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Notas

No mueras de vino...

Jose Bahamonde quiere evitar que te conviertas en un esclavo del hábito. Por eso te dice "buscá, descubrí, probá, revelate. Pensá un poco el vino, sentilo".

Hace unos días un amigo de la vida, de esos que no están a tiro de abrazo pero están cerquita en el alma, me sorprende con un fragmento de Neruda. Si, de Neruda, ese poeta de un comunismo sui generis y de una canción desesperada. Ese Pablo enamorado de Matilde y denostado por los intelectualices que pierden la vida por lo nuevo olvidándose recurrentemente de lo bueno y de lo simple.

Mi amigo Diego, me decía: Jose, de tus letras sobre vinos, saco una gran conclusión poética:

"Muere lentamente
quien se transforma
en esclavo del hábito,
repitiendo
todos los días
los mismos trayectos.

Quien no cambia de marca,
no arriesga vestir
un color nuevo
y no le habla
a quien no conoce…"

Al leerlo sentí que al menos una batalla estaba ganando, vibré pensando que a las miles de personas que leen mis palabras los he infectado con el maravilloso virus de la curiosidad. Porque yo no pretendo que aprendan de vino, porque nadie aprende de un poema poniéndole puntos, al poema se lo siente, se lo vive, o no. Yo humildemente pretendo que disfrutes. Y en el libro de oro del disfrute, la palabra rutina es el enemigo que debemos combatir.

Por eso, no te transformes en esclavo del hábito de una marca o de un vino, no repitas los mismos trayectos de la casa al supermercado más cercano. Cambiá de nombres, arriesgate a vestir un blanco puro antes de un tinto fuerte, un rosado vivo para terminar, un espumante divertido con dos hielos robado al jueves por la tarde. Hablá de aquellos vinos que te emocionan a aquellos amargos rutinarios que no te conocen. Militá la promiscuidad con la comida que de maridajes ya te hablaron demasiado.

Pensá el nombre de aquel vino que te hace reír, o ese de la zona donde le diste el primer beso, regalale una etiqueta que combine con el color de sus ojos, besala con el sabor de aquellas frutas que caían del árbol del pecado en tu niñez

Ojalá que una copa de vino te cambie el ritmo del pulso, ojalá que una botella vacía te regale la palabra precisa, ojalá que el próximo vino te llene la mirada de vida, porque el vino no es más que eso, y a la vez es eso todo: vida.

Amigo, amiga, que el vino sea el lado poético de tu día, el secreto al oído de tu amante, que sea la bocanada de aire que infla tu pecho de alegría, la ráfaga en la vela que necesita el barco de tu vida. 

Amigo, amiga, buscá, descubrí, probá, revelate, recordá, jugá, mirá, olé, degustá, proyectá. Pensá un poco el vino, sentilo, porque la vida le cuenta sus secretos de belleza a aquellos que viven en estado de conciencia. Si seguís un poquito mis palabras, te juro que jamás morirás de vino…

Vinos para salir fuerte de la rutina

  • Damajuana de Adrover $ 100.-
  • Mistela de Crotta 2lt. $ 70.-
  • Cafayate Torrontés cosecha tardía de Etchart $ 35.-
  • Textual Ancelotta de Familia Zuccardi $ 85.-
  • Albariño de Las Perdices $ 110.- 


Muere lentamente
quien se transforma
en esclavo del hábito,
repitiendo
todos los días
los mismos trayectos.

Quien no cambia de marca,
no arriesga vestir
un color nuevo
y no le habla
a quien no conoce

Muere lentamente
quien hace
de la televisión su gurú.

Muere lentamente
quien evita una pasión,
quien prefiere
el negro sobre blanco
y los puntos sobre las “íes”
a un remolino de emociones,
justamente las que rescatan
el brillo de los ojos,
sonrisas de los bostezos,
corazones a los tropiezos
y sentimientos.

Muere lentamente
quien no voltea la mesa
cuando está infeliz
en el trabajo,
quien no arriesga
lo cierto por lo incierto
para ir detrás de un sueño,
quien no se permite
por lo menos una vez en la vida,
huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente
quién deja escapar un posible amor,
con tal de no hacer el esfuerzo
de hacer que éste crezca.
Muere lentamente
quien no viaja,
quien no lee,
quien no oye música,
quien no encuentra
gracia en si mismo.

Muere lentamente
quien destruye su amor propio,
quien no se deja ayudar.

Muere lentamente,
quien pasa los días quejándose
de su mala suerte
o de la lluvia incesante.

Muere lentamente,
quien abandonando
un proyecto
antes de empezarlo,
el que no pregunta
acerca de un asunto
que desconoce
o no responde
cuando le indagan
sobre algo que sabe.

Evitemos la muerte
en suaves cuotas,
recordando siempre
que estar vivo
exige un esfuerzo
mucho mayor
que el simple hecho
de respirar.

Solamente
la ardiente paciencia
hará que conquistemos
una espléndida felicidad.

Pablo Neruda (Ricardo Neftalí Reyes Basoalto)