Presenta:

Opinión

Última carta a Alejandro Gómez

167649.jpg

Querido Alejandro:

Todavía me da vuelta la cabeza. No puedo creer lo que ha ocurrido. No puedo aceptar esta noticia.

Te has ido. Ya no podremos tener tu palabra, tu compañía, tu genialidad.

Hace dos días que me sentía extraño. No dormía bien. Un impulso me llevaba a pensar en vos, con fuerza. Algo importante estaba pasando, y no podía entender qué. Y hoy, al ver el mdzol, comprendí por qué.

Llevo varias horas pensando qué hacer. Como reaccionar. El primer momento fue mantener silencio, y guardarme las ideas. Pero no puedo quedarme en paz. Me resulta imposible. Sería como una gran injusticia. Porque, lo sabés bien, me deuda con vos es muy grande. Sos una de las personas que más ha influido en mi vida. En grandes decisiones de mi vida. Por vos, volví a vivir a Mendoza en 1993; por vos me fui después, a estudiar al extranjero, cuando querías que el diario UNO tuviera cuadros más preparados. Cuando ya estaba para reintegrarme, vos te fuiste, y el proyecto quedó trunco. Luego seguimos caminos paralelos, siempre en contacto. Y tu consejo fue clave para que finalmente no aceptara un cargo que me ofrecieron en el gobierno, decisión que orientó mi vida en otra dirección.

¿Cómo hacerte justicia? ¿Cómo contarle a los mendocinos quién es Alejandro Gómez? ¿De qué hablarles?

Podríamos comenzar en Semana Santa de 1987. El entonces teniente coronel Aldo Rico, luego referente del kirchnerismo, intentó dar el golpe de Estado contra la naciente democracia argentina. Eras entonces director de Radio Nacional Mendoza. Nuestros dirigentes políticos estaban asustados y desorientados. Pues bien, desde tu puesto, lideraste la resistencia. Convocaste al pueblo a la calle para defender la democracia. Estuviste varios días sin dormir, para transmitir todas las alternativas del agitado escenario político nacional. Los militares te pusieron en la cabeza de la lista negra: si triunfaba el golpe, el primero en ser boleta serías vos. ¿Te acordás? Y también tuviste que ir a la Legislatura, sentarte en el sillón del vice gobernador, y levantarle el ánimo a todos, que estaban como derrotados, resignados… Fuiste el pilar de la democracia en Mendoza…

Luego me acuerdo de tu carrera. Estuviste de director de varios medios de prensa. Recuerdo cuando me contaste que intentaron coimearte a nombre de un grupo del poder nacional menemista, y cómo cortaste la conversación en forma tajante: los amenazaste con denunciarlos si tan solo tuvieras testigos… También me contaste que sabías de un presidente argentino que recibió muchos millones de un gobierno de Europa, incluyendo aportes de su rey, para entregar la acción de oro de YPF. El entonces presidente argentino, referente del populismo conservador, logró enriquecerse. Y no teníamos pruebas para ponerlo en el diario.

Claro, esa era tu actitud. Pero eso, a los 46 años, en la plenitud de tu madurez profesional, andabas en un Fiat 600 modelo 68 y te vestías con singular modestia. Recuerdo lo serio que debió ponerse el dueño del diario UNO para convencerte que, como director de ese medio, debías tener un auto más nuevo y ropa más adecuada.

 “Los adjetivos los pone el lector”, nos enseñabas una y otra vez. Y nos lanzabas a la lucha. Apoyaste siempre la triada de Gustavo Solanes: el periodismo se apoya en las tres “c”: cultura, criterio, cojones. Era tal la confianza que nos inspirabas, que íbamos al frente sin miedo a nada. Dos veces recibí amenazas por las noticias que publicábamos en el diario (una de ellas de un juez federal menemista que le firmó el documento a Al Kasar). Con tu apoyo nos bastaba para sentirnos fuertes y seguir. ¿Qué podía pasar, si nos respaldaba Alejandro Gómez?

Es notable, pero esa sensación de confianza tan grande en alguien, es muy difícil de volver a experimentar. Es una  mezcla con admiración que se convierte en algo casi físico, que se puede tocar.

Nos enseñaste siempre que la función principal del periodismo es el cuestionamiento permanente del poder. El periodista (como el intelectual) nunca puede ser un cortesano del poder. Porque se desvirtúa. Es como si el critico de arte entabla relaciones emocionales o comerciales con los artistas: de rompe el sistema.

Esa misma confianza fue la que me diste para recorrer todos los departamentos de la provincia, convocando a la gente a escribir su propia historia. Me hiciste hacer más de 150.000 km en el auto, durante tres años, para realizar esa movilización, que luego salió en la colección de libros sobre los departamentos del Diario UNO. Fue un rescate cultural del patrimonio intangible de nuestra provincia, tan entrañable, tan profundo… y fue tu idea; se hizo posible gracias a tu apoyo. Mucha gente sencilla de los más modestos pueblitos del interior de la provincia llegó a tener voz y contar su visión de las cosas. Recuerdo tu fuerza en momentos críticos, como cuando de la municipalidad de la Capital querían prohibir que el prólogo del libro correspondiente a ese municipio, lo escribiera Roberto Bárcena. Bárcena trabajó tanto para esta colección, que se había ganado ese lugar. Del municipio nos presionaron con levantar las pautas publicitarias si poníamos a Bárcena. Y allí estuviste vos, firme, para defender al gran Roberto.

Y fue muy hermosa esa colección, porque pusiste en foco a esas gentes sencillas de los departamentos, con los grandes intelectuales, científicos y escritores de Mendoza: Luis Triviño, Arturo Roig, Humberto Lagiglia, Carlos La Rosa, Angel Bustelo, Adriana Arpini. Además, esta obra rescató el trabajo de investigacion de muchos años de mendocinos de bajo perfil, pero de valiosísmo trabajo, como las historias ferroviarias de don Garcés Delgado.  También comenzaron a brillar en esas páginas algunos jóvenes talentosos, que luego han dado mucho para Mendoza: Emma Cunietti fue titular de la Dirección General de Escuelas; Gustavo Marón fue Director Provincial de Aeronautica; y Gabriel Conte es hoy uno de los más destacados periodistas del medio.

Fueron épocas muy intensas, de mucho compromiso y acción.  Roce fecundo de jóvenes y viejos, de doctos y autodidactas, de ricos y pobres, de encumbrados y modestos. Un proyecto increíble, con  experiencias únicas, sólo posibles por tu apoyo y tu confianza.

Recuerdo el respeto que irradiabas hacia todos. Gustavo Gutierrez, entonces implacable senador por el Partido Demócrata, solía asegurar que eras como una especie de santo laico. Una excepcionalidad.

Lamentablemente, te agotaste de luchar. Me contaste un día que te ibas del país, cansado de ver tanta corrupción; que sentías que era estéril seguir luchando en esas condiciones. Y estabas ya exprimido como un limón. Desde entonces, hemos mantenido un contacto a la distancia. Atesoro todo lo que me enseñaste. Hay cosas que demoré mucho tiempo en comprender. Pero están allí.

Bueno, Alejandro, amigo mío, me cuesta seguir. No puedo ordenar los recuerdos. La emoción es muy grande. Sólo me queda energía para decirte ¡gracias, muchas gracias, Tatano!

Pablo

(Foto: Gentileza de El Nuevo Herald)