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Opinión

Padilla, la cultura y la creación artística

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Interesante aunque no novedoso el planteo que hace Marcelo Padilla sobre la importancia de la cultura como arma de emponderamiento de los pueblos, o como decía el Dr. Marañón: "La cultura es la única argamasa válida que puede unir lo que la economía y la política separan", refiriéndose a la integración del Mercosur.

Más allá de la referencia a esa bella película "La guerra del fuego", tampoco es patrimonio solo del hombre el hecho de unirse en clanes o tribus para mejorar sus posibilidades de supervivencia, sino que la gran mayoría de las especies animales también lo hacen y las que, las naturaleza las ido dotando de otros artilugios de defensa. Ahora hablar de nuestra cultura nacional y popular, o bien es una intención de buenos deseos, o un desconocimiento de lo variables y variadas culturas que existen en el país, como también en el resto de de nuestro continente.

Si bien el planteo de Padilla no es herrado, no por algo EE.UU., viene desde 1930 invadiendo el mundo con sus industrias culturales, tampoco es el caso de que nuestras múltiples culturales sean alineadas detrás de un proyecto político-económico, sino por el contrario, la forma de hacer política, es parte de la cultura de un pueblo, con lo cual no se pueden invertir los valores en pos de un ideario que terminará sustentado en la nada.

Por el contrario, coincido en que no debe haber castas o funcionarios que se creen dueños del quehacer cultural y que además se colocan pomposos títulos como "director de producción artística" o "director de desarrollo cultural", cuando lo que se necesitan son políticas culturales fijadas por ley, una ley que jamás ha existido en nuestra Provincia, por ejemplo, porque las únicas que se han aprobado son las que fijan el accionar del organismo oficial de cultura, que vendría a ser el antítesis de una verdadera política cultural.

Los hechos ocurridos en Vendimia, más recientemente en la Feria del Libro y ahora con las contrataciones del Americanto, demuestra que se prioriza la posición ideológica de los artistas y no su talento y su obra.

Un gobierno que no respeta las leyes de resguardo de los bienes patrimoniales y por ende le importa un carajo el patrimonio cultural y que además sostiene la misma práctica que todos los gobiernos en cuanto al presupuesto cultural, pues no deja lugar a dudas de cual es su concepto de la cultura.

De parte del pueblo, es alentador el aumento de las murgas barriales, no solo como expresión cultural, sino también como herramienta de integración de los que menos tienen y otros proyectos particulares de la enseñanza del arte a los niños, cosa que antiguamente hacía la DGE, pero que poco a poco fue suprimiendo por razones económicas, para ser suplantada su enseñanza, por decenas de materias variables, o sea variadas entre escuelas, con lo cual se llegó a tener más de 160 orientaciones distintas en las escuelas secundarias, con un común denominador, ningún alumno aprendió lo que debería haber aprendido y su desarrollo del pensamiento crítico quedó para siempre cerrado bajo 7 llaves.

Después, el peor atentado cultural, es la exaltación mística que los políticos argentinos acostumbran a realizar, santificando sus propios muertos; así tenemos rutas, aeropuertos, terminales de micros; escuelas, plazas, locutorios, monumentos a la memoria, campeonatos de fútbol, todos unidos por el mismo nombre, o sea un nombre impuesto de arriba hacia abajo, a diferencia de los santos populares como "La Difunta Correa", "El gauchito Gil", etc., etc.

Y entonces me pregunto, bajo que alineamiento deberían unirse las diversas culturas argentinas, que en definitiva conforman la llamada "cultura nacional y popular". "El mate", "el tango", son algunos de los smbólismos rescatados; los ponchos de Belén en Catamarca, pero la música regional es tan rica y variada que debemos seleccionar unas cuantas y así sucesivamente con las distintas expresiones artísticas, aunque muchas de ellas, por formación escolástica, tengan una neta influencia europea, que como en el caso de las artes plásticas, poco a poco va tomando su identidad latinoamericana.

En definitiva, coincido con Padilla en cuanto al valor de la cultura como hecho transformador y revolucionario de las sociedades, pero para que ello suceda, primero tendrá que cambiar la mentalidad de nuestros dirigentes, que a juzgar por lo que pasa año tras año, parece que los crearon dentro de una calabaza y confunden "la cultura" con la "creación artística".