Opinión
Paraguay en la dimensión desconocida
Quienes llegan a los gobiernos desde la religión suelen convertirse en déspotas implacables. Josef Dhiujashvili, más conocido como Stalin, estudió en un seminario pero no llegó a ser cura porque la revolución bolchevique lo convirtió en el peor genocida de la era soviética. El haitiano Jean-Bertrand Aristide daba misa en Cité Soleil, la barriada más populosa y miserable de Puerto Príncipe, hasta que creó el Partido Lavalás y se convirtió en un presidente bastante autoritario. Y Gaspar Rodríguez de Francia, amo y señor del exitoso despotismo ilustrado decimonónico del Paraguay, estuvo a punto de egresar como sacerdote del seminario teológico donde estudió al mismo tiempo en que se doctoraba en Derecho.
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Glaciares: proteger mejor para poder crecer
Pero en el discurso de Fernando Lugo hay algo lo suficientemente diáfano y lúcido como para no esperar desviaciones de ese tipo en el gobierno que está inaugurando en el Paraguay.
El desafío tiene una dimensión oceánica. Un Estado carcomido por la corrupción, con la economía apoyada sobre el contrabando, la política enancada en el clientelismo y la desigualdad a niveles catastróficos y lacerantes, queda bajo la dirección de un sacerdote de la Orden del Verbo Divino, que calza sandalias franciscanas, como misionero en Ecuador adhirió a la Teología de la Liberación y vivió abrazado a una columna de principios éticos sin fisuras.
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Una elección de abogados (y algo más)
Este sobrino del caudillo colorado Epifanio Méndez Fleitas, que creció en una familia colorada pero perseguida por la dictadura stronissta, no será de los que buscan en el gobierno el enriquecimiento y el poder sin límites. Al menos así lo promete su historia personal, transparente y sin manchas.
Lo que queda por ver es si puede cumplir con la promesa de moralizar el cuarto país más corrupto del mundo, según Transparencia Internacional. Y si logra que los sectores que siempre gravitaron sobre el gobierno central, acepten reglas de juego para construir una sociedad más equitativa.
No le será fácil lidiar con los “brasilguayos”, esos cerca de quinientos mil brasileños con miles de hectáreas en Paraguay donde producen soja, y ya han dado señas de rechazo a las revisiones catastrales y las políticas de retenciones que ha anunciado el flamante presidente.
Tampoco le será fácil convencer a Brasil y la Argentina que deben pagar por la energía paraguaya mucho más de lo que están pagando. La rediscusión de precios que propone Fernando Lugo no es un capricho ni una arbitrariedad. En el caso de Brasil, esos precios fueron fijados hace más de treinta años por el Tratado de Itaipú, firmado por el dictador Alfredo Stroessner, y establecen un pago anual que hoy es cinco veces inferior al que señalan los mercados internacionales.
Sobre la tendencia que tendrá el gobierno de la Alianza Patriótica para el Cambio (APC), muchos analistas paraguayos creen que será definida por grupos indigenistas como Tekokojá y los partidos trotkistas que también integran este frente político, pero el vicepresidente Federico Franco sigue afirmando, como lo hace desde que estaba en campaña electoral, que el nuevo gobierno paraguayo es de una centro-izquierda cercana a Lula, Bachelet y Tabaré Vázquez.
Colorados en el llano
Cuando Vicente Fox puso fin a siete décadas de poder priísta, encontró como principal desafío separar el PRI del Estado al que se había amalgamado, sobreviviendo a los múltiples sabotajes que el partido que fundaron Lázaro Cárdenas y Plutarco Elías Calles ejecutarían desde la burocracia pública.
El mismo titánico desafío encuentra Fernando Lugo, y con un agravante: el Partido Colorado no sólo tiene una relación siamesa con la estructura estatal, sino que también se amalgamó al ejército. Por lo tanto, el gigante derrotado cuenta con múltiples instrumentos de conspiración contra el nuevo gobierno.
¿Cómo hará Lugo para afrontar semejante pulseada y, al mismo tiempo, reactivar una economía anquilosada y equilibrar una sociedad obscenamente desigual? Algunos analistas ven en las posibles respuestas la billetera con que Hugo Chávez recluta en la región lealtades presupuestarias.
Tal posibilidad no es descabellada, pero tampoco inexorable. Las urgencias que enfrentará su gobierno y el hecho de que se trata de un discípulo de Hélder Cámara, aliado a grupos trotkistas y dirigentes de un marxismo puro y duro, podrían empujarlo hacia el eje Caracas-Quito-La Paz. Pero otros elementos, incluido el propio discurso del presidente Lugo, muestran que su idea de gobierno está más cerca del centro-izquierda moderado que representa Lula.
Los análisis alarmistas dejan de lado un componente clave: el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA). Esta fuerza política, principal integrante de la alianza vencedora, es la heredera de la formación nacida tras la Guerra de la Triple Alianza, con el nombre de Centro Democrático y rebautizada más tarde como Partido Liberal.
Gobernó Paraguay desde 1904 hasta la revolución de febrero de 1936, adhiriendo a la democracia representativa que definió Montesquieu en “El Espíritu de las Leyes”. En 1978, repudiando al sector partidario que apoyó la dictadura de Stroessner, Domingo Laino lanzó el PLRA para acentuar su carácter netamente opositor y de legítimo heredero del viejo Partido Liberal.
Desde entonces, en Paraguay hubo tres fuerzas: el conservador Partido Colorado, el centrista PLRA y el izquierdista Partido Revolucionario Febrerista, surgido del levantamiento de 1936, que derrocó al liberal Eusebio Ayala y encumbró a un héroe de la Guerra del Chaco, Rafael Franco, iniciando el período de turbulencias que desembocó en la guerra civil.
La alianza que batió al “partido-estado-ejército” sumó al PLRA, el liderazgo carismático de un obispo destacado por su ética, su formación académica y su gran llegada a los más pobres de la sociedad. En ese campesinado sumergido que habla en guaraní, quien más había calado era el general Lino Oviedo, siendo Fernando Lugo el único podía disputarle al militar populista y a la estructura clientelar del gobierno los votos de ese sector de la sociedad, al que sólo llegan los largos brazos del ejército y la iglesia.
En el gobierno surgido de esta histórica elección, el PLRA actuará como contrapeso de los miembros más radicalizados de la coalición triunfante. Sin embargo, los desafíos son tan grandes y las necesidades tan urgentes, que es imposible descartar alianzas regionales basadas en el apoyo económico, terreno en el cual la billetera de Chávez es más abultada y generosa que la de los demás gobernantes.
Si desde la burocracia y el ejército los colorados conspiran contra Lugo, como lo hicieron contra sus propios gobiernos en las gestiones de Wasmosy, Cubas, González Macchi y Duarte, el hombre fuerte de Caracas proyectará su sombra al Paraguay.