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Opinión

La ley del gallinero

Pedro Zalazar polemiza sobre la nota DDHH Black y semiderechos para "los otros", escrita este viernes por el director de MDZ, Gabriel Conte.

Planteada como está la nota DDHH Black y semiderechos para "los otros", está demás decir que el concepto de "Justicia" es que el cumplimiento de las leyes, con sus derechos y obligaciones, debe ser igual para todos, pero, como dice el viejo dicho; "hecha la ley hecha la trampa".

La palabra de mayor trascendencia en el mundo y en la Argentina, es "impunidad" y sobre esa definición llevada a la acción, no hay justicia que sirva y además es uno de los grandes disparadores de la violencia social.

A nivel internacional, bueno EE.UU., se opuso rotundamente a la creación de la Corte Penal Internacional, por la simple razón de que "ellos" exigen impunidad para el accionar de sus tropas en cualquier parte del mundo y no importa que atrocidades y crímenes cometan. Israel, viola sistemáticamente las recomendaciones de la ONU, y lo hace además apañada por EE.UU., más allá de los actos terroristas que se cometen contra Israel, pero claro, ellos se olvidan en su justificación, que su actual territorio es casi el doble del otorgado en 1948, gracias a la ocupación que hicieron en 1967.

Entonces, todos, con el padre de las guerras a la cabeza, o sea la gran potencia del norte, violan los pactos internacionales vigentes, o mejor dicho, violan todos los pactos, no solo los de derechos humanos y por año se cometen miles de asesinatos en el mundo, llamados graciosamente "daños colaterales".

Hace 60 años que la violencia se exporta como "bien de consumo", para empezar por una razón de los mercados, las dos industrias más florecientes son el tráfico de armas y el narcotráfico, en el cual están mezclados y por razones obvias, los grandes intereses económicos del mundo. Llevados todos estos ingredientes a la Argentina y aquí aderezados con nuestras propias recetas, con un cierto toque italiano, desde la fundación de la República hay una interpretación de las leyes para los ricos y otra para los pobres.

La clase política y aquí sí podemos llamarla de esa forma, adquiere para su protección los "fueros parlamentarios", que no es otra cosa que burlarse de la ley, ya que desde el principio viola el principio básico de la justicia, que es la igualdad ante la ley. O sea, todos somos iguales, pero unos más que otros.

Por ejemplo, el Artº 19 de la Constitución Nacional dice; "...Ningún habitante de la Nación será obligado ha hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohíbe". Y cuantas cosas nos obligan a realizar mediante resoluciones o decretos, sin que tengan el aval de una ley, digo, cuando según estudios realizados por universidades del país, el 82% de los conductores violan permanentemente las leyes de tránsito ¿De qué hablamos?

Hablamos de un país en donde la señora impunidad reina desde hace 2 siglos; donde muchos ciudadanos se refieren a sus gobernantes defendiéndolos con esta frase: "roba pero hace". Los conceptos ideológicos justifican en su accionar que el fin justifica los medios y fundamentalmente que de la terrible corrupción generalizada de los últimos años, solo una persona fue imputada y "presa", María Julia Alsogaray, eso sí, presa en un departamento que solo le faltaba la vista al mar. Los que destruyeron el país, bien gracias y siempre firmes junto al pueblo. Eso si, el pueblo ha ganado en experiencia y entonces dicen: "Que falta de memoria, no se acuerdan como estábamos antes?, etc., etc." y uno piensa; si claro que me acuerdo. Me acuerdo cuando destruyeron los ferrocarriles que nos costó 100 construir; me acuerdo cuando vendieron a YPF; Gas del Estado y todas la empresas y les garantizo que yo no vi ni un mango de esas ventas; 260.000 millones de dólares que desaparecieron en el ojo negro del espacio; pero yo, mi familia; amigos; conocidos y desconocidos, terminamos pagando todo. Y ahora, con euforia y me alegra, nacionalizamos de nuevo a YPF, pero claro, eso cuesta mucho dinero y quién pone los tejos, pues los mismos que pagamos en la década del 90.

O sea pagamos los pasajes de ida y también el de vuelta sin que nadie nos consultara, pero eso si, seguimos aplaudiendo. ¿Quién el fue el Caballo de Troya de las privatizaciones? Nuestro querido comprovinciano Dromi, asesor de Cavallo en los 90; y quién se encarga ahora de las nacionalizaciones, pues el mismo Dromi, pero ahora asesor de De Vido. Como se puede ver, este es el juego del gran bonete, en el que claro, no entran ni por asomo los delincuentes comunes; porque más allá de ladrones y violadores y también asesinos; bueno, los que nombre al principio también lo son, si sumamos la cantidad de niños que mueren de desnutrición en un país que produce alimentos para 400 millones de personas y ahí caemos de nuevo en "los daños colaterales".

Entonces la resultante social de un país en donde reina la impunidad para los poderosos, como si fuera un hecho natural, su razonamiento general es volcarse a la defensa de sus vidas de los delincuentes comunes y le solicitan a los otros delincuentes -los que mandan- que les den seguridad. Y aquí entramos en el juego de los Derechos Humanos.

El clamor general es: "Los únicos que tienen esos derechos son los delincuentes, mientras los ciudadanos comunes somos asesinados en la calle". Y no hay sutilezas, porque la única "verdad" es la realidad. Ante el dolor de un familiar muerto, la gente no entiende que para los crímenes comunes existe el Código Penal, mientras para los crímenes cometidos por el Estado, rigen los principios de los famosos derechos. Esos derechos que efectivamente están para todos los habitantes del mundo, se convierten así en una entelequia.

Medimos como ciudadanos con la misma vara, a los dos tipos de delincuentes; por supuesto que no, sino Menem no podría ser senador por 3ra. vez, aprovechando de paso sus fueros, pero si pedimos la pena de muerte para los delincuentes comunes, podríamos decir por una diferencia de métodos; no es lo mismo saber que mueren chicos por desnutrición porque algunos se quedan con toda la plata, a que venga un tipo y te ponga el bufoso en la cara o viole a tu hija. No, la reacción es muy distinta porque la violencia del acto también lo es. Y pasan los años y seguimos en el mismo círculo vicioso. Unos roban pero hacen y otros roban para drogarse, o sea no importa el robo, sino el método para hacerlo.

Y en este disloque, aparecen los abogados, unos más comprometidos; otros simples negociantes, como en todas las profesiones. Unos que ejercen sinceramente sus funciones y otros que hacen bandera de su posición, como si de alguna manera ellos fueran los dueños de la justicia. Y mientras, las dos clases de delincuentes siguen matando gente.

Para muchos tiene más valor haber bajado el cuadro de Videla 30 años después de la dictadura, que el juicio a las juntas militares, realizado 2 años después de su caída. Pero así pensamos los argentinos y como diría Tato Bores, "siempre terminamos como la mortadela del sanguche". Nunca un mea culpa; los culpables siempre son otros.