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Opinión
Breve historia del descreimiento
Los humanos, aparentemente, cada vez creemos menos. De la religiosidad total en todas sus formas, a la duda permanente. El historiador Walter Burriguini y su columna Historiqueo, en "¿No será mucho?", por MDZ Radio.
Bien sabido resulta que el ateismo y el agnosticismo son concepciones y tendencias en pleno crecimiento. Es más: si le hacemos caso al anuncio hecho público en 2000 por la World Christian Encyclopedia, parece que la cantidad mundial de escépticos religiosos (22 %) ya supera la cantidad mundial de católicos (15 %), convirtiendo al “escepticismo” (¡quién iba a decirlo!) en el segundo sistema de creencias con mayor cantidad de adeptos.
¿Y qué pasa en Argentina? ¿Este giro escéptico de la población mundial tiene o no su correlato en la población de nuestro país? Pues si. Según un estudio realizado por CONICET en 2008, el 11 % de la población argentina es escéptica en materia religiosa, algo impensable hace apenas veinte años cuando ese porcentaje no superaba los dos dígitos.
¿Cuales son las raíces históricas de este “descreimiento” galopante? ¿Es posible identificar un momento o un evento que lo desencadenara? Precisamente estas preguntas nos formulamos en la última edición del segmento Historiqueo, emitido todos los martes a partir de las 10 hs. por MDZ Radio como parte del programa ¿No será mucho?
Lo primero que descubrimos en ese entonces es que efectivamente hubieron un momento (mediados del siglo XVII) y un evento (el nacimiento de la Ciencia) que dieron inicio a la actual ola de descreimiento.
¿Pero influenció el nacimiento de la Ciencia en las medianías del siglo XVII a desencadenar tal ola? De dos formas, inferíamos en Historiqueo:
1-Introduciendo en la sociedad occidental la suposición que la calidad de las respuestas y explicaciones es más importante que el nivel de satisfacción anímica que nos brindan. Es decir: a nivel instintivo básico, la psiquis humana busca respuestas y explicaciones con el objeto de evitar la ansiedad que le producen la duda y la incertidumbre. Si aquellas son ciertas o no, le resulta secundario. ¿Se entiende? Por naturaleza a la psiquis humana le importa más que las respuestas y explicaciones le traigan tranquilidad que si coinciden con la realidad. Ahora bien, la Ciencia nació proponiendo lo contrario: la certeza o nivel de coincidencia con la realidad de las respuestas y explicaciones debería resultar más importante que su capacidad de traerle sosiego y tranquilidad a nuestro ánimo. Y obvio: una vez sometido a esta nueva forma destemplada de pensar las cosas que lentamente inspiró la Ciencia, el concepto de Dios (respuesta todo-terreno y emotiva si las hay) empezó a mostrarse menos cierto de lo que solía parecer en un principio.
2-Generando conocimientos que a la larga crean la sensación que el concepto de Dios es innecesario para explicar las cosas y su funcionamiento. Un ejemplo. La Tierra es el único planeta conocido que reúne todas las condiciones imprescindibles para albergar vida: está a una distancia prudencial (ni lejos para congelarse ni cerca para incinerarse) del Sol, su estrella; posee ingentes cantidades de agua; tiene un campo magnético que lo protege de la radiación solar; etc.. Y cualquiera diría que la feliz reunión de todos esos elementos imprescindibles para la vida es parte de un plan ideado y llevada a término por una Inteligencia Superior. Sin embargo, la Ciencia descubrió recientemente que en el Universo conocido (y solo en el “conocido”) existen dos millones de billones de planetas aproximadamente. Sí: dos millones de billones. Y ese descubrimiento a llevado a muchos a darse cuenta que entre semejante cantidad exorbitante de planetas, no tiene nada de raro o extraño que justo en alguno se reunieran de casualidad todas las condiciones imprescindibles para la vida, poniendo en duda así la idea de un diseñador y creador sobrenatural de la Tierra.
En fin. Como puede notarse a simple vista, definitivamente queda mucha tela para cortar por lo que Historiqueo te propone seguir profundizar este tema el martes que viene. ¿Y qué podes esperar para la salida de ese día? Si el tiempo nos rinde, entre otras cosas vamos a preguntarnos y tratar de averiguar si existe algún rasgo propio y típico de la cultura argentina que haya ayudado a extender el escepticismo religioso en nuestro país.
1-Introduciendo en la sociedad occidental la suposición que la calidad de las respuestas y explicaciones es más importante que el nivel de satisfacción anímica que nos brindan. Es decir: a nivel instintivo básico, la psiquis humana busca respuestas y explicaciones con el objeto de evitar la ansiedad que le producen la duda y la incertidumbre. Si aquellas son ciertas o no, le resulta secundario. ¿Se entiende? Por naturaleza a la psiquis humana le importa más que las respuestas y explicaciones le traigan tranquilidad que si coinciden con la realidad. Ahora bien, la Ciencia nació proponiendo lo contrario: la certeza o nivel de coincidencia con la realidad de las respuestas y explicaciones debería resultar más importante que su capacidad de traerle sosiego y tranquilidad a nuestro ánimo. Y obvio: una vez sometido a esta nueva forma destemplada de pensar las cosas que lentamente inspiró la Ciencia, el concepto de Dios (respuesta todo-terreno y emotiva si las hay) empezó a mostrarse menos cierto de lo que solía parecer en un principio.
2-Generando conocimientos que a la larga crean la sensación que el concepto de Dios es innecesario para explicar las cosas y su funcionamiento. Un ejemplo. La Tierra es el único planeta conocido que reúne todas las condiciones imprescindibles para albergar vida: está a una distancia prudencial (ni lejos para congelarse ni cerca para incinerarse) del Sol, su estrella; posee ingentes cantidades de agua; tiene un campo magnético que lo protege de la radiación solar; etc.. Y cualquiera diría que la feliz reunión de todos esos elementos imprescindibles para la vida es parte de un plan ideado y llevada a término por una Inteligencia Superior. Sin embargo, la Ciencia descubrió recientemente que en el Universo conocido (y solo en el “conocido”) existen dos millones de billones de planetas aproximadamente. Sí: dos millones de billones. Y ese descubrimiento a llevado a muchos a darse cuenta que entre semejante cantidad exorbitante de planetas, no tiene nada de raro o extraño que justo en alguno se reunieran de casualidad todas las condiciones imprescindibles para la vida, poniendo en duda así la idea de un diseñador y creador sobrenatural de la Tierra.
En fin. Como puede notarse a simple vista, definitivamente queda mucha tela para cortar por lo que Historiqueo te propone seguir profundizar este tema el martes que viene. ¿Y qué podes esperar para la salida de ese día? Si el tiempo nos rinde, entre otras cosas vamos a preguntarnos y tratar de averiguar si existe algún rasgo propio y típico de la cultura argentina que haya ayudado a extender el escepticismo religioso en nuestro país.