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Opinión

"Hay que quererse más"

Roberto Galán tenía razón. Tal vez no haya que llegar al extremos de besarse por las calles o de hacerlo en un estudio de televisión. Pero, al menos, hay que querer más al otro (siquiera, tanto como a uno mismo, tal la fama de autosuficientes que tenemos los nacidos en esta tierra).

A los argentinos nos aqueja una enfermedad endémica que se reconoce por la persistencia de un desencanto mutuo, disconformidad inquebrantable y que provoca espasmos de violencia y un sentimiento de sospecha hacia “el otro”.

Todo ello, induce a que nos enfrentemos a rabiar por cualquier cosa, como si estuviera en juego en ese acto, el Armagedón, el día final de todos los tiempos.

Lo peor del cuadro es que esa enfermedad, mal tratada, puede resultar mortal.

Ese estigma lo señaló, sin sutilezas, el viejo dirigente tupamaro uruguayo José “Pepe” Mujica (foto). Entrevistado por TN dijo que los argentinos "son polvorita, se dicen cualquier cosa y después es muy difícil sentarse en una mesa. Cuando la crisis ustedes rompían las puertas de los bancos a mazazo limpio, mientras nosotros buscamos y encontramos una salida política. Quiéranse un poquito más."

La frase fue pronunciada por un primo hermano, un habitante de un suelo, Uruguay, que tiene nuestros mismos genes pero que, evidentemente y si le damos importancia a sus dichos, ha logrado evolucionar hacia un estamento superior.

(Mientras escribimos esto, es posible calcular la reacción de muchos compatriotas argentinos, intentando descalificar ya no solo a Mujica por lo que dijo, sino a TN por entrevistarlo y a este mismo escriba, por citarlo).

Valga, para reconocernos en los dichos del uruguayo, una lista de las últimas puteadas lanzadas a mansalva, como síntoma palpable de la febrícula argentina del momento:

• “Cobos es un hijo de puta” (Hebe de Bonafini)

• “El matrimonio K representa un obstáculo” (Eduardo Buzzi)

• “Este es un gobierno de matriz fascista” (Elisa Carrió)

• “Defenderemos a tiros a la presidenta” (Luis D Elía)

Con cada una de estas afirmaciones no se calculó la posibilidad de dar marcha atrás. ¿Los personajes que las pronunciaron han calculado, acaso, cuál sería el paso siguiente?

Alguno, como el dirigente de la Federación Agraria Buzzi, pidió disculpas.

Pero para el resto, la oración pronunciada vale tanto o más que clavar un estandarte en suelo conquistado: de allí no se mueven mientras estén con vida.

“Más democracia a la democracia”, se le escuchó proponer a Cristina en ocasión de anunciar la remisión al Congreso del proyecto sobre retenciones al agro y, a partir de esa frase, puede ocurrir alguna de estas dos cosas:

1- que sea cierto y que se le ponga fin a esta dolencia del alma de los argentinos de prometernos todos los días la propia muerte.

2- que sea solo eso, una frase, y que por detrás se sigan alimentando a los dos demonios para que sigan con sus tropelías.

“Quiéranse un poquito más”, nos pidió el veterano dirigente uruguayo que tal vez, tenga razón.