Opinión
Jesús de Nazareth, ¿figura mitológica o persona real?
Día vendrá en que el engendramiento de Jesús por el Supremo Hacedor
como su padre, en el vientre de una virgen, será clasificado junto
a la fábula de la generación de Minerva en el cerebro de Júpiter
Thomas Jefferson
Mejor ahorremos los preámbulos y vamos directo al grano porque tengo mucha información y reflexiones para compartir con Uds.
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El cristianismo lo sabe bien y por eso ya desde sus primeros tiempos ha hecho importantes esfuerzo por encontrar algún rastro extra-religiosa de la existencia histórica de su supuesto fundador. Sin éxito, cabe aclarar. Y ante la perspectiva de ese fracaso no sorprende que haya caído (como veremos a continuación) en la tentación de tergiversar testimonios, cuando no en la tentación de falsificarlos directamente [1].
Quizás el mejor ejemplo de tergiversación de testimonios sobre la existencia de Jesús sea el pasaje “Sanedrín 43ª” de la Mishná (Talmud Babilónico). Según los apologistas cristianos, tal pasaje hace referencia explícita a un “Jesús de Nazareth”. Pero no es cierto. La verdad es que no menciona a ningún Yeshua Ha’Nazaret (el nombre de Jesús en arameo) sino a un tal Yeshú Ha’Notzri, que vivió entre los años 110 y 70 ac (o sea, mas un siglo antes de la supuesta época del Jesús bíblico). Pero el nombre y las fechas no son los únicos datos discordantes con la historia bíblica. Resulta que el tal Yeshú A-Notzri no tenía doce seguidores ¡¡sino sólo cinco!!, su juicio no duro dos días ¡¡sino cuarenta!!, no fue condenado por blasfemia ¡¡sino por brujería!! y no murió crucificado ¡¡sino ahorcado!! ¿Cómo llegaron los apologistas cristianos a la conclusión que el pasaje “Sanedrín 43ª” se refiere sí o sí al Jesús bíblcio? No lo se, aunque por lo visto parece más una expresión de deseos que otra cosa.
En cuanto a la falsificación de testimonios, el mejor ejemplo es –por lejos– un famoso párrafo que aparece en el libro “Antigüedades de los Judios”, del escritor judeo-romano Flavio Josefo.
Ahí puede leerse: “Para este tiempo vivió Jesús, un hombre sabio, si es que se le puede llamar hombre. Porque llevó a cabo obras extraordinarias y fue maestro de los que aceptan bien dispuestos la verdad. Se ganó a muchos judíos y a muchos de los griegos. Fue el Mesías. Cuando fue acusado por los principales de entre nosotros y Pilatos lo condenó a ser crucificado, los que le habían amado originalmente no dejaron de hacerlo; porque se les apareció al tercer día, vuelto a la vida, como los profetas de la Deidad habían profetizado, además de otras maravillas acerca de él”.
Los historiadores y filólogos han sospechado siempre de la autenticidad de este párrafo [2]. Pero tales sospechas no pudieron ser confirmada sino hasta finales de la década de 1990 gracias a las investigaciones de Timothy Freke, quién demostró que la mención de Josefo sobre Jesús no aparece en ninguna copia de "Antigüedades..." anteriores al siglo IV. Es decir, fue agregada por algún cristiano inescrupuloso (presumiblemente Eusebio de Cesaréa) en algún momento del siglo III. Se trata, pues, de un burdo fraude.
Y suponiendo que no fuera fraudulento, el pasaje en cuestión de todos modos no calificaría como evidencia de la existencia histórica de Jesús. Flavio Josefo nació en el año 37 (cuatro años después de la supuesta crucifixión) y escribió “Antigüedades...” en torno al año 93 (sesenta años después de la supuesta crucifixión); dos generaciones separan a Josefo de la supuesta época de Jesús y, por lo tanto, no pudo ser testigo ocular de la supuesta vida y obra de aquel.
