Opinión
Después de viejos, artistas
[Ningún artista desea probar nada. Hasta las cosas ciertas pueden ser probadas.
Ningún artista tiene simpatías éticas. Una simpatía ética en un artista constituye un amaneramiento imperdonable de estilo…]
[Es al espectador, y no la vida, a quien refleja realmente el arte…]
[La diversidad de opiniones sobre una obra de arte indica que la obra es nueva, compleja y vital. Cuando los críticos difieren, el artista está de acuerdo consigo mismo.
Podemos perdonar a un hombre el haber hecho una cosa útil, en tanto que no la admire. La única disculpa de haber hecho una cosa inútil es admirarla intensamente.
Todo arte es completamente inútil.]
Fragmentos del Prefacio de El retrato de Dorian Grey, de Oscar Wilde.
A nadie se le ocurre hacerse las tetas con un mécánico, o demandar al ex marido con un cirujano.
Sin más pericia que el capricho, algunos se dedican de un día para el otro a ser artistas y como si fuera poco pretenden, además, reconocimiento (y retribución económica)...
Música indi con dj en vivo, livings en jardines y un catering tras el que todos correrán pase lo que pase. La excusa de algún amigo que expone para pasar y posar frente alguna cámara de sociales. Estar, mostrarse, ser parte, ser alguien.
No es el arte el que convoca sino la gente que irá, los que estaremos, los que seremos (en esta oportunidad) el arte.
Nos adornaremos demás para la exposición de nosotros mismos. Después quedaremos ahí esperando que alguien nos compre. Pasearemos segundos sobre las obras y una eternidad sobre la mesa de quesos y vinos de canje, llevaremos Ray Ban y amigos de amigos para pasar la tarde. Ante la falta de concepto nos consolaremos con el nuevo término aprendido por todos: la intervención. El buen gusto le ganará a la idea y el arte cobrará valor sólo si es decorativo.
Nos encontramos mirando objetos que ya perdieron su función y ahora la encuentran sólo en relación a un espacio.
Los anfitriones, más enamorados de sí mismos que del arte, compiten por ser parte de la lista. Y aunque acarrean sus objetos para mostrar, presienten que son ellos los objetos de exposición. Ahora pueden gritar que son diferentes y que pueden presagiar la vanguardia.
El evento buscará su propio concepto mientras avance la tarde, se convertirá en una cata o en un recital según marque la aceptación de los invitados. Se invitará al dj que haga sonar su mejor look, al empresario que pinte algo por lo que jamás pagaría, al pintor que esté mejor despeinado.
Son médicos, abogados, empresarios, arquitectas, diseñadoras que esquivaron el lado oscuro de otra elección y ahora desde sus casas montadas y su futuro asegurado juegan a cambiar de profesión amparados en un sueño que despierta de grandes. (Menos mal que no hay artistas a los que se les da por dedicarse abruptamente a la obstetricia o el derecho penal…).
La edad les trae algo más atormentador que las arrugas, el tiempo disponible, y el arte viene a llenar a la perfección tanto espacio vacío, deja las manos sucias y el espíritu en paz dejando materializada su inversión en horas.
Pero estos eventos crecen en la misma proporción en la que merma la concurrencia a las galerías de arte; porque hay gente que paga entrada para estar con gente que no paga entrada. El arte de pertenecer.
En todo ese poster busco a Wally pero sólo encuentro a los que se encuentran fácil, los repetidos de siempre... el devenido en poeta, el canta autor de covers, la gótica, el reversionado de sí mismo, el fotomaníaco productor.
Desesperan por triunfar en precios obscenos, y sin poder evitarlo, se vuelven locos con el pintor que fue pionero y combinó todo este montaje con ventas. Todavía tratan de imitarlo, haciendo una mueca de complicidad cuando alguien lo difama.
Estos nuevos artistas se mueven bajo otros cánones sobre las críticas a sus trabajos, ya no hay un maestro del que esperan aprobación, son los volúmenes de venta los que mandan ahora y cierto récord en sociales. Sus curradores no citan las galerías recorridas por sus representados, sí claro, que estas obras ya se compran en Miami.
Uno de los mejores clientes de estos acontecimientos son los recientemente separados a quienes su acercamiento con el arte los devuelve al ruedo con más altura que una mesa en Arístides, sin contar de paso, con la oportunidad de llevarse a casa al verdadero objeto por el que se interesaron: la artista.
Hay otro tipo de clientes, (señoras en su mayoría) que hasta encargan cuadros dando medidas y colores de preferencia. Ganan los pedidos de pared a pared.
El precio se establece también bajo un nuevo parámetro: el social y ahí es donde marca la diferencia quien juegue mejor el juego.
Algo bueno de todo esto es que atrás quedó el artista enigmático al que había que encontrar en su atelier, demostrarle cultura y conocimiento a fondo de su obra, además, claro de entenderlo a él (uff, alguien tenía que adaptarlos).
Atrás van quedando las galerías, y por delante, los pasillos de hotel, los restaurantes, las bodegas.
Como los blogs a los libros, los eventos sociales reemplazaron a las galerías de arte. Las paredes quedaron vacías mientras las copas se llenan y todos brindan.
[El artista es el creador de cosas bellas. Revelar el arte y ocultar al artista es la finalidad del arte...]
Escribime a mara@mdzol, mandame tu historia y publicá conmigo.
Seguime en Facebook y en Twitter @LmMara
