Opinión
El "Gallego" Moreno
El Gallego Moreno fue, cabalmente y durante toda su vida, un ABOGADO. No le importaba su prestigio personal si debía prestarle servicio de defensa a cualquier persona que se lo solicitara. Muchas veces lo criticaron por algunas personas que defendió pero el gallego explicaba que el había jurado ser lo que era, un apasionado ABOGADO.
Radical consecuente, convicto y confeso, el Gallego fue también durante los ocho años de mi gestión como Senador uno de mis principales asesores. Con el creamos la figura del “letrado sumariante” como antecedente de la policía judicial y promovimos, con el apoyo y el estímulo de Dieguito Lavado y Carlos Varela Alvarez, la supresión del secreto del sumario.
Fue un estrecho colaborador en la investigación del caso Guardatti. Epocas difíciles, por esta tarea el gallego fue perseguido por el gobierno de Gabrielli y perdió su cargo en el Estado. No obstante tuvo los huevos para procesar por injurias al jefe de policía de esa época y le ganó el juicio.
Enseñó mucho a los jóvenes radicales que entonces colaboraban conmigo. Chicos maravillosos que aman el Derecho y prestigian la actividad como Dalmiro Garay, Miguel Mansilla, Daniel Alcobendas y tantos otros.
No deseo opinar sobre la falta de una decisión oficial de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Cuyo disponiendo un elemental duelo oficial por la muerte por homicidio doloso de uno de sus mas prestigiosos profesores. Sé que más temprano que tarde la Facultad que el gallego tanto amó le rendirá su merecido homenaje.
Aquí, desde la distancia y con los ojos arrasados de lágrimas me despido del Gallego en nombre del afecto y el respeto que siempre nos tuvimos y con el agradecimiento cálido a quien fue un colaborador entrañable y un amigo leal hasta el final – me ayudó mucho a llegar a mi banca de concejal – por encima de muchas diferencias que pudimos tener.
