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Opinión

La “catamarquización” del país

Indefectiblemente, se ha nacionalizado el debate electoral en la Argentina. El adelantamiento de los comicios al 28 de junio y la adhesión sumisa de Mendoza a esos términos, achatará el debate. Triunfa Kirchner en su intento de polarizar el debate "entre dos modelos". Jaque no tendrá tiempo de levantar vuelo.
Foto: MDZ
Foto: MDZ

El adelantamiento de las elecciones provinciales para realizarlas junto con las nacionales el próximo 28 de junio, representan un nuevo desafío para Jaque: no tendrá tiempo de levantar vuelo.

Pero no será el único en problemas, evidentemente.

La Nación avanza en su proyecto y arrastra a las provincias que son afines. Pero también a aquellas que, sin serlo, son obligadas a cuadrarse, como Córdoba y La Pampa. La decisión es centralista y se justifica en darle una vuelta de tuerca más a lo que considera “una lucha entre dos modelos de país que –sostienen, en términos de gesta- son diferentes”.

Lo logrará: nuevamente la pelea polarizará al país como sucedió en la batalla entre campo y gobierno.

Quien a priori gana y reafirma su poder es Néstor Kirchner. Se impone su teoría de llevar las contradicciones al extremo. Y se juega todo en esta elección, ya que representa la antesala de los comicios presidenciales del 2011.

Esta “catamarquización” del país puede jugarle, sin embargo, una mala pasada. La respuesta del electorado puede resultar idéntica a la de aquella provincia en donde su partido explotó, desparramando los restos de Saadi, Barrionuevo y hasta de su concuñado, Bombón Mercado.

Poco de “gesta” hubo en esta idea latente que propugna el kirchnerismo de “sumar a todos para cambiar al país”. Se trató, simple y tal como lo verbalizaron en su sello electoral, de armar nada más que un “frente para la victoria”. Y sólo eso.

Kirchner quiere que vuelvan a subir a su barco todos los náufragos de la gestión de su esposa Cristina: los sectores más progresistas, los partidos de izquierda, los movimientos populares y los que, sin ser sus amigos, son enemigos de sus enemigos. Todos ellos, están hoy dispersos, buscando un canal de salvataje.

Muchos, permanecían –hasta hoy, en que les tiran una soga- decepcionados por la vuelta de Kirchner al PJ y por el abrazo al anacrónico “pejotismo” de los dirigentes del conurbano bonaerense, los Saadi, los “tibios” como Schiaretti, Reutemann o De la Sota.

Un breve repaso por las primeras reacciones de los referentes nacionales de todos los partidos políticos deja como resultado un ataque de nervios generalizado, salvo en los autores de la idea, que permanecen testarudos y encandilados, incapaces de autorizar alguna autocrítica.

La oposición queda al descubierto: en realidad, nunca fue “la oposición”, sino un grupo de partidos opositores muy diferentes entre sí. Por ello, ahora quedarán en evidencia, ya que les resultará muy difícil llegar a elecciones internas o a esos ensayos que prometían hacer, al modo que lo hiciera la Alianza, eligiendo entre los mejores de cada partido, sometiéndolos al electorado en instancias previas a las elecciones.

El tiempo se acaba. Y el dicho que parece triunfar se parece mucho al sino de las últimas elecciones, en las que no había una alternativa clara y definida: “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

Seguramente la sociedad reaccionará nuevamente como lo hizo durante el conflicto del campo. Será una reacción apasionada y, por lo tanto, despojada de análisis y con escaso raciocinio. Será una movilización visceral y por lo tanto, con poca materia gris como motor.

Quien gane, con estas reglas, en estos términos y en definitiva, ¿qué ganará?