Opinión
De insultos y ofensas gratuitas
“Somos, pues, primariamente, sujetos de derecho, pero lo somos en cuanto nos ponemos a nosotros mismos como valiosos, es decir, cuando ejercemos un acto de voluntad sin el cual no hay SUJETIVIDAD posible. Ahora bien ¿cuál ha de ser el valor que ejercemos primariamente cuando nos ponemos a nosotros mismos como valiosos? Pues ha de ser aquel que sea el principio de ordenamiento de todos los valores y éste no es otro que el de la DIGNIDAD. En todo esto entran en juego AUTENTICIDAD y ALIENACIÓN. Un “ponernos como valiosos” que se sustente en la negación del valor del otro, supone enajenamiento. Implica una sociedad en la que el principio ordenador de los derechos humanos no es la dignidad, sino otro que precisamente favorece un mundo de relaciones asimétricas. Tal es lo que sucede cuando se establece como prioritario el principio de la PROPIEDAD o, más precisamente, el de determinadas formas de apropiación” (*)
(*) Del libro “Ética del poder y moralidad de la protesta” del Dr. Arturo Roig.
Indudablemente nuestra sociedad vive en las antípodas de los fundamentos que menciona Roig, como autovaloración basada en la dignidad. En esta guerra de dimes y diretes en que está sumergida la sociedad –cual si fuera un concurso con suculentos premios- el intercambio personal; por los medios de comunicación o las redes sociales, de insultos y ofensas gratuitas ocupa a la mayoría de los argentinos, que indudablemente utilizan el desprestigiar a los demás, como una catarsis colectiva. Ello no es casual y obviamente responde a factores socio-culturales, donde las creencias o el quehacer político, es el centro de este círculo vicioso. Si bien este estado de cosas es de ida y vuelta, como que fue primero “el huevo o la gallina”, hay que destacar como lamentables las palabras del diputado y secretario general de La Cámpora, Andrés Cuervo; primero porque ensucia su investidura de diputado de la Nación; segundo porque intenta distorsionar la realidad basureando a los partidos opositores y tercero porque viola el reglamento interno de la Cámara de Diputados. Y de destacar una frase que pronuncia: “Voto a los 16, un mercado de 2 millones de electores”. Así ven las corporaciones a nuestro pueblo: como un mercado. Nosotros los vemos como seres humanos porque son pasibles de derechos”. Y entonces viene la pregunta: ¿Derechos basados en el principio de la dignidad, o los supuestos derechos que se sustentan en la negación del valor del otro.
La participación política y la ideología son herramientas para que el ser humano pueda participar en la construcción de su país. Pero cuando la ideología se convierte en dogma, el ser humano pierde su visión de la realidad y al igual que en las religiones, todo se circunscribe a tener fe. Entonces aparecen los iluminados que no admiten ni la discusión y menos el consenso, olvidando la historia del hombre y de los imperios. Nadie es dueño de la verdad absoluta y todos cometemos errores y no hay ningún partido político en el mundo que pueda desarrollar un país, si todo ese país, incluso los opositores, no tienen un objetivo común que esté más allá de las ideas personales; el ego y los intereses sectoriales. Una Nación necesita de todos para crecer, mayorías y minorías y más allá de las falencias que tiene el orden democrático, todo es más fácil, si en esa Nación la justicia funciona en forma independiente. Ni el fin justifica los medios; ni los adversarios son enemigos. Simplemente es buscar las cosas que nos unen, que son muchísimas más que las cosas que nos separan. Sino somos capaces de hacer esto tan simple, pues no habrá Nación que progrese y el único que saldrá ganando es el odio.
