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Opinión

¿El del escritor no es un trabajo, igual que el de ser intendente?

La escritora mendocina reflexiona sobre la naturaleza del trabajo, en tanto “ocupación retribuida”. Y lo hace en función de que un intendente solicita exención de pago por autoría de libretos de fiestas vendimiales a Argentores.

Define el diccionario en pocas y contundentes palabras: “trabajo” es “ocupación retribuida”.

Buenísimo. No se extiende más allá ni aplica adjetivos a ocupación ni a retribución; no pondera la una o la otra, en fin: lisa y prontamente define el trabajo.

Quienes ponderamos, sí, somos los mortales (tengo para mí que los diccionarios son inmortales). Cada cual entiende su ocupación y la retribución por ella de acuerdo a su concepción ideológica y necesidades.

Bueno, como para ir definiendo, la cosa es que hay trabajos que no se consideran como tal o un poquito sí, más o menos y los hay, también, que se consideran algo así como “el tapón del océano”.

A pesar de este sistema mundial, nefandocapitalista y neoliberal, por suerte hay algunas leyes que aplican la definición escueta del diccionario. Pero, como siempre, los mortales las manejamos a antojo.

Escribir, por ejemplo, no sería trabajo. Y si lo es, no tiene caso que sea retribuido excepto en escasas circunstancias.

Cosechar uva, por ejemplo. Bailar en un escenario (¿no dijo un alto funcionario gubernamental, el año anterior, a los “rebeldes” de Vendimia que si no querían salir a bailar, bailaban ellos?, ¡voto al Chúcaro!). Cambiar pañales. Limpiar vidrios. Enseñar a leer. Educar. Educar. Educar. Yo qué sé. La lista sería larguísima.

Resulta ser (lo cuento como anécdota nomás y es lo que conozco, aunque seguramente el caso se repite), que un jefe comunal de nuestra nunca suficientemente ponderada provincia, solicita exención de pago por autoría de libretos de  fiestas vendimiales a la  institución recaudadora que nuclea y retorna honorarios a sus asociados, tal el caso de Argentores. Probablemente desconozca las leyes respectivas ese intendente (Ley 11.723 - Ley de Propiedad Intelectual; Ley 20.115 Sociedad General de Autores de la Argentina (ARGENTORES), por eso no sabe que está a un tranco de pollo de violarlas. Y probablemente sí haya salido a reclamar por su magro sueldo, tal como ha sucedido estos días al conocerse la retribución por su trabajo a los legisladores.

Claro que, si de gastos superfluos y con resabios monárquicos se trata, nadie pide exención. Debe caer una pedrada de aquellas y dejar un departamento sin nada como para que se revise el gasto en vestidos, zapatos, damas de la corte, ayudas de cámara y todos los etcéteras que se nos ocurran). Porque está bien que una fiesta tradicional como por ejemplo la Vendimia guste, sea parte de, entusiasme, ponga pilas como las de fin de año y se ande por las calles caminando al ritmo del Canto a Mendoza… Pero tributar para la corona viviendo en democracia, mh… Faltaría nomás invitar al príncipe (nunca Principito) que anda provocando por las Malvinas para hacer todo esto más Real.

Esta pobre reflexión desordenada sobre el trabajo bien remunerado o no, me impone otro pensamiento para analizar: ser lindo/a, de acuerdo a los cánones “europeo-coronarios” ¿es trabajo? Ilusionar y decepcionar a la gente que espera ganar unos pesitos extra, un auto, una caja de aceite de oliva, un minutito de reconocimiento por su canto o su danza, ¿es trabajo? Des-educar con la reiteración hasta el cansancio sobre las falsas y muy bien pagadas peleas y odios mutuos de personajes que vejan la inteligencia, ¿es trabajo? Mostrar con impudicia indecorosa lo que la muerte tiene de intimidad y dolor, ¿es trabajo?

A decir verdad poco importaría o, mejor dicho, provocaría menos escozor (¡qué prudente lo mío!; mejor léase ira), que algunos sean retribuidos con mucho (futbolistas, ciertos artistas, proxenetas de la TV,  funcionarios, funcionales, etc.); lo que indigna es la discriminación, la interesada y cruel interpretación sobre lo que es trabajo. Lo que indigna es que tantos seamos retribuidos con tan poco. O “tampoco” retribuidos.

Por cierto, publica Zonda en altura on line: “Más allá de los 25 millones de pesos que asignó el presupuesto nacional 2010 a la Iglesia católica o de los sueldos de 10 mil pesos que cobra un obispo (…).” ¡Jesucristo, qué rico sueldo! Por suerte, no cobran salario familiar.

Y como para concluir esta cosa medio disparatada, entre lo mucho que se podría seguir escribiendo, prefiero algo que alguna otra vez fue contado, escrito, publicado y he repetido, ¡también tengo derecho a repetir, qué tanto!: rememoraba Armando Tejada Gómez, hace ya muchos años, cuando alguna vez fue elegido legislador, que su madre lo despidió diciéndole: “Vaya, m’hijo. Cumpla con su trabajo y no engañe nunca a su pueblo”.



Sonnia De Monte.