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Opinión

Preguntá en Bogotá: Jaque no sabe que a Colombia la preside un Magnetto local

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Hay sectores de la política argentina que, si de algo pueden alardear, es de construir una versión de las cosas que se acomode a sus intereses, aunque no se ajuste a la verdad.

A esos grupos adscribe, tal como lo leo en MDZ, el ex gobernador y actual embajador en Colombia, Celso Jaque, cuando nos tira en la cara que en aquel país en donde reside temporariamente “no hay concentración de medios”.

En numerosos viajes a aquel país, he tenido la oportunidad de verificar cómo un “relato” de las cosas ha unido a los principales grupos periodísticos, a tal punto de que, por ejemplo,la sociedad desconozca cosas tan evidentes fuera de Colombia, como la existencia de bases militares estadounidenses. Los medios no hablan de ello y lo han decidido al unísono, por citar sólo un ejemplo.

Un relato, decía, que surge de la alianza entre el Gobierno y el sector privado y que no necesita –como ocurre en la Argentina- de la generación de un aparato estatal o paraestatal para acordar de qué se habla y de qué no.

Simplificando al extremo, lo que ha conseguido “el poder” es concentrar sus propósitos a tal punto que la disidencia queda para unos locos opositores que, si se pasan de la raya, siempre hay tiempo de alinearlos simbólicamente con lo peor del terrorismo, y listo.

Para conocimiento de nuestro ex gobernador, valga recordarle que el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos Calderón, es miembro de la familia propietaria del multimedios identificado con el diario El Tiempo, el de mayor circulación en ese país.

En el tronco familiar puede hallarse a antecedentes del poder familiar: Eduardo Santos Montejo fue presidente entre 1938 y 1942. Rafael Santos Calderón fue hasta hace poco tiempo el director de publicaciones de Casa Editorial El Tiempo (el grupo se llama por su sigla CEET). Y Francisco Santos Calderón, además de haber sido periodista de la casa, fue vicepresidente de Colombia entre 2002 y 2010. La familia transfirió sus acciones a otros, quienes aparecen hoy como los únicos propietarios del grupo.

Lo que sucede en Colombia, tiene razón Jaque, es bastante diferente a lo que pasa en la Argentina: allí la concentración está promovida por el Estado alrededor de una idea de nación que no puede ser alterado.

Así lo denuncia Jose Antonio Gutiérrez, analista político residente en Irlanda es un fuerte crítico de “el papel del estado mafioso, la oligarquía y la industris mediática que trabaja al servicio de los grupos de poder”.

Consideró en una entrevista de febrero de 2012 que “Colombia es uno de los países con la mayor concentración oligopólica sobre los medios de comunicación”.

Dice:

Eso determina que los medios entreguen una visión del conflicto que es funcional a sus intereses y a su sanbenito de la “confianza inversionista”. Además, ya casi no quedan voces críticas en los medios, pues el asesinato y la amenaza durante las últimas décadas han “limpiado” los medios de voces molestas y los que quedan se autocensuran. No quedan casi periodistas que vayan a las zonas de conflicto y den parte de la realidad de la guerra. Los que lo hacen, son criminalizados y tildados de propagandistas de la insurgencia, cuando solamente quieren hacer bien su trabajo. Todos los medios tienen una sección conflicto, pero esos periodistas rara vez viajan, y cuando lo hacen, se quedan en los cuarteles. Por lo general, sencillamente van a las ruedas de prensa del ministerio de Defensa y consecuentemente repiten la propaganda de un gobierno militarista que oculta la realidad y la distorsiona. Los medios colaboran activamente con esas mentiras, como cuando han culpado a la insurgencia de atrocidades cometidas por el paramilitarismo, la delincuencia común o el mismo Estado.

Por esto, desconocer la realidad del país en el que se ejerce la responsabilidad diplomática o ajustarla a los intereses de un discurso, le hace un flaco favor al debate. Mejor, hablemos en serio, por la credibilidad es lo último que se recupera una vez que se pierde.