Claves políticas del “paro político”
¿Qué paro no es político? El gobierno nacional decidió simplificar el mensaje: “Este paro es político”. Lo dice cuanto funcionario nacional se pone frente a una cámara y lo repite, obediente, el gobernador de Mendoza, Francisco Paco Pérez.
Frente a la medida de fuerza el Gobierno insiste en que lo escuchen. Hasta la Presidenta habló de cifras de empleo en la víspera en medio de una torpeza comunicacional: el Indec no tuvo mejor día que el anterior al paro para anunciar un incremento del desempleo.
Desde la Casa Rosada se pretende que la sociedad interprete a sus palabras así: “Este paro lo hacen quienes están disputándole el espacio de poder a esta gestión; son los próximos candidatos”.
Prefieren no darse cuenta que lo que se necesita para bajar los decibeles de la protesta es todo lo contrario: que escuchen en lugar de llenar el espacio de argumentos de autobombo.
El variopinto núcleo de dirigentes sindicales y sociales que convocaron al primer gran paro nacional de actividades en la década kirchnerista redoblan, ante ese escenario, su apuesta: si Cristina Fernández no escucha el reclamo, habrá una nueva medida de fuerza, esa vez por 36 horas.
Hay un elemento a tener en cuenta y ese es que uno de los principales pedidos sindicales, aunque sea una máscara o realmente una embestida opositora, coincide con el que cientos de miles de personas han realizado en los cacerolazos que se desarrollaron el 13 de septiembre y el 8 de noviembre en los principales centros urbanos del país:
“Escuchen”.
Si repasamos la agenda cacerolera promedio, aparecen estos temas, más allá de los miles de asuntos individuales que se sostuvieron en pancartas: inseguridad e inflación.
Los miembros de la CGT de Hugo Moyano, de la CTA de Pablo Micheli y de la Federación Agraria Argentina levantan como bandera: “ inflación, inseguridad, salarios atrasados, situación de las pymes y economías regionales".
¿Es político o no el paro? Lo es, todo paro lo es. El asunto es que aquí coinciden las agendas de los sectores de las capas medias que se autorepresentan y de los gremios que han decidido dar batalla a lo que el Gobierno insiste en llamar –como sucedía en los años 90- como “el modelo”, algo intocable, que hay que acatar y que no necesita –según el criterio del gobernante- ningún retoque.
Para comprender el momento, baste hacer un sumario de las frases que acompañan a esta jornada, desde los sectores en pugna:
"Hay que estar a la calle, movilizados, parando el país porque es más importante comer que circular". Pablo Micheli
“Más que un paro, esto es una maniobra de chantaje a toda la población”. Juan Manuel Abal Medina
“El Poder Ejecutivo tendrá que tomar nota, porque si no hay respuesta al paro de 24 horas, tendremos que reunirnos de nuevo y después pensar en 36 horas con marchas y movilizaciones". Luis Barrionuevo
"Las amenazas no sé si son rayanas con el delito". Aníbal Fernández
"Estaremos presentes con un solo sentido: persuadir a los que tienen que ver con la actividad económica, pero no cortar y perjudicar a particulares". Eduardo Buzzi
Va de nuevo: ¿está la política metiendo la cola en el paro? Por supuesto. Está en la política y no en las corporaciones encontrarle salida a los problemas del país. En este caso, hay corporaciones de los dos lados, pero también hay política y eso le da mayor legitimidad al debate.
No es Moyano un antisistema. Tampoco lo son Micheli y Buzzi. Ninguno fue menemista ni partidario de la dictadura, sino todo lo contrario. Diferente es el caso de Barrionuevo o Momo Venegas.
Pero del lado del Gobierno la Presidenta se mostró, por cierto, en las instancias previas al paro, junto a Gerardo Martínez, señalado como ex colaborador del último gobierno militar y sindicalista amigo de los poderosos, cualquiera sea que fuere.
No hay purismo que valga: hay paro y hay política y las lecturas que deben hacerse en torno a esta primera gran medida en la Era K deberían ser mucho más certeras que la simple queja por las disidencias.