No hay entonces testimonios directos de la existencia de un palestino del siglo I llamado Jesús de Nazareth ni de sus prodigios extraordinarios. Y eso resulta muy extraño porque entre los años 1 y 33 de nuestra era (el lapso que supuestamente duró el paso de Jesús por la Tierra) tenemos viviendo en el Imperio Romano a más de cincuenta escritores, filósofos e historiadores importantes. Algunos de ellos incluso nacieron en la propia Palestina o vivieron en Jerusalén, como Justo de Tiberia o Apión de Alejandría. Pero nada. Silencio de radio absoluto en estas potenciales fuentes.
¿A ninguno le llegó el rumor de –por ejemplo– la multiplicación de los panes y los peces, aunque supuestamente fue presenciado por cinco mil personas? ¿Ninguno escuchó algún rumor sobre los enfermos que Jesús curó en el Templo de Jerusalén frente al gentío? ¿Y los muertos que (a lo “Thriller” de Michael Jackson) se levantaron de sus tumbas y deambularon por las calles de Jerusalén tras la muerte de Jesús, según cuenta el Evangelio de Mateo? ¿No se hubieran esparcido como reguero las noticias sobre un hecho tan singular y asombroso? ¿Y a qué persona con sangre en las venas y una pizca de curiosidad no le hubieran entrado ganas locas de averiguar más o registrar lo que escuchaba? ¿Por qué entonces, y misteriosamente, ninguna fuente calificada menciona menciona nada aunque sea de pasada?
Los cristianos intentan contrarrestar este llamativo silencio de las fuentes contemporáneas en torno a la vida y obra de Jesús argumentando que la existencia del 99,9999999 % de las personas suele pasar desapercibida para sus contemporáneos. Ciertamente. Pero yo me pregunto, ¿acaso el 99, 9999999 % de las personas tienen el don de multiplicar panes y peces por miles? ¿Acaso el 99, 9999999 % de las personas tiene el don de resucitar muertos o de hacer ver a los ciegos? Obviamente no. ¿De qué me hablan entonces? En caso de haber existido, Jesús no era el tipo de personas que podía pasar desapercibida. Y parece que tampoco lo deseaba porque, si le hacemos caso a la Biblia, tenía el cuidado de realizar sus prodigios extraordinarios frente a grandes multitudes.
Evidentemente la teoría del “anonimato” no explica por qué las fuentes contemporáneas guardan estricto silencio en torno a la supuesta vida y obra de Jesús. Y ni bien se los hago notar, los cristianos se apresuran a sacar otro as de la manga: la teoría del “complot”. Según ésta, el “mensaje” de Jesús no convenía a Roma (el poder dominante durante su supuesta época) y por eso el establishment trató sistemáticamente de acallarlo. De allí, según dicen, que las fuentes no lo mencionen.
Tampoco cierra. Simón bar Kobja, por ejemplo, fue un líder mesiánico palestino del siglo II que predicaba abiertamente contra Roma y, de hecho, organizó un gran levantamiento con sus seguidores. Sin embargo, las fuentes romanas nos hablan de él. De suerte que, por lo visto, oponerse al poder dominante no era motivo para no ser mencionado en las fuentes.
Pero pensémoslo detenidamente. Resulta que Jesús ni siquiera se oponía a Roma. Según Mateo 22:21, predicaba que había que darle al César (un monarca invasor que había impuesto su dominio por la fuerza) lo que es del César. No sólo no denunciaba al Imperio Romano sino que incluso invitaba a sus seguidores a subordinarse y ser dóciles con él. ¿En qué sentido no le convenía a Roma el mensaje de Jesús? A mi me parece que todo lo contrario. Era muy conveniente y de grandísima utilidad. ¿Por qué entonces el establishment habría de querer acallarlo en vez, por ejemplo, de alentarlo y patracinarlo?
En fin. Todo indica que la absoluta carencia de testimonios contemporáneos sobre la vida y obra de Jesús no se debe a que éste haya pasado desapercibido o lo acallaran.... sino simplemente a que no existió. Es un mito; un producto de la imaginación.
Ahora bien: ¿cómo se formó el mito de Jesús? Debo confesar que no sabría responderlo con precisión, amigos lectores. No obstante, puedo compartir con ustedes algunos datos que quizás los ayude a formarse una idea por sí mismos:
A- Un siglo antes de la supuesta época de Jesús circulaba en Palestina las historias sobre un “mesías” llamado Simón de Perea, que supuestamente murió a manos de los romanos y resucitó al tercer día.
