Opinión
Mi carta a Román
Vos no me conocés, no sabes quién soy, pero yo sí. Yo te conozco, te sigo y te admiro, como jugador y como persona. Y se que me querés porque formo parte de ese montón de personas que has hecho feliz por más de una década, de esa inmensidad de personas que somos la mitad más uno del país.
Te tengo que agradecer tanto Román. Creo que vos sos la principal persona que no me deja crecer. Tengo 21 años, estudio, y cada vez siento la vida más pesada, con más responsabilidades y más cargas. Pero hay algo que hasta hace unas horas no me lo sacaba nada. Ni el trabajo, ni el estudio, nada. Y es el placer de verte acariciar la pelota con tu suela derecha todos los domingos. Me sentaba en frente del televisor (soy de Mendoza por eso no es común que vaya a la cancha) y me olvidaba de todo, y disfrutaba, te disfrutaba. Los problemas desaparecían, me volvía un niño, admirando a su superhéroe. Sobre todo quiero agradecerte éso Román, porque seguramente estás acostumbrado a que te digan lo mucho que has sido para Boca, sos ídolo de todos los hinchas, todos te queremos en casa. Pero que te diga eso no es nada nuevo.
Lo que quiero que sepas es que más allá de los éxitos, los triunfos, has dejado algo más Román. Has dejado una marca en el fútbol y hay muchísimos grandes y talentosos de este deporte, pero no todos dejan una marca, su huella, su sello.
Enseñaste, Juan Román, enseñaste tanto. Enseñaste que es mejor el más rápido, el rápido de cabeza. Enseñaste que el fútbol es más lindo cuando se disfruta, no cuando se lo sufre. Que no hay mejor forma de defender que teniendo la pelota. Por eso no le voy a perdonar en mi vida a Pekerman el haberte sacado en el mundial 2006, cuando con la pelota en tu suela, los alemanes no podían tocarla. ¡Y cómo jugaba ese equipo!
Creo que los bosteros de mi generación van a coincidir conmigo, en que todos nos criamos con vos. Yo, Román, me siento tu hermano. Debutaste cuando yo tenía 5 años y cuando tenía 10, ya hacía el topogigio con mis amigos. Le lloré a mi vieja para faltar a inglés ese 28 de noviembre para ver el partido del pase a Palermo contra el Real en Japón. Empecé a ver al Barcelona por vos, hasta cuando no jugabas, esperando que entrés. Vi todos los partidos del Villareal, hasta lloré con el penal errado al Arsenal, una cosa de las más injustas que vi.
La selección… Ay! la selección. Ahí es cuando me he sentido el amigo más egoísta de todos. Qué bárbaro. Ahí sí que nunca pude entender. Sé que son cosas tuyas, y razones te sobrarán, pero qué ganas de verte jugar otro mundial. Demuestra la persona que sos, demuestra que sos capaz de todo por hacer honor a los pilares que sostienen tu vida. Y así lo demostraste con la primera renuncia al seleccionado por los temas de salud de tu vieja. Y en mi opinión, así también es esta última decisión. Sé que si es por temas personales no va a salir a la luz. Todos hablarán, pero de tu boca no va a salir una sola palabra de más. De eso estoy seguro.
Y después volviste, y la rompiste en el 2007, y te fuiste y volviste nuevamente, siempre a nuestro lado. En las buenas, en las malas.
Y finalmente llegó el 4 de julio, el día en que no te veremos más con la remera xeneize. Y anoche me di cuenta cuando te escuchaba, que, sin ser exagerado, se va parte de mi vida. Porque desde que tengo memoria estás al lado mío. Porque crecí con vos.
Por eso te digo Román, que siento que en este momento le estoy escribiendo a mi mejor amigo, a una persona cercana, y es que así nos has hecho sentir a los hinchas de Boca. Le escribo a un amigo que se va, que sé que siempre va a estar en mi corazón, pero ya no lo voy a ver tan seguido, ya no me va a visitar los domingos a la hora del mate y del truco. Pero siempre va a estar.
Los hinchas de Boca te queremos Román, y siempre vas a seguir en lo más profundo de nosotros. No me quedo con el caño a Yepés, ni el pase de la final intercontinental, ni los dos goles al Gremio. Me quedo con las cosas que te hacen realmente grande y lo que ha motivado que seas mi ídolo. Me quedo con la actitud de no ventilar cosas del vestuario, de no responder provocaciones, de priorizar a la familia por sobre todas las cosas de la vida; no dejar pisotear nuestros principios por intereses (dicho de otro modo la aplicación perfecta de la máxima “el fin no justifica los medios”).
No quería tocar el tema. Sé que son decisiones y que yo te diga algo no va a cambiar nada, pero quiero que sepas que si decidís quedarte o volver, solamente vas a llenar de alegría al pueblo boqueases.
Ojalá sea un “hasta pronto”.
