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Opinión

Industrialización berreta

Más allá del discurso político imperante sobre un desarrollo industrial por sustitución de importaciones “exitoso”, la Argentina de hoy ¿es más industrialista de lo que era en los ’90 durante la convertibilidad? Los resultados a esta pregunta sorprenden.
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¿Argentina vive un proceso de desarrollo industrial? Más allá del discurso, ¿hay un modelo de sustitución de importaciones por manufacturas de origen nacional? ¿Y esta industria, protegida e incentivada es capaz de exportar?

El ex ministro de Economía de la Alianza y ex secretario ejecutivo de la Cepal, José Luis  Machinea encendió el debate cuando en una entrevista en el diario La Nación se le preguntó sobre si éste es un modelo de reindustrialización. Allí respondió que sí, pero señaló que es "berreta". "Protegemos cualquier cosa en lugar de estimular a los sectores industriales que son capaces de exportar".

Sin embargo, desde el discurso político imperante (el “relato”) aseguran que sí. Que las trabas para importar, el cepo y gran parte de las medidas tomadas por el Gobierno son para “proteger a la industria”, para fomentar el desarrollo por sustitución de importaciones y generar empleo.

Para devalar este misterio, conviene repasar la historia desde la evolución que ha tenido la industria como porcentaje del PBI (la economía), en la generación de empleo y en las exportaciones.  En ese sentido, hace un gran aporte el estudio “Radiografía de la industrialización argentina en la posconvertibilidad”, a cargo de Eduardo Levy Yeyati y Lucio Castro para el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec).

1-La industria no tiene más peso hoy del que tenía en los ’90 con la convertibilidad.


El cuadro 1 muestra que, entre 1996 y 2012, la importancia relativa de la industria manufac­turera en el PBI en términos reales (descontada la inflación) pasó de un mínimo de 15,4 % en 2002 a un máximo de 16,8% en 2004 (en parte, como resultado de la devalua­ción y el resultante cambio en los precios relati­vos, como sugiere la serie a precios corrientes). En 2008 volvió a descender a niveles cercanos al 16%, por debajo del promedio de 17,3%, que corresponde al período previo a la crisis (1993-1999) y, si se corrige por la caída cíclica en 2009 fruto de la gran recesión global, la tendencia es negativa, destaca el estudio de Cippec.

En el análisis punta a punta, en términos reales (PBI a valores constantes de 1993 descontada la inflación), la industria va a cerrar este año en niveles inferiores a los picos de la década del ’90.

Una mirada al PBI a precios constantes des­de 1993 revela que la estructura pro­ductiva argentina continúa, al igual que en la década de los noventa, dominada por los servi­cios y la construcción, mientras que  a partir de 2007, ambos sectores aumentaron incluso su participación en el PBI real. En contraste, entre 2003 y 2012, el sector primario (que incluye agricultura, gana­dería, pesca, minería y suministro de electrici­dad, gas y agua) y, en menor medida, la industria manufacturera perdieron su peso relativo. La Argentina muestra, en este sentido, una ten­dencia similar a la de otros países de la región como Chile o México, en los que el peso econó­mico de los servicios aumentó en forma consi­derable durante la última década.

No hay un proceso de reindustrialización en la Argentina como tampoco lo hay en otros países de la región. Y el país hoy es menos industrialista de lo que era en los ’90.

2-La industria argentina tampoco es un motor generador de empleo.

En línea con la caída del peso relativo de la industria en el PIB (ver punto 1), la contribución del sector manufacturero argentino a la creación de empleo regis­trado fue limitada, e incluso decreciente entre 2003 y 2012. Durante este período, las principales fuentes de generación de empleo registrado fueron, previsiblemente, los servicios y la construcción, con una participación ascen­dente del sector público a partir de 2008 (y sobre todo en 2009) cuando se debilitó la oferta de em­pleo privado, explica el estudio de Cippec.

A partir de 2003, la industria manufacturera y el resto del sector privado mostraron una ten­dencia a la formalización de la fuerza laboral en relación con la década de los noventa que, desde 2008, se estancó e incluso revirtió leve­mente a partir de 2009.

Los verdaderos generadores de empleo en la Argentina son los servicios, la construcción y el Estado (nacional, provincial y municipal). En ese sentido, el modelo “industrializador” de la Argentina posconvertibilidad no cambió esta tendencia.

3-La industria no tiene un peso creciente en el total exportado.


En el análisis histórico, como se ve en el gráfico, la industria no ha variado significativamente su peso en el total exportado por la Argentina. La participación en torno al 30% del total es la misma desde 1993 a 2011, y eso que pasaron cosas en la Argentina durante todo este período.

Según explica el informe de Cippec, sin contar productos primarios como meta­les no ferrosos, la participación de las manufac­turas en la canasta de exportaciones totales de la Argentina se ubica hoy en niveles compara­bles a los de 1998 (34,9% contra 32,4 %, respecti­vamente). Además, el peso de los productos ma­nufacturados en las exportaciones argentinas exhibe un sendero apenas ascendente a partir de 2008, en contraste con la tendencia declinan­te de otros países que producen bienes prima­rios en América Latina o en el mundo desarro­llado (como Australia o Canadá, por ejemplo). De hecho, el peso de las manufacturas en la canasta exportadora argentina sobrepasa levemente el promedio de América Latina a partir de 2010.

Cristina Fernandez junto a José Ignacio de Mendiguren presidente UIA.

Sin embargo, el crecimiento de las expor­taciones de manufacturas de origen de indus­trial (MOI), sin incluir el oro, otros minerales no ferrosos y el biodiesel, se habría estancando, e incluso contraído, desde 2008, tanto en dólares corrientes como en términos reales. Además, la caída de las MOI habría sido aún más marcada si se excluyen las exportaciones industriales dirigidas a Brasil.

Cazadores de mitos: la industrialización argentina

En primer lugar, la Argentina experimen­tó un proceso de reducción de la incidencia del sector industrial en el PBI y en el empleo, similar al de otros países de la región y al de países desarrollados como Canadá y Australia, pero menos marcado gracias al colchón de la devaluación de 2002 y a la capacidad ociosa generada por la recesión de 1999-2001, afirman los economistas Eduardo Levy Yeyati y Lucio Castro.

Hoy, a pesar de los esfuerzos y los fondos invertidos en protección industrial, la Argentina estaría con­vergiendo a la senda declinante común a otros productores de commodities, en línea con el au­mento de los precios relativos de los bienes pri­marios y en relación con la industria manufac­turera y la continua apreciación cambiaria que eleva los costos en dólares de producción local.