Opinión
Nacen los “nini” argentinos: ni oficialistas ni opositores
Los militantes más enfervorizados del kirchnerismo son más que claros a la hora de referirse a los que se beneficiaron con los gobiernos de Néstor y Cristina y, satisfechos, miran la góndola de ofertas electorales con la intención de probar con nuevas marcas: “traidores”, les llaman.
Y algo de eso hay. La mística insuflada a la militancia sumado a la creación de un folklore kirchnerista lo que pretende –legítimamente, por su puesto- es fidelizar al votante.
Saben que mucha gente a quienes jamás se les había pasado por la cabeza votar a un peronista, esos a los que en el diccionario identifican como “gorilas”, lo han hecho estas últimas veces por candidatos propuestos por NK y CFK.
A muchos les gustó el tono del gobierno y a otros, el fondo de las políticas aplicadas. Algunos sencillamente fueron beneficiados directamente y, por eso, necesitan un clima de continuidad. Y una buena parte de quienes sin ser leales se sumaron a las loas al oficialismo, comienzan a hacerse los distraídos, por un abanico de motivos: les molesta la ventilación de los casos de corrupción, ya satisficieron sus necesidades personales o de grupo y quieren “más”, aspiran a mayores controles para evitar un “sicristinismo” que pueda acentuarse luego de un nuevo triunfo en octubre próximo o se creen el cuco de la chavización del país que alientan aquellos que, nunca la quisieron a ella o a “Él” y creen que cuajará no bien consigan un batacazo espectacular en primera vuelta.
En definitiva, se crea lentamente un clima que segunda vuelta: no otorgarle al Gobierno una carta en blanco, por si las moscas, y de ese modo, obligarlos a moderarse y a evitar una hegemonía que se nota más en algunos aspectos (como el control de la economía, el discurso público) y menos en otros, debido a los matices con que el kirchnerismo ha logrado colarse en las resistentes estructuras pejotistas provinciales.
Por ello hoy Ámbito Financiero habla de que será Cristina quien defina la lista de aspirantes al Congreso y por ello, también, los candidatos oficialistas de Mendoza ni hablan del tema, ni se preocupan, aunque dejan traslucir sus gustos y pretenciones frente a las dos o tres posibilidades que hay para integrar la lista de diputados nacionales por Mendoza. Dicen, en estricto off, que “Será Cristina quien decida por Juan o por Pedro, pero serán Juan o Pedro sí o sí, no hay posibilidad de colar a otro en esa lista”.
Cristina no quiere librepensadores: ella es quien marca los límites de la libertad a la hora de discutir leyes en el Congreso y prefiere evitar los chascos que ya les han ocasionado legisladores que llegaron prometiendo defender los intereses de su provincia y que, al final, cuando quisieron hacerlo o rifaron su propia carrera política o renunciaron a ella o directamente quedaron con cara de bobos al tener que cuadrarse sin chistar. El modelo –que es más político que económico- necesita –para hacer con la economía y la política los cambios prácticos que la realidad le vaya demandando al poder con el paso del tiempo- de esta alineación de cuadros.
Es por ello que esta nueva generación transversal, que no está unida por la edad sino signada por sus preferencias y conveniencias, constituye algo así como los “nini” argentinos, una especie de masa que no es oficialista pero que tampoco es opositora.
Este fin de semana una mesa de cuadros intermedios de empresas y bancos y cuentapropistas, que tan sólo es un botón de muestra, definió –almuerzo de por medio- que no fueron nunca peronistas, que les gusta el Gobierno nacional, que aspiran a que continúen las medidas que los han beneficiado pero que, además, preferirían que el Gobierno se pegue un susto (aunque nunca un ataque de pánico) en las próximas elecciones.
La palabra “moderación” surge en estos ámbitos conservadores: quieren que todo siga como está y descreen de que se esté viviendo –tal como lo fogonea el folklore rentado del primer círculo del poder- “una revolución”. Valoran los avances sociales, pero desean un gobierno que no se vuelva autoreferencial ni endogámico: quieren controles en el Congreso de parte de algún partido que “no se de vuelta”, que tenga propósitos e ideas sólidas.
Los “nini” se niegan a identificarse como tales. Pero que los hay, los hay. Y amenazan con engualicharle la campaña a una Cristina que se muestra exitosa y sus adláteres que se exhiben exitistas a toda costa.
Gabriel Conte en Twitter: @ConteGabriel