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Opinión

En tiempos de crisis, los Kirchner recurren al manual clásico del peronismo

La crisis financiera global comienza a impactar sobre la economía real y el matrimonio Kirchner sabe que no  vienen tiempos propicios para inventos ni para improvisaciones,
por lo que el Gobierno apelará con seguridad a las recetas  clásicas del peronismo para capear el temporal en ciernes.

Tres elementos comienzan a hacer palpable la reacción del matrimonio presidencial ante la crisis: la promoción de un "pacto social" entre sindicatos y cámaras empresarias; la adopción de medidas proteccionistas sobre la industria nacional; y la puesta en marcha de un operativo para no perder el control sobre el PJ.

Un cuarto elemento podría agregarse a este paquete: la  ratificación de la histórica visión "antinorteamericana" del  peronismo, enaltecida ahora por las consecuencias de la crisis
que desató el coloso del Norte y por las malas noticias  vinculadas al juicio de la valija que se desarolla en Miami.

Respecto de la estructura partidaria, mantener su cohesión  parece ser para los Kirchner una empresa tan complicada que no  dudaron en exponer el liderazgo del propio ex presidente para conseguirlo: lo hicieron a través del "operativo clamor" para  instalar la posible candidatura del caudillo patagónico.

Se trata de una jugada riesgosa, porque no sólo implica un  salto de distrito para Kirchner, sino que además su sola  presencia en la grilla de candidatos legislativos en la  provincia de Buenos Aires para 2009 podría tener un efecto  aglutinador de la oposición.

Pero, en rigor, el objetivo del operativo oficialista es  mucho más inmediato y apunta a blindar la conducción del PJ ante  el avance de las voces críticas, que comenzaron a hacerse escuchar con fuerza cuando el conflicto agrario sacudía los  cimientos del Gobierno hasta hacerlo zapatear.

En este marco, la idea que baja desde la residencia de Olivos  a los distintos estamentos del justicialismo es, palabras más,  palabras menos, la siguiente: "El peronismo es uno solo y el
conductor es Kirchner. Y los que no se encolumnan con los  gobernadores e intendentes del PJ, están contra Kirchner".

De este modo, el matrimonio presidencial busca congregar en un bloque monolítico a las fuerzas oficialistas -por supuesto con  eje en el PJ- y obturar cualquier posibilidad de que germinen  líneas internas en las provincias y los municipios que,  finalmente, peguen el salto hacia otros horizontes partidarios.

Sin embargo, la sola realización de cuatro actos de cierta importancia por el Día de la Lealtad justicialista, este 17 de octubre, da la pauta de que el peronismo comienza a poner en tela
de juicio el liderazgo de Kirchner, pese a que el ex presidente pareció volver a las fuentes cuando dejó en sillón de Rivadavia.

Ese retorno kirchnerista a la liturgia "pejotista" -sin ir más lejos, la marchita volvió a escucharse en los actos- obedeció a  la necesidad de Kirchner de convertirse en una suerte de  escudero de Cristina en el comienzo de su mandato, pero ahora  adquiere otra dimensión y parece  prácticamente imprescindible.

Desde ese lugar, y no de otro, es que Kirchner le pide a la  CGT de Hugo Moyano que se sume al reflotado "pacto social" con  el objetivo de que la economía no se desmadre, en momentos en
que comienzan a sentirse los primeros efectos concretos de que  la crisis no quedará sólo en el ámbito financiero.

El líder cegetista ya postergó, en este contexto, el reclamo  sindical para obtener un plus salarial de 500 pesos a fin de  año, mientras que inició una ronda de contactos con los empresarios de la UIA para pedirles que no adopten medidas que  perjudiquen la estabilidad laboral.

De todos modos, ya trascendió que la industria textil -una de  las más afectadas por la economía globalizada- inició un proceso  de suspensión de personal, mientras que en el sector automotriz,  también trasnacionalizado, se registran recortes de horas extra  y adelanto de los períodos de vacaciones.

Esta situación llevó a la propia Presidenta a pedirle a los  empresarios más importantes del país que hagan un esfuerzo para  que no haya despidos en los próximos meses. La jefa de Estado
también habría garantizado en la noche de este jueves en Olivos  que las empresas no recibirán presiones salariales excesivas.

La irrupción de la crisis global cambió el clima político  argentino y abrió la posibilidad de avanzar en este "pacto  social", porque además el efecto inflacionario parece haberse
detenido al compás de la decreciente actividad económica que se  registra desde el conflicto agrario.

Eso, justamente, posibilitó que el Gobierno -a través del  jefe de Gabinete, Sergio Massa- decidiera comenzar  a "transparentar" el turbio mundo de las estadísticas del INDEC
e incluso se permitiera invitar a distintos sectores a visitar  el organismo oficial, pese a las críticas opositoras.

La tercera pata de la receta peronista para enfrentar la  crisis ya está en marcha: la administración K comenzó un lento  pero paulatino cierre de la economía -hasta donde lo permite el  mundo global, claro está- para proteger a la industria nacional  de una eventual invasión de productos extranjeros.

Especialmente las medidas apuntan a frenar productos  subvaluados -consecuencia de la recesión mundial en ciernes-  provenientes de China y de Brasil. Ambos países tuvieron y
tienen mucho que ver con el resurgimiento argentino, pero ya  parece haber pasado el tiempo de los agradecimientos.

El manual de reacción ante la crisis tiene, no obstante, un  punto debil, que excede a la responsabilidad de este gobierno en  particular: la deuda externa. Y sobre todo, la capacidad para  afrontar sus pagos, intereses usurarios incluídos.

El Gobierno lo sabe perfectamente y por eso lanzó el plan  para completar el canje con los bonistas que habían quedado  fuera de la operación en 2005. Pero tal vez lo que se interprete
como algo posibitivo fronteras adentro, despierte suspicacias en  el exterior, donde vuelve a sonar la palabra default.

El 2009 será un año clave para el Gobierno y la Argentina  toda. Allí se verá en términos concretos si la "receta  peronista" dio los resultados esperados por el matrimonio
presidencial.