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Opinión

Ni-ni: cien cosas para votar por CFK y cien para no hacerlo

Crece el empuje para saber si sos oficialista u opositor. La agitación existente tras el triunfo en las primarias del oficialismo ha vuelto la situación bastante incómoda para quienes no son oficialistas pero tampoco opositores. ¿Es posible una posición ni-ni? Una opinión que defiende esta última posibilidad como oxígeno para la democracia.
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¿Se puede no ser oficialista sin ser, tampoco, opositor?

Cada vez menos.

La demanda de polarización está a la orden del día. Desde uno y otro lado se cincha para conseguir el aval. Y el asunto parece diferente a aceptar lo que vos pensás, tus convicciones y creencias, heredadas o aprendidas, obtenidas por pensar o por captación. La cuestión es parece ser verte vencido en la pugna de la soga por ser pro o contra, arrastrado en el fango.

El tema lo cuenta el escritor Martín Caparrós de una manera más gráfica: sostiene que decidió escribir su último libro luego de que le resultara imposible no pelearse con un amigo entrañable, durante una cena familiar, por temas inherentes a la realidad política del país.

Caparrós lo menciona en el inicio de su nuevo volumen, con dolor, ya que esta situación en la que el aprecio por una política de gobierno llega a transformarse en la razón de vida de alguien impide el diálogo, el intercambio, aun entre personas que han compartido toda una vida.

Democracia, política, peronismo, kirchnerismo, setentismo, memoria, ejército, segurismo, derecho sumanos, lagente, villero, honestismo, presidenta, campo, inepsia, crispación, progresismo, relato, trucho, modelo, Él, militancia, aguante, elecciones, futuro son algunas de las palabras que el diccionario de la realidad Argentinismos, de Martín Caparrós, ofrece para entender el presente.

El autor, que no debe acreditar historia dentro del mundo “progresista” -antes de convertirse en un referente de la “vereda de enfrente” al kircherismo (¡qué término menemista!)-, escribió junto con Eduardo Anguita los tres tomos de La Voluntad, una historia de la militancia revolucionaria de izquierda en la Argentina.

En esta situación planteada, muchos quedan parados en una posición que ridículamente resulta incómoda. Acusados de “traidores” por unos, quedan como “tibios oficialoides” para quienes no rescatan nada de nada de nada de la actual gestión como positivo.

Así, el “fanatismo A” genera como reacción el “fanatismo B” y ello nos lleva a una polarización absurda, un maniqueísmo de blanco o negro que impide la vigencia del arco iris de posiciones que le da un mejor clima a las democracias como las instituidas, hasta ahora, en el país mediante la Constitución.

Podríamos votar a CFK por 100 motivos: de hecho, ya lo hicieron los sojeros que la negaban hasta dejarnos al borde de la guerra civil y también los empresarios que recientemente pidieron que renovemos la confianza en la Presidenta.

Pero la misión del periodismo, tal como lo acuñó Horacio Verbitsky alguna vez, “es difundir aquello que alguien no quiere que se sepa; el resto es propaganda”.

Es la misión de quienes estamos en los medios buscar los 100 motivos por los que no habría que votarla y la de sus partidarios –si realmente están comprometidos con cambiar de cuajo la matriz de las injusticias de este país- debería ser aceptar esta tarea crítica gustosos, tomando nota y avanzando también sobre estos puntos oscuros.

Valga también el rol de ser “periodistas militantes”, si asumen a plena conciencia su rol
Es increíblemente bueno vivir en una Argentina que haya recuperado a los jóvenes para la política, que genere empleo real, en la que se instauran leyes sociales como las que siempre levantaron como bandera muchos partidos de la oposición, tales como la Asignación Universal por Hijo y el Matrimonio Igualitario. Pero, ¿a quién le sirve conocer sólo lo que está bien?

Los motivos de Caparrós están vigentes en las redacciones de los medios, en los cafés y en muchos hogares. Lo bueno: se habla de política y eso nos obliga a saber más y a tomar partido, a buscar, a elegir. Lo malo: la política no es un sentimiento, como puede considerarse al fútbol y, por lo tanto, requiere de racionalidad más que satisfacciones instantáneas e individualistas o de grupo.

Posiblemente, muchos se encuentren completamente pipones ideológicamente (en un país infiel, muchas veces ingrato y otras, inclusive, asesino) y sientan por ello la necesidad de decirlo e, inclusive, de exigir que se comparta su satisfacción. Pero hay una necesidad que tiene por lo menos el mismo nivel de derechos: la de criticar lo que se considera que está mal, aun sin ser opositor en el sentido clásico del término.

El desafío entonces para la democracia argentina es poder replantearse, como se ha hecho en muchos temas cruciales desde el “que se vayan todos” hasta ahora.
Valga, entonces, la defensa de ser un “ni-ni” argentino sin ser tildado, por ello, de “crápulas opositores”.