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Opinión

Mendocita, más chiquita

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Me tiraron el guante en la nota de Martha Reale y no pude dejar de recogerlo. Ok, me pongo un poco más serio y trato de aportar algo a lo que muy bien expuso Martha.

Sí, hay un sentimiento de pérdida de liderazgo regional que viene de hace ya tiempo y nos hace pesimistas.

Sí, hay un sentimiento de que la dirigencia política no está a la altura de las circunstancias, por más que no sea de mala voluntad, sino por cierta incapacidad.

Totalmente de acuerdo con lo que expresa Martha en ese sentido.

Coincido con muchas cosas, de modo que, para no aburrir, sólo destaco algunas en las que puedo disentir o a las que quisiera aportar algunas consideraciones.

Primero el tema de la caída de liderazgo y su relación con la modificación en la composición de la renta: creo que nos falta agregar algunas cosas. Por ejemplo, TODA la renta agrícola mendocina no llega al 7% del Producto Bruto Geográfico, y está en retroceso.

Es cierto que hay una coyuntura que puede perjudicar a algunos sectores; Martha señala muy acertadamente como ejemplo problemas de competitividad en el mercado de los vinos de alta gama, pero es bueno advertir que este sector es muy particular y pequeño: la mayoría de las ventas de vino son de “tetra”, no de “cogote largo”, y ese apunta a un mercado interno que está en expansión; el problema es que no se puede intensificar la producción por una razón muy elemental: no hay agua y buena parte de la que hay es mala.

El agua no llega a la Costa de Araujo, no llega a zonas de Rivadavia y de Santa Rosa y la que llega es muy pobre, porque está muy salinizada por el riego de manto en los tramos superiores de los cauces.

Para el que desconoce sobre este tema: la mayoría del riego en Mendoza se hace “a surco” o “a manto”. Este método ancestral tiene un problema, y es que “lava” la tierra. Donde hay acumulación de salitre, ese lavado lo vuelca nuevamente al cauce, de modo que al perder altura ganamos en salinidad. Claro ejemplo es el agua que llega al Carrizal (tramo bajo del Tunuyán), tan empobrecida que no permite cultivos de calidad ni altos rindes para toda la zona regada por este cauce principal.

Otro ejemplo es General Alvear: el agua del Atuel ha “lavado” de este modo tantas hectáreas de San Rafael que les otorga a los alvearinos el mote de “salitrosos” y un rinde de cultivos muy bajo, amén de baja calidad en la producción de otros cultivos apreciados. Que no abunden las uvas finas en Alvear no es una casualidad.

Para sintetizar: al viejo modelo y problema de riego, se le suma el famoso cambio climático que nos “regala” menos nieve en cordillera y, obviamente, menos agua en los cauces, o sea que encima de poca y mala, ahora el agua es todavía menos.

Y para que noten la paradoja en la que estamos encerrados, todos sabemos (o eso creo) que el verdadero valor agregado de la producción no se da en la materia prima, sino en el proceso de industrialización; pues bien, si queremos hoy poner una buena planta de procesamiento de productos agrícolas nos vemos limitados… porque no hay suficiente agua. ¡Glup!

En foco: tenemos un problema en nuestro sistema de riego que no “banca” un mayor crecimiento y, si miramos desde un poco más atrás, en nuestra matriz productiva que no puede, de ningún modo, tratar de sostener su crecimiento haciendo base sobre el sector agrícola.

Como si esto fuera poco, este 7% del PBG se traga más del 80% del agua de la provincia. Como lo leen: la actividad que contribuye directamente con el 7% de la plata que genera la provincia consume el 80% de EL RECURSO de esta provincia desértica (el agua) sólo porque no nos cambiamos a riego por goteo.

Entonces, cuando alguien venga a decirle que cambie los cueritos para hacer un uso eficiente del agua, conteste que primero corten el cultivo de alfalfa con riego por manto, que toma mucha más agua que todo el Gran Mendoza, ¿nos entendemos?

Y aquí se conjugan los dos puntos a los que hace referencia Martha: nuestra enclaustrada matriz productiva nos hace perder liderazgo regional, y la incapacidad o ineficiencia de las políticas públicas para revertir esa matriz genera una espiral decreciente: Mendoza se achica.

Lo dicho hasta ahora puede sorprender a algunos y no me sorprende que los sorprenda, pero es bueno dejar algo en claro: el problema no es sólo con los reyes magos; tampoco esta provincia vive de la vitivinicultura, como el 70% de los mendocinos cree. Siento desilusionar a algunos, pero ya somos grandecitos y es hora de que asumamos ciertas cosas.

¿Quieren otro dato para el bajón? Hace tres censos que en cada censo tenemos que corregir las estimaciones de población. ¿El qué? Contamos cuántos habitantes somos cuando los censos, ¿sí? En los años posteriores agregamos a los que nacen, restamos a los que fallecen y eso nos tendría que dar una buena idea de cuantos somos en los periodos intermedios, ¿se entiende?

