antes unos estábamos de acuerdo y otros no. Pero conviviríamos. Podíamos discutir, podíamos pensar distinto, pero no nos convertíamos en enemigos del otro, no pasábamos a formar automáticamente un “otro grupo” Ahora no, ahora el país se ha dividido en “buenos” y en “malos”. Hay amigos que ya no lo son más, familiares que ya no se hablan, relaciones que se rompen. Después de lo que este país ha sufrido, es justo y serio que caigamos en una falacia tan irreal como premeditada y perfectamente articulada?. Yo no soy de las que piensan que hay que tolerar todo. No me sentaría a tomar un café con un defensor de Hitler, y tampoco saludaría a algún pariente torturador. Pero es una falta de respeto a tantos miles que dieron su vida por una lucha colectiva elevar estas discrepancias a la categoría de antinomias ideológicas fundamentales. Muchos culpan al Gobierno por haber instalado esta división, esta dicotomía. Pero por más que la Presidenta haga todo lo que está a su alcance para lograr construir este escenario, los argentinos podemos pensar. Entonces, cuánto hay de responsabilidad nuestra, de rasgos de nuestra personalidad? Esa personalidad que se movilizó el 30 de marzo de 1982 contra la Dictadura y que tres días después vitoreó a Galtieri por la recuperación de Malvinas. Esa personalidad que miró para el costado cuando desaparecían nuestros vecinos, la que echó e insultó a Alfonsín y que cuando murió lo acompañó apabullantemente, la que nunca votó a Menem. Esa personalidad tan poco personal, que hace que sea tan fácil que nos lleven por delante. Esa costumbre de no ahondar, de no reflexionar demasiado, de dejarnos seducir por los títulos sin analizar los contenidos.
Lo peor, lo más peligroso, es que este falso maniqueísmo oculta lo que siempre sigue igual, lo que no cambia nunca, lo que debería avergonzarnos. Me avergüenza a mí, con mi vida entera dedicada a la política. No ha cambiado la pobreza, la mirada triste de los niños pobres. Los ojos tímidos de los adolescentes que no estudian porque tienen que llevar un plato de comida a sus casas. Las manos callosas de los ancianos desprotegidos en las casas que se llueven. Las bocas sin dientes de las mujeres cansadas de tanta carencia. Las calles de tierra y basura en la que aprenden a gatear los bebés, la injusticia como dada, como imposible de modificar. La humillación permanente del que no tiene qué comer, la vulneración cotidiana de los derechos más básicos de los que no saben ni pueden defenderse. A ellos no les importa el cepo al dólar, ni si Clarín miente, ni quién debe hacerse cargo de los subtes, ni quien imprime los billetes de 100 pesos, ni estos nuevos “relatos” llenos de un discurso simbólico perfectamente estructurado pero totalmente contradicho por las bofetadas que llenan la vida real de millones de argentinos. Esta pobreza, ni hablar de la indigencia, es estructural. Estos pobres de hoy van a tener hijos y nietos pobres mañana. Ese es el verdadero escándalo, y nadie habla de eso. Esa es la verdadera disyuntiva: un país con pobreza o un país sin pobreza.
¿No será, también y al mismo tiempo que la oposición, sector en el que políticamente me ubico, no logra entender lo que está ocurriendo y no alcanza a dar el salto cualitativo necesario para enfrentar un escenario nuevo con herramientas nuevas?
Los que nos aún nos conmovemos con la inequidad , los que recordamos los motivos por los cuales un día comenzamos a militar, los que creemos en la acción política como herramienta de transformación honesta, debemos tomar conciencia de que estamos frente a un gran peligro: estamos permitiendo que se vacíe de contenido la lucha contra la desigualdad y la injusticia. Estamos inmersos en una pelea falaz, estéril y mentirosa. Con nuestras viejas prácticas, con nuestra timidez para diferenciarnos ideológicamente, no sólo del gobierno si no también de otros sectores opositores, estamos permitiendo que se desvirtúen todas las luchas de tantos años. Estamos permitiendo que tome forma real una enorme paradoja: frente a lo implacable de la simbología y del discurso oficial nosotros, los que creemos que no se puede ser progresista y deshonesto al mismo tiempo, permitimos, como acomplejados, entrampados, que se nos coloque en el mismo lugar de los que critican a este gobierno desde el antiperonismo “gorila”. Nosotros no pensamos así, no somos eso. Es un lugar en el que debemos prohibir que se nos coloque, porque no estamos allí, nunca lo estuvimos, y no debemos estarlo jamás.
Somos muchos los que pensamos así: militantes o simpatizantes de la UCR, del socialismo, de sectores progresista del peronismo, de Libres del Sur, de la CTA, etc. Tal vez sea la hora de conversar, de imaginar algo nuevo, algo distinto, algo mejor, para trabajar juntos, o para oxigenar a nuestros propios partidos. Tenemos que dejar de culpar a los otros como única explicación. Mirarnos hacia adentro, aprender, estudiar y hablar de los temas que mejoren la vida cotidiana de la gente, estructural, seriamente Si no tomamos conciencia de la particularidad de estos tiempos, lo que viene después, es la derecha, enmascarada de eficiencia y de sentido común. Y lo que hasta ahora es igual que antes, va a seguir igual, o peor.
Natacha Eisenchlas
Concejal U.C.R.
Ciudad de Mendoza