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Opinión

Mi hijo como cacerola

Una madre usa el cuaderno de comunicaciones de su hijo de sala de cinco años para censurar la actuación de militantes de La Cámpora en una escuela de Chubut.
Foto: web
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Una joven madre termina de prender el botón del guardapolvo del mayor de sus tres hijos, mientras hace el recuento mental de las cosas que debe llevar para estar a la par de sus compañeritos de la sala de cinco años.

Lorena sabe que a esa edad a los chicos no puede faltarles nada, para que no vean las diferencias que el mundo se encargará más tarde en resaltar.

Por eso, apresta la lunchera con la hamburguesa de pollo con salsa de choclo que tanto ama Santiago, y que sabe que compartirá con su compañero de banco, porque el domingo pasado le enseñaron en la iglesia la importancia de compartir lo que uno tiene con los demás.

Dentro de la mochila del Capitán América, mete el vasito con sorbete del Hombre Araña y la bolsita de higiene con el jabón azul y la toallita bordada con sus iniciales, para que la maestra no la confunda con el resto, tras recogerla en el piso del bebedero, después de darles la orden de formar fila para volver al grado.

Lorena le corre el mechón de pelo ondulado hacia el costado izquierdo y repasa mentalmente el guión que recitará cuando esté frente a la directora de la escuela, donde sabe por otros padres que un grupo de jóvenes piensan vestirse de payasos y representar una obra donde mencionan a un tal Néstor, que siempre se parece a un pingüino, como esos de los que ven sus hijos a través de Animal Planet, mientras que en el canal de aire se reproduce otro capítulo de los Simpsons.

Sabe que para que sea más contundente y burocrática (único lenguaje que pueden entender los empleados públicos de su Chubut natal), deberá plasmar primero lo que dice en el cuaderno de Comunicaciones, dando a entender que ella no autorizará a la directora, para que otro que no sea la maestra, le hable a Santiago.

“Señora Directora...".

Primero la forma. Lorena no quiere ser incorrecta. No quiere que la tilden de desprolija ni improvisada.

“Mediante la presente dejo asentado que NO AUTORIZO…”

Lorena odia escribir con mayúsculas, sabe que no concuerda con las letras redondeadas y prolijas del resto de la nota, pero tampoco la convencieron los borradores previos donde subrayaba la frase o la resaltaba con un fibrón naranja flúo, como los que usaba para hacer los resúmenes de Historia hace diez años cuando aún cursaba la secundaria.

“… a mi hijo Santiago, a recibir la visita de militantes de la agrupación ‘La Cámpora’ en el establecimiento educativo que usted dirige”.

A Lorena no le importa la finalidad ni el objetivo de los visitantes. Junto con su esposo decidieron mandar a Santiago a la escuela pública para que las maestras eduquen a su hijo en Lengua, Matemática, Ciencias Sociales y Ciencias Naturales. No quiere que nadie le hable de política, ni de la Presidenta, ni de Martín Buzzi, que le mintió a los chubutenses durante la campaña, al hacerse pasar por un opositor y ahora defiende la re reelección de “La Señora”, traicionando a todos los NYC (nacidos y criados en el Sur).

“Llegado el caso, solicito que se me avise, para ir a retirarlo”.

Firma con sus iniciales, de las que no excluye la K de su segundo nombre ni tampoco el apellido de su esposo. Repasa la ortografía, agrega el número de documento, cierra el cuaderno y lo guarda en el bolsillo de adelante.

Antes de salir, toma las llaves colgadas junto a la heladera, se carga en el brazo izquierdo al bebé de un año y le dice a Santiago que le agarre la mano a su hermanita de tres años, para que caminen rápido hacia la escuela, donde le dejarán en claro dos o tres cosas a la directora antes que lleguen el resto de las madres y sus hijos.

A continuación la carta de la madre patagónica con la advertencia a la directora de la escuela.

La nota salió publicada en el muro del perfil de Facebook, Monje Negro, aunque data del pasado 20 de agosto. Los apellidos y otros datos de identidad han sido suprimidos para evitar la localización de la autora de la nota y su familia.