B- En la última parte del siglo I y la primera parte del siglo II (cuando empiezan a circular las historias sobre Jesús) eran extremadamente comunes las leyendas sobre Dios embarazando mujeres de carne y hueso... para procrear semi-dioses (es decir, mitad hombre mitad deidad como el supuesto fundador del cristianismo).
C- Algunos de esos "semidioses" habrían nacido de una virgen (Dionisio, Hércules, Adonis y Attis), resucitaron de entre los muertos al tercer día (Attis, Osiris y Dionisio), bajaron al infierno (Hércules y Dionisio) y murieron crucificados (Dionisio y Osiris) [3].
D-En la última parte del siglo I y la primera parte del siglo II, uno de los cultos paganos más populares en Roma era el ancestral culto Persa al semidiós Mitra que, según sus seguidores, había nacido en una cueva y descendió del cielo como hombre para salvar a la humanidad de sus pecados. Fue, además, sepultado en una tumba y resucitó, acontecimiento que se celebraba con cenas sacramentales. Y atención: las comidas sagradas eran pan y vino, ¡símbolos del cuerpo y sangre de Dios!
Quizás sea, amigo lector, la primera vez que se topa con la información de esta nota. Y puede Ud. inhibirse y mirar para otro lado... o llevarla a sus conclusiones lógicas (obviamente queda en sus manos). Eso sí: ya nunca –jamás de los jamases– podrá volver a decir que no la conoce ni escucho hablar de ella.
NOTAS
[1] Se me ha preguntado varias veces si los propios textos bíblicos donde aparecen narradas las historias sobre Jesús no califican como evidencia de la existencia de aquel. La respuesta es un rotundamente negativa. Básicamente porque (según los especialistas) dichos textos fueron escritos unos cien años después de la supuesta crucifixión. Y si tenemos en cuenta que en la Palestina de aquella época la esperanza de vida no superaba los treinta y cinco años de edad, eso equivale a casi tres generaciones desaparecidas entre medio; muy lejos de los presumibles testigos oculares. Son testimonios demasiado indirectos y descentrados y, consecuentemente, demasiado poco fiables. Simplemente no demuestran la existencia de Jesús. Sólo demuestran que a finales el siglo I ya circulaban historias sobre Jesús, que no es lo mismo.
[2] La principal fuente de sospecha era el hecho que el párrafo desentona fuertemente con el resto de la obras de Josefo. ¿Por qué? Este autor escribió unos treinta volúmenes y en ninguna otra parte habla del “mesías” ni la necesidad de uno. Y además deja bien claro que le desagradan las figuras mesiánicas. De hecho menciona una serie de ellas pero sólo para denostarlas definiéndolas como elementos problemáticos que (si se me permite la licencia lingüística) “engatusaban” a la gente. Josefo no sólo no cree en la idea de “mesías” sino que tampoco le gusta. Así que no tiene absolutamente ningún sentido que de golpe, de la nada, escriba un pasaje donde llama a Jesús “mesías” y en términos tan halagüeños.
[3] De hecho los críticos paganos del primer cristianismo se quejaban de que la figura de Jesús no era más que un reflejo pálido de los semidioses greco-latinos. Como es natural, estas criticas llenaron de preocupación a los primeros Padres de la Iglesia, como Justino Mártir o Tertuliano, que respondieron afirmando que las semejanzas eran fruto de la "imitación diabólica". Utilizando uno de los argumentos mas absurdos y rebuscadas de todos los tiempos, acusaron al diablo de ¡"plagio anticipado"!; de copiar arteramente la verdadera historia de Jesús antes de que sucediese para que la gente en el futuro no creyera! Ver, por ejemplo, el Diálogo 54 de la Primera Apología de Justino Mártir
BIBLIOGRAFIA
Claud-Brigitte Cercenac Pujol: “Jesús, 3000 años antes de Cristo”. Barcelona, Grijalbo, 2002.
Timothy Freke y Peter Gandy: “Los misterios de Jesús. El origen oculto de la religión cristiana”. Barcelona, Grijalbo, 2000.
Justino Martir: “Primera Apología”. https://multimedios.org/docs/d002610/