Hace tres censos que cuando llegamos al próximo censo nos encontramos con menos población de la que nos dio la cuenta. ¿Y donde están los que faltan? Se fueron, emigraron; buscaron mejores horizontes. Exportamos mendocinos.

Nos achicamos.

El potencial turístico es, también, potencialmente problemático, porque, como afirma Martha, no produce “derrame”, no reparte adecuadamente plata a otros sectores y lo hace en poca medida a las arcas estatales.

Primero consideremos que la actividad turística es, lamentablemente, una de las que más “negrea” empleados y facturación, con lo cual aporta proporcionalmente poco al estado provincial y obliga a que éste (o sea, nosotros) se tenga que hacer cargo de la cobertura sanitaria, previsional y social de buena parte de quienes trabajan en el sector.

Segundo por una cuestión elemental: la plata se queda en Capital. Piénsenlo: Las Heras y Luján ponen la Cordillera norte, Maipú y Luján los caminos del vino y del olivo, pero los turistas se hospedan, comen y contratan los tours en Capital. Los demás, bien, gracias.

Y no es que el turismo sea una mala cosa, es que es realmente algo muy nuevo para Mendoza, por lo que no se ha aceitado una cadena de sustentabilidad de la actividad. Los que “turisteamos” por el país sabemos que es más barato alquilar una cabaña en CALAFATE o en la Costa que en el Valle Grande o en Potrerillos. No está aceitado, de tan nuevo que es nos queremos “salvar” con el primer turista que llega, por miedo a que después no hayan otros y el problema es que de ese modo ¡seguro que no van a haber otros!

Por otro lado, no todo turismo es bueno de por sí, y si no piensen en los problemas del Parque Aconcagua, que muestra la hilacha sólo cuando muere un andinista, pero que nos cuesta la misma plata (o algo más) de lo que deja y que para estar bien regulado y atendido necesitaría que aumentáramos el gasto en personal y equipo, lo que lo hace más caro, etc. Es complicado.

Hasta acá sumamos un problema serio de matriz productiva sustentable en dos o tres facetas: riego con métodos arcaicos, pésima distribución social y económica de EL recurso provincial, modelo turístico que no se ha vuelto aún sustentable, y todo coronado por incapacidad de las políticas públicas para orientar todo este embrollo, una incapacidad que viene de lejos, una responsabilidad compartida por los sucesivos gobiernos democráticos.

¿Y qué genera esta incapacidad política de Mendoza? Miren; así como nos vimos obligados a blanquear el tema de los reyes magos y el de la vitivinicultura, nos queda otro trago amargo, así que apuremos el cáliz: los políticos NO vienen de Marte, son de Mendoza.

Yo sé que es duro tener que reconocerlo, pero nuestra dirigencia política no es más que nuestra representación política; surgen de entre nosotros, nosotros los generamos como son y no sólo les bancamos que tengan mirada corta, sino que muchas veces se lo exigimos, porque cuando quieren mirar un metro más allá los apretamos con nuestra mirada “ahora-mismo-placista”.

Y ojo que el hecho de que sean un producto social no absuelve a nadie; la delincuencia también los es, pero en cuanto agarramos a un tipo choreando lo mandamos para la casa de piedra, ¿no es así? Bueno, por lo menos lo intentamos…

¿Qué quiero decir? Que mientras sigamos creyendo que vivimos casi exclusivamente de la vitivinicultura, que los problemas de falta de crecimiento se deben casi exclusivamente a una malévola promoción industrial, que la Nación nos omite del presupuesto de obras porque son intrínsecamente malos y no porque nunca presentemos una triste carpeta de proyecto y que a los chicos los trae la cigüeña, estamos en el horno.

Y vamos a estar en el horno porque la “discusión política” va a seguir pasando por si la ruptura en el radicalismo la produjo Paco, si los azules están más o menos peleados con los sureños o con los de Guaymallén, si los gansos se oponen a la reforma porque son reformistas (SIC) y todo ese tipo de cuestiones “vitales” que hace que se nos escape uno que otro “temita” como los que señala Martha o los que se exponen aquí.

Yo sé que muchas veces esto es aburrido, pero no vamos a tener más remedio que empezar a tratar de enterarnos de cómo son ciertas cosas, de qué deberíamos cambiar y qué no, de qué cosas nos benefician y cuáles nos perjudican… De dónde REALMENTE nos aprieta el zapato, para ser más claro. 

No digo que nos convirtamos en estadistas, sino que tengamos alguna idea más o menos fundada sobre algunos temas en que nos va la vida, o al menos el futuro.

Y si no, vayamos acostumbrándonos a esta mendocita cada vez más chiquita y no chillemos.