Opinión
La insoportable levedad de la partidocracia
La escasísima representatividad actual de los partidos políticos, monopolizadores exclusivos y excluyentes del acceso al poder, tiene una explicación bastante entendible: están a años luz de los problemas de la gente y obsesionados por sus pequeñas y esterilizantes mezquindades.
Creo que la reforma es necesaria y es pertinente debatirla si REALMENTE QUEREMOS CAMBIAR ALGO, aunque el proyecto enviado por el gobernador a la Legislatura promoviendo la reforma de la Constitución de Mendoza es verdaderamente desopilante. Y cuando uno escucha sus declaraciones a los medios queda claro que se ha propuesto una estrategia que, tal vez, cien años atrás hubiera sido efectiva pero nunca en el contexto actual: que la gente se crea que gracias a la reforma de la Constitución vamos a gozar de todos los derechos que la ineptitud de nuestros líderes y las condiciones generales de la economía nos impiden disfrutar.
¿En serio que nos tenemos que creer que por poner el derecho a la vivienda en la Constitución podremos acceder a una? Multiplique el lector y lectora este ejemplo por cien.
Me parece horrorosa también la forma en que se explota sin límite ético alguno la condición de l discapacidad motriz de algunas personas vinculadas al gobierno, para hacerle creer a la gente que si no se reforma la constitución no van a poder ser candidatos, pobrecitos, ¿Pero es que se ha perdido totalmente el sentido de la dignidad? ¿Es que son capaces de apelar a CUALQUIER COSA?
En cualquier Facultad de Derecho de la Argentina se enseña en primer año que la declaración de derechos está consagrada en la Constitución Nacional y si bien las provincias pueden mejorar el sistema de garantías procesales – a través de las leyes de procedimientos – no pueden mejorar el repertorio de derechos de los cuales todos y todas gozamos en el país. La circunstancia de que otras provincias hayan colocado en sus constituciones larguísimas y desopilantes declaraciones de derechos no autoriza a que lo copiemos o lo invoquemos como justificación.
¿Y cuál fue la digna reacción del resto de la partidocracia respecto a la convocatoria del gobernador? ¿Aceptar la invitación y ponerse a debatir democráticamente? ¿Generar una amplia apertura a la sociedad para receptar inquietudes y opiniones? ¿Consultar a personas expertas para ilustrarse de posibles mejoras institucionales?
No, la reacción fue cerrarse en bloque y negarse a abrir el debate porque “no están dadas las condiciones”, curiosamente lo mismo que dijo Juan Manuel de Rosas desde 1833 hasta 1852, para negarse a que la Argentina tuviera una Constitución.
Me duele particularmente el rechazo a la reforma por parte de la UCR, partido al cual estuve indisolublemente unido durante dos largas décadas y con el cual mantengo indestructibles lazos de afecto a pesar de su manifiesto giro a la derecha.
Por supuesto que la respetable autonomía de cada partido legitima la decisión tomada pero considerando la cantidad y calidad de dirigentes de la Unión Cívica Radical involucrados en los temas constitucionales y la tradición reformista del partido manifestada en los tiempos de Llaver, Iglesias y Cobos, renunciar al debate de entrada es una actitud mezquina y chapucera. Esto se refuerza aún más si se considera que ningún partido tiene – por si sólo – los votos para imponer la reforma lo cual obliga a acuerdos y compromisos que si son de cara a la gente no pueden ser reprochables.
¿Qué se debería reformar?
Una Legislatura unicameral. Ya hemos señalado varias veces que no tiene ningún sentido en la dinámica actual de la sociedad tecnotrónica el mantenimiento de un sistema legislativo pesado, lento y burocrático como una Legislatura de dos cámaras. Una sola cámara que compense adecuadamente la población y el territorio y garantice la presencia de las minorías sería suficiente para Mendoza. Pero eso sí, habría menos lugar para los amigos y amigas.
El otro tema tabú es el de implementar un régimen municipal de autonomía para todas las comunidades locales de la provincia y no para el departamento. No se puede hablar de democracia sin participación popular en la gestión de la política, y eso no existe en decenas de pueblos, villas y ciudades de la provincia gobernadas a muchos kilómetros de distancia por una estructura centralizada de poder. Sólo cuatro provincias argentinas tienen este régimen anacrónico y antidemocrático, que viene de la época de Rivadavia. Pero el modelo actual es particularmente favorable a la acumulación de poder y la partidocracia no lo quiere cambiar.
En suma, una pena la actitud de TODOS los partidos de la partidocracia que siguen priorizando sus intereses y sus pequeñeces sobre el bien del conjunto. Bienvenido el debate por la reforma y sería bueno que modernicemos la Constitución, pero a nuestro juicio esa reforma debe hacerse -si y sólo si- conduce a cambios efectivos en la calidad de vida de las personas y a mejorar nuestras instituciones. De lo contrario estaremos profundizando el estéril gatopardismo que ha caracterizado tantas reformas constitucionales en nuestro país.