Opinión
La pelea por demostrar quién la tiene más grande
En Twitter: @GabrielConteMDZ
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No ganó Moyano ni Cristina. ¿Ganó alguien con la fractura de la CGT? A decir verdad, desde hace años que la central gremial está bastante lejos de la defensa de los trabajadores, convertida en un núcleo de poder político y económico.
Con la CGT está sucediendo algo parecido, pero en medio de una pelea de gigantes. Resulta obvio concluir que todo lo que pisen estos monstruos del aparataje sindical quedará reducido a escombros.
A diferencia de lo sucedido con la CTA (y lo que se está graneando con otras representaciones, como es el caso de la FUA, la Federación Universitaria Argentina, a la que le están armando su versión oficialista también), la CGT se dividirá, según los indicios no en dos sino en tres.
Los nombres que lideran el quiebre son los de Hugo Moyano, Antonio caló y Luis Barrionuevo.
El primero, jamás fue menemista. Más bien allegado al Frepaso, en los años noventa alimentó una alternativa al menemismo y cada vez que puede, se lo recuerda a los Kirchner, que tuvieron por aquellos tiempos una posición diferente.
Antonio Caló fue tentado a hacerse cargo de la central sindical nacional cuando Moyano giró sobre su eje y enfrentó al gobierno del que era el representante de una porción sustancial de la militancia.
Y Luis Barrionuevo, en fin, ya lo conocemos: es el que propuso dejar de robar “al menos por dos años” y no consiguió apoyo en su patriada, por lo que se desconoce si, finalmente, él mismo ejecutó esa idea.
Tanto el uno como el otro se disputaron, en medio de al pelea, el apoyo de Barrionuevo. Pero no lo consiguieron.
En una pelea entre gente de camperas llevar por ver quién tiene la convocatoria más grande, el Gobierno perdió en su iniciativa por cooptar la conducción de la CGT unificada. Se fracturó. Moyano convocó a elecciones para este jueves y Caló para el 3 de octubre. Barrionuevo abrirá su propio quiosco en cualquier momento.
Algunos analizan que, con el quiebre, a los empresarios los perjudicará una supuesta mayor cantidad de reclamos gremiales para mostrarse como legítimos representantes de los trabajadores para conquistar adeptos.
Otros sostienen, directamente, que ha ganado la Presidenta por aquello del "divide y reinarás".
Pero la verdad parece estar más cerca de que se trata de un problema para todos (y todas) y no un asunto exclusivo de los que pagan sueldos: el propio Gobierno deberá lidiar con un mayor nivel de conflictividad, los trabajadores se verán divididos por cuestiones no gremiales a la hora de buscar una referencia gremial y la propia actividad sindical sumará una gotita más de desprestigio a un vaso que está rebasado hace tiempo.